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Lágrimas
y abrazos a la hora de la partida
¿Cuándo
volverán a casa? Esa era ayer la pregunta del millón
en los pasillos de Comalapa
Pedro Rodríguez
Nacional
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
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| Héctor López besa la frente
de su abuela Martina, de 89 años, antes de volver al
trabajo en los Estados Unidos. Foto: EDH/Arturo
Silva |
Martina Bonilla, de 89 años y oriunda de La Unión,
trataba de contener el llanto cada vez que miraba detenidamente
a su nieto Héctor López.
Héctor, de 37 años, partió a los Estados Unidos
siendo adolescente.
Pese a que la comunicación vía teléfono siempre
la ha mantenido con la familia y las fotografías a color
han sido el mejor testigo de su estado físico, para los López
Héctor era el gran ausente.
En diciembre del año pasado tomó la decisión
de hacer uso de algunos ahorros para venir a disfrutar de las vacaciones
a su calurosa tierra de La Unión.
Su primera llegada al país, a los 20 años, fue más
que una sorpresa, no sólo para la familia López, sino
para los viejos amigos.
La abuela Martina repetía ayer en la sala del aeropuerto
que nunca se imaginó que Dios le diera vida para volver a
ver su nieto.
Lo veo y no lo creo. Es todo un hombre y muy fuerte,
decía entre sollozos.
Héctor le colocaba las manos en las mejillas y le besaba
la frente cuantas veces pudo hacerlo.
Faltando unos minutos para las 11:00 de la mañana, llegó
la hora cero. Por los altavoces, la operadora pidió a los
pasajeros con destino a Houston que pasaran a la sala de espera.
Los ojos de Martina se llenaron de lágrimas.
Héctor fue tomado del brazo por los demás familiares
para posar en la última fotografía de recuerdo.
Partida masiva
El retorno de centenares de compatriotas a los Estados Unidos, después
de pasar las vacaciones de Navidad y Año Nuevo, les resultó
un tanto más fácil por lo ligero del equipaje. En
el país quedaron el montón de regalos, unos días
en familia y la promesa de un pronto regreso.
Las lágrimas de alegría de hace unas semanas eran,
al momento de la partida, de tristeza. Niños y adultos, madres,
abuelas y esposas, todos se contagiaban por igual del mismo sentimiento.
Pero en el fondo también había alegría y los
recuerdos afloran con el último disparo de flash, el que
marca la despedida definitiva.
En el aire del aeropuerto de Comalapa queda la pregunta del millón.
Cuándo iba a volver a repetirse ese momento tan especial.
¿En agosto? ¿Quizás en Semana Santa? Todo dependerá
de las condiciones económicas.
Para Héctor también es un interrogante sin respuesta.
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