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Palabras
Tiempo hay para vivir, tiempo hay para amar

Carlos Balaguer
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Tiempo hay para la siembra. Quien no siembra el grano de su fe, no verá surgir la espiga de su esperanza. A las seis se levanta el labrador de los campos en busca de su sol, en busca de trigales, en busca de los horizontes.

Tiempo hay para amar. El tiempo importa menos que el amor. Aunque sin tiempo, ¿de qué sirve todo el tiempo del mundo sin el más mínimo amor?

Tiempo hay para la siembra. Quien no siembra el grano de su fe, no verá surgir la espiga de su esperanza. A las seis se levanta el labrador de los campos en busca de su sol, en busca de trigales, en busca de los horizontes.
Y hace tiempo para preñar la tierra, sudando sobre los oscuros surcos, sus lágrimas también le harán cosechar con alegría cuando sembró con lloro...

Tiempo hay para la oración. Tiempo hay para buscar el dios interior y al cósmico, tiempo hay para guardar silencio.

Porque el silencio dice más que el estruendo, como dice más una lengua cierta que una mentirosa; como dice más el hombre que ama que el que no.


Día a Día

No hay nada “puro” bajo el sol. Nunca se dio socialismo puro ni capitalismo puro. Bajo la brutal estatización agraria impuesta por Stalin en los años treinta, que mató de hambre a más de treinta millones de personas, un tres por ciento de la tierra siguió siendo cultivada independientemente. Y fue ese tres por ciento que producía en la Unión Soviética la mitad de la leche, más del sesenta por ciento de las legumbres, dos tercios de las aves de corral y así sucesivamente.

Lo más cerca que hubo de capitalismo puro, salvaje, sin compasión, etcétera, se dio en varias naciones: Estados Unidos en el Siglo XIX, Rusia en las décadas previas al derrocamiento de los Zares.

Japón después de la revolución Meiji y Hong Kong a la caída de China en el comunismo. Hablaremos de Hong Kong por ser el ejemplo más cercano en el tiempo, pero antes diremos que gracias a ese capitalismo salvaje, es que tanto Estados Unidos como Japón son las grandes potencias económicas de la actualidad y las que tienen los más altos niveles de vida.

Se puede ver, sentir, experimentar que el capitalismo es lo que con mayor celeridad resuelve las diferencias en los niveles de vida, el que logra en verdad erradicar la pobreza y la supuesta “marginación”.

 

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