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PODEROSOS CONTRA DÉBILES

Julia Regina de Cardenal*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Seamos precavidos e inteligentes, antes de asegurar un disparate o una mentira cuya constante repetición la ha convertido en “verdad”

Hace unos días me invitaron a un programa de televisión para tratar el tema de la planificación familiar. A media entrevista pasaron una encuesta que habían hecho a diversas personas en la calle. Muchas de ellas tenían la opinión errónea que se ha difundido de que el “problema” de la supuesta “explosión demográfica” era la causa de la pobreza, para la cual se proponía como solución el control de la natalidad.

Los entrevistadores atacaban a la Iglesia Católica por oponerse a los métodos de control natal artificiales, pero no había un sacerdote para aclarar la posición de la Iglesia. Menos mal que, actualmente, la historia misma se ha encargado de aclarar que lo que ahora está causando desastres económicos en países desarrollados es la subpoblación, pues padecen, como población envejecida, problemas en la financiación de la seguridad social, ausencia de niños y jóvenes, pocas perspectivas de crecimiento, etc.

Se ha comprobado que las graves situaciones de pobreza no son consecuencia del exceso de población, sino del subdesarrollo político y educativo, y de una injusta situación económica nacional e internacional. Así lo demuestra el hecho de que el 20% más rico del planeta consume el 80% de la riqueza. El ingreso per cápita de un suizo es 600 veces superior al de un habitante de Mozambique. Según el informe “El desarrollo, prioridad de las Naciones Unidas”, de Inge Kaul, directora del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas-PNUD, las posibilidades de desarrollo existen sólo para los ricos, y la mayor parte del mundo no recibe nada. Hay países ricos que tienen un número de habitantes por km2 mucho mayor que países en vías de desarrollo: Suiza, con 168.29; Japón, 329.37; Dinamarca, 120.93; Mozambique, 20.57; Etiopía, 44.84, y Tanzania, 27.41. Los países desarrollados alcanzaron su progreso en momentos de expansión demográfica.

Durante décadas se ha asegurado que la población produce deterioro ecológico y agotamiento de recursos, cuando esto en realidad depende del nivel y estilo de vida. Es más, cada día se descubren técnicas nuevas para producir más, mejor, a menor costo, y con menor uso de recursos e impacto ambiental.

La propuesta de reducir la natalidad de los países del tercer mundo es absurda, pues éstos consumen menos, contaminan menos y tienen altísimas tasas de mortalidad. El Banco Mundial señaló que el producto bruto se quintuplicará entre 1990 y 2030 en los países en desarrollo, y en los industriales se triplicará. Los países ricos, con el 25% de la población, consumen el 75% de la energía y el 79% del combustible. Varios economistas, como Simon Kuznets, Julian Simon, entre otros, han señalado que al hacer las inversiones necesarias, la expansión demográfica es sumamente conveniente para asegurar el crecimiento en los países en vías de desarrollo, aumentando el mercado interno y distribuyendo mejor el gasto público. Por esto, mil profesores universitarios italianos declararon anticientíficos los presupuestos antinatalistas del proyecto de declaración final de la Conferencia de El Cairo (ASD Prensa, año X, edic. nž 367, agosto de 1994).

Según las proyecciones de la ONU, entre el momento actual y el año 2025, el 95% del aumento de la población mundial corresponderá a los países en desarrollo. Si en 1925 los países ricos tenían el 36% de la población mundial, en 2025 tendrán sólo el 16%. Entonces su preocupación no debería sorprendernos. Se puede hablar, en cierto sentido, de una guerra de los poderosos contra los débiles.

Debido al descenso de la natalidad en casi toda Europa, han tenido que recurrir a la aceptación de cuotas de inmigrantes turcos y africanos para poder cubrir los puestos de trabajo, por lo común no calificados, que iban quedando vacantes. El mantenimiento de ciertos servicios ha tenido que ser limitado. Mientras Europa se preocupa por la disminución de la natalidad, reparten anticonceptivos gratuitamente y promueven el aborto como “salud reproductiva” en nuestros países.

Organismos de la ONU, como la Organización Mundial de la Salud, financió el descubrimiento de la píldora abortiva RU 486, y la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación) promueve en sus textos de educación sexual la legitimidad de las “distintas formas de vivir la sexualidad”: heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad, entre otras, advirtiendo al docente dar absoluta libertad de elección al alumno, evitando cualquier alusión a bien o mal moral. Asimismo se suma la mentalidad racista y eugenésica que abunda en demógrafos como Margaret Sanger, fundadora de la Federación de Planificación Familiar, que decía que las poblaciones del tercer mundo son como “maleza humana”.

Seamos precavidos e inteligentes, antes de asegurar un disparate o una mentira cuya constante repetición la ha convertido en “verdad”. Informémonos sobre las pruebas contundentes que botan estas teorías, desenmascarando a quien está detrás de todo esto. No hay problema de explosión demográfica ni de superpoblación ni de agotamiento de recursos ni de deterioro ecológico. Sí hay problemas de extrema pobreza y de subdesarrollo para los cuales se proponen dos soluciones: eliminar a los pobres o invertir en su educación y salud. Ayudemos a que nuestro gobierno escoja siempre la correcta; la pobreza no se erradica matando a los pobres, sino educándolos y dándoles oportunidades para que puedan vivir dignamente.
*Columnista de El Diario de Hoy.

 

 

 

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