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Opinando
ONU desenmascara a Saddam

Armando Rivera Bolaños*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Si en realidad Saddam Hussein ama al pueblo iraquí, como lo pregona, que lo de-muestre evitándole el sufrimiento que podría causar un conflicto bélico

Después de ires y venires, de algunas declaraciones dubitativas y hasta el llegar a pedir un plazo de un año para investigar, sucedió lo que tenía que suceder más tarde o más temprano: ha sido el propio Hans Blix quien, como jefe de los inspectores de armas en Iraq, ha informado al mundo entero que sus equipos han encontrado, para comenzar, una docena de ojivas capaces de transportar armas químicas o biológicas.

Y agrega que, hasta este momento, el dictador de Iraq, Saddam Hussein, no ha dado muestras de buena voluntad en ayudar a los inspectores de la ONU para desvirtuar la sospecha de que aún oculta armas de destrucción masiva, escondidas en lugares que se niega a descubrir.
Por primera vez, desde que comenzaron las inspecciones de nuevo, el señor Blix ha llegado a una conclusión que sabíamos de sobra: Saddam miente, siempre ha mentido, sobre la enorme cantidad de armas que podrían causar mucho daño no sólo a las tropas combinadas de Estados Unidos y Gran Bretaña, sino alcanzar, con efectos devastadores, a naciones que el dictador iraquí considera hostiles, como Israel y Jordania. Incluso, podríamos hablar de riesgos para otras naciones como Turquía, Egipto, Yemen, Qatar y Arabia Saudita, que a pesar de ser naciones árabes no comulgan con el gobierno de Saddam.

Con el descubrimiento de estas ojivas, así como la fuerte prueba indiciaria de que Iraq oculta armas, con el agravante de que ha comprado armamento y desviado los fondos de ayuda humanitaria, vuelve el panorama mucho más tenso y peligroso que hace algunas semanas y hace mucho más probable que, con el aval del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, se declare una guerra contra el régimen de Iraq.

Por supuesto, no estamos de acuerdo con una guerra, que acarrearía muchos sufrimientos a quienes participen en ella. Esa guerra, que hoy nos parece inminente, aún tiene a su favor un cortísimo tiempo para que no suceda y ello sólo será posible si el dictador Saddam Hussein se decide a renunciar al poder que detenta y acepta la oferta de asilo que Rusia le ha prometido facilitar, lo mismo que a sus familiares y allegados de confianza.

Si en realidad Saddam Hussein ama al pueblo iraquí, como lo pregona, que lo demuestre evitándole el sufrimiento que podría causar un conflicto bélico. Y si le avergüenza dar ese paso trascendental en público, pues que delegue en don Aziz Tarik, su incondicional ministro, para que él sea quien anuncie a Iraq y al mundo la renuncia de Saddam. Tal vez ese gesto nos mueva a ser un tanto indulgentes con su criminal proceder.
* Psicólogo y Licenciado en Derecho

 

 

 

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