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En
sintonía con Dios
No rotundo a la guerra
Por el padre Eugenio Hoyos
E-mail: fatherhoyos@utinet.net
El
mundo de hoy se encuentra cada vez más al borde de la guerra
entre Estados Unidos e Irak y esto pone nerviosa a la economía
y arriesga la paz universal. Unámonos en la oración
para que este conflicto armado no se produzca.
Recientemente participé en la marcha por la paz en Washington
y me llamó mucho la atención ver familias enteras
conscientes de que sólo a través de la paz y los diálogos
conseguimos la justicia y el bienestar de los hombres.
Todo lo que se diga o se haga por la paz es poco para el bienestar
que ella pueda generar. Primeramente, los grandes líderes
mundiales deben plantear la necesidad de la paz en el presente tiempo
donde los valores y en especial el valor de la vida ha sido suplantado
por el lucro abundante, inmoral y fácil.
Lo segundo, una muestra de la guerra con sus funestas consecuencias:
el dolor y las lágrimas que cubren los campos de la tierra.
Y agreguemos en tercer lugar lo que dicen las leyendas e historias
de la paz ideal que se vivió en tiempos lejanos, imposible
volver a ella, pero que es un ejemplo, un lenitivo de encantos y
recuerdos para la ensoñación de hombres sensibles
buenos en quienes aun no se han agotado las más nobles esperanzas.
El fin: la dignificación del hombre.
Esto justifica para mí los anhelos de sacrificios y campañas
en bien de los necesitados de la paz. Hay guerra porque el hombre
es bélico por naturaleza, viene al mundo a luchar contra
todo y contra todos. Viaja por el mundo con su mente de fusil.
La raíz de estos males está en la rivalidad de los
hombres por prevalecer los unos sobre los otros. Entonces la voluntad
de poder, el poder de la fuerza salvaje sobre la inteligencia y
la razón. Hay guerras por la desigualdad humana; tenemos
ricos y pobres, blancos y negros, sabios e ignorantes, introvertidos
y extravertidos, fuertes y débiles.
Siempre habrá lucha, pelea y guerra; desde Caín y
Abel hasta la consumación de los siglos. Mientras haya hombres
en la tierra, habrá maldad, dice el filósofo latino.
El hombre se hace inculpaciones, no está en paz ni consigo
mismo, destruye el hogar, calumnia al vecino, divide la sociedad,
bloquea las naciones. El egoísmo es universal: Yo me
llamo mío es cauce generatriz del caos, mas en su vértice
esta la excepción, el orden, pocas almas blancas que nacen
para el sumo amor y para detener al demonio de su peligrosa espada
de odio y de división.
¡Señor! Tenemos necesidad de paz y sabemos que la fin
ella será el firme cayado de San Francisco de Asís,
pastor y caballero de pacífica oración y trascendente,
en seguimiento de Cristo. Signo iluminante de la inteligencia del
hombre.
¡Piensa positivo, construye la paz y busca a Dios!
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