Turismo
 
Inicio del Sitio Viernes 3 de enero
 

 




CHAT
FOROS
CORREO
LA GUIA
CLASIFICADOS
EMPLEOS
TURISMO
ESPECIALES
EDICION MOVIL
ESCRIBANOS
CONOZCANOS


 
 

Tema para meditar
Manías

Edgar López Bertrand*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Cuando Jesús vivió en este mundo, dejó la norma propicia para seguir sus pisadas. Jesús dijo: “Sed pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre”

El sufijo manía, según su significado en griego, es pasión, extravagancia, «una preocupación arbitraria y extremada por algo singular». El maniático, en la llamada etimología popular, es el que se deja arrastrar por un capricho, porque la manía es una costumbre tiránica o un defecto por deficiencia formativa en el comportamiento habitual. Este sufijo, tanto en griego como en latín, se identifica como “locura parcial”.

El que sufre de este mal experimenta ilusiones y alucinaciones constantes. Llevada hasta la intensidad, la manía es un «período de brillante excitación, euforia, de entusiasmo, de exaltación y rapidez mental, seguido de depresión, tristeza, actividad nula, desaliento y desgano». Vale decir que el enfermo de este mal acaba por caer en una psicosis maníaco-depresiva. Las manías más frecuentes son:

Dipsomanía: psicosis o pasión que inclina al desorden por las bebidas alcohólicas. El dipsómano es un individuo enfermo. Su siquis no es normal. Se embriaga siempre «que lo acomete el acceso». Lo acosa una «sed ardiente» acompañada del deseo irresistible de beber algo excitante. Entonces, nada lo detiene, apela a todos los medios, aun a los vergonzosos o criminales. A todo recurre para procurarse la bebida.

Piromanía: impulsión al incendio. Se puede manifestar este impulso en cualquier individuo desequilibrado o en «individuos que pertenecen a las categorías inferiores de la generación mental». Hay pirómanos que son impulsivos inconscientes, es decir, que incendian sin motivo, «arrastrados por una impulsión irresistible». Otros proceden «bajo la influencia de un motivo fútil».

Cleptomanía: pasión morbosa e irresistible al hurto o robo. Los cleptómanos son «instintivos y semi imbéciles». Sus hurtos «enteramente automáticos» afligen al paciente y «cuando sucumbe, experimenta pesar y arrepentimiento».

Esto quiere decir que, aunque el agente actuante se resista a la odiosa propensión de hurtar o robar por impulso, en cualquier oportunidad vuelve a sus inclinaciones, no importa la posición económica que tenga, buena o mala.

Mitomanía: inclinación enfermiza o morbosa a las mentiras o fabulaciones. A los mitómanos no se les puede creer nada, porque sus declaraciones son contrarias a la verdad. En una de las comedias de Juan Ruiz de Alarcón, se aprecia la personalidad de don García, el protagonista, caballero apuesto y joven, de mucha hacienda, de brillante ingenio, pero con un terrible vicio: la mentira.

Por la mentira se mete en un sinnúmero de enredos, y hasta pierde a la joven que en realidad ama. Y cuando García dice la única verdad de su vida, nadie le cree, porque «en boca del que mentir acostumbra, es la verdad sospechosa».

Megalomanía: delirio de grandeza. «El cerebro enfermo» de quien la padece lo hace soñar o parecer que es descendiente de ilustres familias, millonario, una especie de profeta o superhombre; que posee altas relaciones sociales y prodigiosa inteligencia, poder influyente, altisonantes títulos, atracción física irresistible y méritos para ocupar altas posiciones y ser tenido en cuenta en las más distinguidas esferas. Son personas insoportables por la “locura” de la grandeza que presumen poseer.

Erotomanía: pasión o enajenación mental estimulada por el amor o las preocupaciones de orden genital. Los sexólogos sostienen que el erotómano se imagina que muchas personas del sexo opuesto están enamoradas de él, y sus manifestaciones se tornan exageradas.

Ninfomanía: un irrefrenable deseo sexual. Se la ha llamado también «hipersexualidad». Su característica está constituida por un apetito sexual voraz. Es una enfermedad que puede tener origen en causas físicas, mentales o psíquicas. La persona ninfómana es excesivamente lujuriosa. Busca alivio y no lo encuentra.

Son personas enfermas insaciables. Dicen, los médicos psiquiatras, que las causales físicas que exacerban el deseo sexual irrefrenable son la fiebre y las anormalidades glandulares. La mujer ninfómana, como lo fueron en la antigüedad romana Mesalina, esposa del emperador Claudio, y Agripina, madre de Nerón, «aunque el impulso sexual sea tan fuerte, propiamente no siente placer en el acto, porque no queda satisfecha nunca».

Aunque estas son las manías más conocidas, valdría la pena considerar otra de singular importancia: la calcomanía.

Imitadores de lo bueno. Si hemos de ejecutar una cosa a semejanza de otra, ¿por qué no somos imitadores de lo bueno? El apóstol San Juan, en una de sus epístolas, dejó impreso este consejo: “No imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios, pero el que hace lo malo no ha visto a Dios” (3 Jn. 11). Es cierto que nada es perfecto en este mundo, por eso conviene buscar más bien las virtudes de los seres humanos que sus vicios y sus manías depresivas. Aun los personajes que desfilan en las páginas de la Biblia cometieron errores, pero hay ciertos rasgos característicos que merecen ser recordados o imitados: Cuando Jesús vivió en este mundo, dejó la norma propicia para seguir sus pisadas. Jesús dijo: “Sed pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5: 48).
*Pastor.

 

  HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal