Turismo
 
Inicio del Sitio Jueves 23 de enero
 

 




CHAT
FOROS
CORREO
LA GUIA
CLASIFICADOS
EMPLEOS
TURISMO
ESPECIALES
EDICION MOVIL
ESCRIBANOS
CONOZCANOS


 
 

Entre castillos de fuego

Don José Miguel Hernández, de 68 años de edad, ha dedicado la mayor parte de su vida a la elaboración de artículos pirotécnicos, especialmente los llamados castillos de pólvora

José Osmín Monge
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com

Además de castillos, don José Miguel elabora toritos pintos y otros llamativos productos. Foto: EDH

Las fiestas patronales de nuestras poblaciones se caracterizan por su colorido y por el derroche de diversión y tradiciones. En los diferentes pueblos y ciudades se realizan alegres fiestas, actos litúrgicos y por supuesto las tradicionales alboradas, donde cohetes de vara, toritos pintos y otros artefactos pirotécnicos divierten a los pobladores.

En la mayoría de las festividades no pueden faltar los famosos castillos de pólvora, que no son más que estructuras de bambú y cartón que destellan luces multicolores.
En El Salvador son varias las localidades que se caracterizan por la elaboración de este tipo de castillos, entre ellos Apastepeque, en el departamento de San Vicente; Cojutepeque, en Cuscatlán; e Ilobasco, en el departamento de Cabañas.

En esta última población el trabajo de la pirotecnia artesanal languidece con el pasar de los años; a pesar de ello todavía hay personas que se dedican a esos menesteres, tal es el caso de don José Miguel Hernández, residente de la colonia San Luis.

Reconocido por muchos


Don José Miguel nació en la llamada ciudad del barro, y fue en ella donde aprendió a elaborar una gran variedad de fuegos artificiales.
“Tenía 15 años de edad cuando comencé a aprender este oficio. Fue en el taller de una tía donde me inicié”, manifiesta.
Desde el día que decidió entrar de aprendiz en esa fábrica no ha parado de elaborar fuegos de artificio.

Su buen trabajo, su experiencia, su responsabilidad y la calidad de sus productos lo han convertido en uno de los pirotécnicos más reconocidos, no sólo de su pueblo natal, sino también de todo El Salvador.
A lo largo de medio siglo, sus variados productos (entre ellos toritos pintos, cascadas de luces, girasoles…) han divertido a miles de personas. Su trabajo ha sido apreciado en poblaciones como Acajutla, San Sebastián, El Poy, Atiquizaya, y San Julián, entre otras.
“Gracias a Dios a la gente le gusta mi trabajo. Con mis castillos de pólvora he tenido la dicha de visitar muchos pueblos”, comenta con una amable sonrisa el señor Hernández.

Que siga la tradición


Los castillos de pólvora de don José Miguel son elaborados en un pequeño taller ubicado a un costado de su vivienda. En estas estructuras de bambú suelen lucirse los nombres o las imágenes de los santos patronos, o algunas figuras como flores, corazones, iglesias, etc.
Antes de crear el armazón, don José Miguel y sus jóvenes ayudantes preparan cada una de las luces que iluminarán los castillos, para ello emplean diferentes componentes químicos.
La elaboración de las luces tarda aproximadamente mes y medio. Para cada color se utiliza un químico diferente. Estas luces son colocadas minuciosamente en el armazón.
“Los castillos deben ser encargados con dos meses de anticipación, cada uno cuesta unos cinco mil colones”, expresa el experimentado pirotécnico.

Don José Miguel se siente orgulloso con el trabajo que realiza, sin embargo, está preocupado por la gran aceptación que últimamente han experimentado los productos pirotécnicos chinos.
“La gente prefiere la pólvora china que es muy bonita y cara, están dejando de lado los productos que elaboramos los salvadoreños”, manifiesta.
A pesar de ello, don José Miguel sigue trabajando en su pequeño taller. Gracias a su esfuerzo y a su dedicación esta colorida tradición se mantiene viva, tan viva como el color de las luces que engalanan los llamados castillos de fuego.

Trabajo peligroso

El trabajo que realiza don José Miguel no es tan fácil, como muchos piensan. La mala manipulación de los diferentes ingredientes químicos utilizados en la producción puede ser fatal; ella puede ocasionar lamentables accidentes.
- El señor Hernández no se ha escapado de esos accidentes. En dos ocasiones ha vivido en carne propia los peligros de este trabajo.
- El primer accidente le ocurrió hace ya varios años mientras fabricaba una bombas. Uno de estos artefactos estalló cercenándole dos dedos de su mano izquierda.
- El segundo percance sucedió mientras llenaba con pólvora unos carrizos. En esa oportunidad sufrió quemaduras en la mayor parte de su cuerpo.

 

 

  HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal