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La
pintura también llora
Walterio
Iraheta inició en 1998 una nueva etapa en su carrera como
artista de la plástica, la cual cierra con la exposición
El lado olvidado del corazón
Alfonso Reyes
Escenarios
El Diario de Hoy
escenarios@elsalvador.com
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Walter Iraheta pintor salvadoreño
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La extraña necesidad de volar hacia un tiempo,
ha sido el detonador de una muestra pictórica que comenzó
a desarrollarse en 1998. Esas palabras, también encierran
textualmente una de la piezas que componen la exposición
itinerante de Walterio Iraheta: El lado olvidado del corazón.
En general, con esta exposición Walterio Iraheta cierra definitivamente
una etapa de su carrera como artista plástico. Y este cierre
con broche de oro, se ha dado en Tegucigalpa (en la Fundación
para el Museo del Hombre Hondureño), en el Museo de Arte
Moderno de Guatemala, Costa Rica, Nicaragua, y finalmente en El
Salvador, en el Patronato Pro Patrimonio Cultural.
Pero en lo particular, cada elemento que compone la muestra ha sido
más de una lágrima del artista. Walterio explica que
el aspecto detonante para la creación de una serie (que tal
cómo se indicó, inicia en 1998 y finaliza en el 2000)
fue el fallecimiento de su abuela, Lidia Iraheta.
También sostuvo que no pudo expresarse a través del
llanto, tras esa trágica eventualidad, sin embargo aquí
lloré todo lo que no pude llorar, dice el artista mientras
señala las paredes revestidas con sus lienzos.
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| Exposición del pintor salvadoreño
Walter Iraheta, montada en el Patronato Pro Patrimonio, de San
Salvador. Foto: EDH/Oscar Payés |
Este momento dentro de sí, se convirtió en la concepción
de una muestra (y con ello de un nuevo proceso artístico)
que su valor conceptual estaría anclada en la nostalgia,
y esa secuencia que dice La extraña necesidad de volar,
tendría un sentido en el marco de la serie pictórica.
Es por ello
Es por ello que hasta el más fino y pequeño elemento
que constituye una obra, hace honor a la nostalgia y a esa pasión
de vivir el tiempo anterior a estas épocas.
Walterio ha ensamblado desde piezas de metal, pequeñas rosas
de tela, páginas de viejos libros (una de ellas con testimonio
de 1921) hasta planchadores antiguos conjugado con telas quemadas,
para crear su concepto.
Pero la idea fundamental está resguardada en fotografías
de inicios del siglo pasado. La totalidad de las obras tiene un
punto crucial que aparece en la fotografía, y con esto se
comprende cada punto de la obra. Esta es una muestra que evoca
el pasado a través de la fotografía, afirma
el artista.
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| Walterio ha ensamblado desde piezas de metal,
pequeñas rosas de tela, páginas de viejos libros
(una de ellas con testimonio de 1921) hasta planchadores antiguos
conjugado con telas quemadas, para crear su concepto. Foto:
EDH/Oscar Payés |
A la muestra se agregan otros elementos sustanciales, como íconos
religiosos que describen al personaje y la intención que
dio pie a la obra, Lidia Iraheta y la nostalgia.
Instalaciones
A las obras acompañan dos instalaciones que se atan al concepto.
Una estas se compone de rosas marchitas que bajan del techo, mientras
que en el piso yace café sobre filtros, que finalmente son
sostenidos por viejas páginas de textos.
Mientras que la base es el piso, la otra de ellas es sostenida por
un viejo planchador de metal, en el cual se han distribuido filtros
de café y rosas secas, y del cielo bajan pequeñas
bolsas de té.
Estas composiciones han viajado por el territorio centroamericano,
y en unos meses estará en Casa de la Américas de La
Habana, Cuba.
Mientras tanto, la exposición El lado olvidado del
corazón se mantendrá abierta en el Patronato
Pro Patrimonio Cultural hasta el 21 de febrero.
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