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Entre
castillos de fuego
Don
José Miguel Hernández, de 68 años de edad,
ha dedicado la mayor parte de su vida a la elaboración de
artículos pirotécnicos, especialmente los llamados
castillos de pólvora
José Osmín Monge
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
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| Además de castillos, don José
Miguel elabora toritos pintos y otros llamativos productos.
Foto: EDH |
Las fiestas patronales de nuestras poblaciones se caracterizan
por su colorido y por el derroche de diversión y tradiciones.
En los diferentes pueblos y ciudades se realizan alegres fiestas,
actos litúrgicos y por supuesto las tradicionales alboradas,
donde cohetes de vara, toritos pintos y otros artefactos pirotécnicos
divierten a los pobladores.
En la mayoría de las festividades no pueden faltar los famosos
castillos de pólvora, que no son más que estructuras
de bambú y cartón que destellan luces multicolores.
En El Salvador son varias las localidades que se caracterizan por
la elaboración de este tipo de castillos, entre ellos Apastepeque,
en el departamento de San Vicente; Cojutepeque, en Cuscatlán;
e Ilobasco, en el departamento de Cabañas.
En esta última población el trabajo de la pirotecnia
artesanal languidece con el pasar de los años; a pesar de
ello todavía hay personas que se dedican a esos menesteres,
tal es el caso de don José Miguel Hernández, residente
de la colonia San Luis.
Reconocido por muchos
Don José Miguel nació en la llamada ciudad del barro,
y fue en ella donde aprendió a elaborar una gran variedad
de fuegos artificiales.
Tenía 15 años de edad cuando comencé
a aprender este oficio. Fue en el taller de una tía donde
me inicié, manifiesta.
Desde el día que decidió entrar de aprendiz en esa
fábrica no ha parado de elaborar fuegos de artificio.
Su buen trabajo, su experiencia, su responsabilidad y la calidad
de sus productos lo han convertido en uno de los pirotécnicos
más reconocidos, no sólo de su pueblo natal, sino
también de todo El Salvador.
A lo largo de medio siglo, sus variados productos (entre ellos toritos
pintos, cascadas de luces, girasoles
) han divertido a miles
de personas. Su trabajo ha sido apreciado en poblaciones como Acajutla,
San Sebastián, El Poy, Atiquizaya, y San Julián, entre
otras.
Gracias a Dios a la gente le gusta mi trabajo. Con mis castillos
de pólvora he tenido la dicha de visitar muchos pueblos,
comenta con una amable sonrisa el señor Hernández.
Que siga la tradición
Los castillos de pólvora de don José Miguel son elaborados
en un pequeño taller ubicado a un costado de su vivienda.
En estas estructuras de bambú suelen lucirse los nombres
o las imágenes de los santos patronos, o algunas figuras
como flores, corazones, iglesias, etc.
Antes de crear el armazón, don José Miguel y sus jóvenes
ayudantes preparan cada una de las luces que iluminarán los
castillos, para ello emplean diferentes componentes químicos.
La elaboración de las luces tarda aproximadamente mes y medio.
Para cada color se utiliza un químico diferente. Estas luces
son colocadas minuciosamente en el armazón.
Los castillos deben ser encargados con dos meses de anticipación,
cada uno cuesta unos cinco mil colones, expresa el experimentado
pirotécnico.
Don José Miguel se siente orgulloso con el trabajo que realiza,
sin embargo, está preocupado por la gran aceptación
que últimamente han experimentado los productos pirotécnicos
chinos.
La gente prefiere la pólvora china que es muy bonita
y cara, están dejando de lado los productos que elaboramos
los salvadoreños, manifiesta.
A pesar de ello, don José Miguel sigue trabajando en su pequeño
taller. Gracias a su esfuerzo y a su dedicación esta colorida
tradición se mantiene viva, tan viva como el color de las
luces que engalanan los llamados castillos de fuego.
Trabajo peligroso
El trabajo que realiza don José Miguel no es tan fácil,
como muchos piensan. La mala manipulación de los diferentes
ingredientes químicos utilizados en la producción
puede ser fatal; ella puede ocasionar lamentables accidentes.
- El señor Hernández no se ha escapado de esos accidentes.
En dos ocasiones ha vivido en carne propia los peligros de este
trabajo.
- El primer accidente le ocurrió hace ya varios años
mientras fabricaba una bombas. Uno de estos artefactos estalló
cercenándole dos dedos de su mano izquierda.
- El segundo percance sucedió mientras llenaba con pólvora
unos carrizos. En esa oportunidad sufrió quemaduras en la
mayor parte de su cuerpo.
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