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Opinando
Construir es patriótico; destruir no
Carlos Adalberto Fonseca*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com
Hay que asesorarse de la historia para no cometer los errores del
pasado, y tomar ejemplo de las políticas antiguas que siempre
ilustran
La propaganda demagógica está induciendo a obreros,
profesionales y empleados a cometer gravísimos errores en
contra de la economía nacional. Olvidando que ésta
apoya y sustenta el bienestar en general hasta del último
salvadoreño, y no sólo de unos cuantos.
El desorden, la falta de respeto a las leyes -por quienes sólo
exigen el acatamiento de ellas cuando creen que les conviene-; acusa
lo que Ortega y Gasset llama barbarie, y enfatiza diciendo: La
barbarie es ausencia de normas y de posible apelación.
Y que el más y el menos de cultura se mide por la mayor
o menor posesión de las normas.
De manera que ahora estamos teniendo en El Salvador un tipo
de hombre que no quiere dar razones ni quiere tener razón,
sino, sencillamente, se muestra resuelto a imponer sus opiniones.
He aquí lo nuevo: el derecho a no tener razón, la
razón de la sinrazón.
Este modo de actuar es el que dio al traste con los sistemas radicales
del ofertado paraíso materialista. O sea el engaño
de que hay que alcanzar el poder político, aunque se destruyan
las instituciones y se gobierne sobre cadáveres. Eso, y no
otra cosa, es lo que se está haciendo con el sinnúmero
de huelgas y los mal llamados paros laborales. Es inmenso el daño
que se está causando. La salud, la vida, se están
menospreciando, llevando a los más necesitados a sufrimientos
que en nada se justifican.
Aceptamos que el Gobierno pudiera estar cometiendo algunos errores,
pero lo que se debe hacer es darle soluciones, orientarle y apoyarle.
Mostrarle que no son suficientes las buenas intenciones y los grandes
proyectos para gobernar un país. Sin embargo, es importante
enfatizar: que únicamente el que no hace nada no se equivoca.
Por otra parte, es oportuno traer a cuenta las ideas de Roudhon,
para quien la libertad individual tiene la primacía
sobre toda forma de autoridad social. Y dice: Dictadura
de la industria, dictadura del comercio, dictadura del pensamiento,
dictadura en la vida social y la vida privada, dictadura por todas
partes; tal es el dogma que sobrevuela como nube sobre la utopía
marxista.
Hay que asesorarse de la historia para no cometer los errores del
pasado, y tomar ejemplo de las políticas antiguas que siempre
ilustran.
* Dr. en Derecho.
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