Turismo
 
Inicio del Sitio Jueves 23 de enero
 

 




CHAT
FOROS
CORREO
LA GUIA
CLASIFICADOS
EMPLEOS
TURISMO
ESPECIALES
EDICION MOVIL
ESCRIBANOS
CONOZCANOS


 
 

La pintura también llora

Walterio Iraheta inició en 1998 una nueva etapa en su carrera como artista de la plástica, la cual cierra con la exposición “El lado olvidado del corazón”

Alfonso Reyes
Escenarios
El Diario de Hoy
escenarios@elsalvador.com

Walter Iraheta pintor salvadoreño

“La extraña necesidad de volar” hacia un tiempo, ha sido el detonador de una muestra pictórica que comenzó a desarrollarse en 1998. Esas palabras, también encierran textualmente una de la piezas que componen la exposición itinerante de Walterio Iraheta: “El lado olvidado del corazón”.

En general, con esta exposición Walterio Iraheta cierra definitivamente una etapa de su carrera como artista plástico. Y este cierre con broche de oro, se ha dado en Tegucigalpa (en la Fundación para el Museo del Hombre Hondureño), en el Museo de Arte Moderno de Guatemala, Costa Rica, Nicaragua, y finalmente en El Salvador, en el Patronato Pro Patrimonio Cultural.

Pero en lo particular, cada elemento que compone la muestra ha sido más de una lágrima del artista. Walterio explica que el aspecto detonante para la creación de una serie (que tal cómo se indicó, inicia en 1998 y finaliza en el 2000) fue el fallecimiento de su abuela, Lidia Iraheta.
También sostuvo que no pudo expresarse a través del llanto, tras esa trágica eventualidad, sin embargo “aquí lloré todo lo que no pude llorar”, dice el artista mientras señala las paredes revestidas con sus lienzos.

Exposición del pintor salvadoreño Walter Iraheta, montada en el Patronato Pro Patrimonio, de San Salvador. Foto: EDH/Oscar Payés

Este momento dentro de sí, se convirtió en la concepción de una muestra (y con ello de un nuevo proceso artístico) que su valor conceptual estaría anclada en la nostalgia, y esa secuencia que dice “La extraña necesidad de volar”, tendría un sentido en el marco de la serie pictórica.

Es por ello…


Es por ello que hasta el más fino y pequeño elemento que constituye una obra, hace honor a la nostalgia y a esa pasión de vivir el tiempo anterior a estas épocas.
Walterio ha ensamblado desde piezas de metal, pequeñas rosas de tela, páginas de viejos libros (una de ellas con testimonio de 1921) hasta planchadores antiguos conjugado con telas quemadas, para crear su concepto.

Pero la idea fundamental está resguardada en fotografías de inicios del siglo pasado. La totalidad de las obras tiene un punto crucial que aparece en la fotografía, y con esto se comprende cada punto de la obra. “Esta es una muestra que evoca el pasado a través de la fotografía”, afirma el artista.

Walterio ha ensamblado desde piezas de metal, pequeñas rosas de tela, páginas de viejos libros (una de ellas con testimonio de 1921) hasta planchadores antiguos conjugado con telas quemadas, para crear su concepto. Foto: EDH/Oscar Payés

A la muestra se agregan otros elementos sustanciales, como íconos religiosos que describen al personaje y la intención que dio pie a la obra, Lidia Iraheta y la nostalgia.

Instalaciones

A las obras acompañan dos instalaciones que se atan al concepto. Una estas se compone de rosas marchitas que bajan del techo, mientras que en el piso yace café sobre filtros, que finalmente son sostenidos por viejas páginas de textos.

Mientras que la base es el piso, la otra de ellas es sostenida por un viejo planchador de metal, en el cual se han distribuido filtros de café y rosas secas, y del cielo bajan pequeñas bolsas de té.

Estas composiciones han viajado por el territorio centroamericano, y en unos meses estará en Casa de la Américas de La Habana, Cuba.

Mientras tanto, la exposición “El lado olvidado del corazón” se mantendrá abierta en el Patronato Pro Patrimonio Cultural hasta el 21 de febrero.

 

 

  HACIA ARRIBA


Derechos Reservados - El Diario de Hoy, El Salvador, C.A. - Aviso Legal
 
 


escribame escribame escribame