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Tomando la palabra
LA REFORMA... MUCHACHOS

Rafael E. Lorenzana*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Enfrentemos con decisión el proceso de reforma, con ampli-tud de criterio, aceptando y res-petando las responsabilidades

Saliendo de la clínica tras un agitado día de trabajo, con mi personal a la cola, doña Lupe, la líder de mis empleados, me dijo: “Mire, doctor, ya no pague el Seguro Social ni nos atienden... y por culpa de la huelga tenemos que pegar las grandes caminadas y llegar tarde al trabajo”. Rápidamente le respondí que no podía, porque era ilegal y sólo conseguiría una multa. A lo que, en coro, las demás empleadas dijeron que no era justo, pues ellas no reciben atención y sería mejor que pudieran ir a su médico sin pagar al Seguro.

Hablamos un poco de las ventajas del sistema solidario, sobre todo para partos y otras enfermedades complejas, como la que padece un familiar de Lupe, y aunque aceptaron ventajas, no les convence que con su dinero ni les den la atención por estar en huelga y menos las caminatas, unas desde Soyapango y otra desde Apopa.

Hablamos en ese entonces de que se quería evitar la privatización de la salud, que eso era importante y que se debía defender a capa y espada, sobre todo por la experiencia con las privatizaciones de la electricidad y la ANTEL, y que los médicos merecían nuestro apoyo, porque, de privatizarse, la plata se iría a los intermediarios, y lo que sufriría aún más sería la calidad de los servicios. Fue cuando Nancy, mi asistente, dijo: “Pero no es justo, cada dos años estamos en lo mismo, a uno le sale fregado estar pagando de choto”.

Me fui con la espinita, pensando en que en alguna parte de esa conversación había algo escondido, ya que tenían razón. Desde cuándo viene este estira y encoge con las molestias. Se hace cada desmadre y luego se dan las manos, se pagan salarios caídos y se promete cada cosa, para que a los dos años se arme otra vez la de San Quintín y a Juan Pueblo le toque pagar la factura. Pesándolo bien, la respuesta siempre ha estado ahí: la reforma... muchachos.

Realmente parece mentira que, cuando la gente expone sus ideas, su sabiduría es inequívoca, y muchos de los dirigentes no escuchan lo que es a veces tan evidente. Desde 1994 se viene hablando de la reforma al sector salud, propuestas van y propuestas vienen, seminarios, talleres, comisiones y hasta acuerdos, para que cada dos años estemos de nuevo en este problema.

Parecería sensato pensar que el Gobierno quisiera evitar estar en esta situación y sería su mejor interés el iniciar un serio proceso de implementación de la reforma y, por su parte, que los gremios de la salud también dejaran, de una vez por todas, su actitud prepotente y se embarcaran en un proceso de abierta concertación, en el entendido de ambas partes de que negociar no es hacer lo que yo quiero.

Impresiona negativamente cómo el interés económico, gremial y hasta ideológico, se coloca por encima de los intereses legítimos de un pueblo, que paga la factura y sólo se le usa como excusa, cacareando que todo se hace por él y la evidencia demuestra todo lo contrario.

La huelga inició por un legítimo sistema de control de entradas y salidas de los trabajadores de la salud, que el Seguro Social aplica con todo su derecho, y el Gobierno lo complicó con un plan de Reforma Previsional, del que pocos conocían su existencia y que, como resultado, la mayoría desechó.

Si realmente se quiere poner fin a este desperdicio de recursos y, sobre todo, se quiere proteger a la población, es hora de sentarse y comenzar el proceso de reforma, ya que existe acuerdo de todos los salvadoreños en que la salud está en crisis, tanto en el ISSS como en Salud Pública.

Al Estado le corresponde, por mandato constitucional, velar por la salud de los salvadoreños, no venderla; al personal de la salud, le corresponde cuidar de la salud de los salvadoreños, no enajenarla. De aceptar esta premisa, debemos negociar conscientes de nuestro rol y no pretender usurpar el del otro.

Al implementar la reforma, se debe pensar, ante todo, cómo mejorar la calidad y la calidez humana de la atención, ya que desde esa base se puede crear un sistema nacional de salud en que los usuarios sean decorosamente atendidos y, por esto, los médicos adecuadamente remunerados, estableciéndose, además, los mecanismos para la resolución civilizada de los conflictos, con participación de los legítimos usuarios.

Enfrentemos con decisión el proceso de reforma, con amplitud de criterio, aceptando y respetando las responsabilidades de cada uno de los asignados a la tarea, orientados a sentirnos orgullosos de nuestro sistema de salud, que evite ver en las calles a personal tan valioso, desperdiciándose en labores que en un país civilizado se arreglan en la mesa de diálogo.
La respuesta es evidente: la reforma... muchachos.
*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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