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Analizando
LA DERECHA: LA HORA DEL CAMBIO
Marvin Galeas*
e-mail: marvinn@integra.com.sv
Los
partidos liberales están con una gran ventaja para impulsar
el desarrollo sobre la base de la libertad económica
Federico Hernández Aguilar encarna, de alguna manera, los
cambios que se producen en ARENA. Los digo no sólo porque
representa una nueva generación en ese instituto político,
sino por las ideas y conceptos que ha expresado en entrevistas a
los medios de comunicación y por conversaciones de amigos
que en diferentes momentos hemos sostenido.
A Federico lo conocí hace algún tiempo, cuando andaba
entusiasmado montando un evento un poco raro para nuestro país,
tan acostumbrado a carnavales, verbenas y pachangas de todo tipo:
un festival internacional de poesía. Por unos días,
me decía Federico, San Salvador será la capital mundial
de la poesía.
Lo que más me sorprendió, hasta el punto de parecerme
un hallazgo nacional, es que este entusiasta organizador del festival
no era el clásico poeta de izquierda, bohemio, algo alcohólico
y radical. Un radicalismo, por cierto, que por lo general se limita
a la escritura de furibundos sonetos en solidaridad con la dictadura
cubana o a despotricar contra las clases dominantes
en humeantes charlas de bar.
Cuando de los temas literarios pasamos a conversar sobre política,
Federico me sorprendió por su pasión por los clásicos
del liberalismo, a quienes ha estudiado con rigor. Me sorprendió
porque no es muy común encontrar, insisto, a un poeta de
28 años, que en lugar de recitar las charadas (como dice
David Escobar Galindo) de Marta Harnecker, cite a Adam Smith o a
Von Hayek. Y que además se declare como un arenero de toda
la vida.
En una entrevista para EL DIARIO DE HOY, Federico me dijo que para
él ser liberal es, sobre todo, más que una filiación
política, una actitud ante la vida. De lo que se trata, me
dijo, es de confiar en las infinitas posibilidades del individuo
cuando vive en libertad. El concepto de libertad que comparto con
Federico no es la palabra hueca que invoca el populista en plaza
pública para enmascarar sus ambiciones totalitarias.
Es la libertad que permite al individuo llegar tan lejos en sus
propósitos, tanto como su capacidad de trabajo e imaginación
se lo permitan y cuyo único límite es el derecho de
los demás. Estamos hablando implícitamente de libertad
económica y de orden de derecho.
Las generaciones anteriores de areneros enfrentaron, desde su perspectiva,
la lucha contra el comunismo. Y lo hicieron desde una apuesta civil
contra un movimiento armado. A la consigna revolución
o muerte, venceremos, ARENA respondió con el
arma más poderosa del hombre libre es el voto. Es de
suponer que ARENA, que surgió desde las densas penumbras
del Frente Amplio Nacionalista, sufrió todo un proceso no
exento de tensiones y deserciones, para transformarse en un instituto
político, actuando en el marco de la legalidad.
Y, sin embargo, el discurso anticomunista, necesariamente cerril
y provocador (Patria sí, comunismo no; El Salvador
será la tumba donde los rojos terminarán), perdió
vigencia precisamente con el colapso del campo socialista y la firma
de los Acuerdos de Paz en el país. De allí la necesidad
de la transformación y evolución política de
la derecha y de ARENA en particular.
Haberse aferrado únicamente al anticomunismo sin haber reflexionado
y elaborado una visión integral y propositiva de país
hubiese llevado a ARENA a un profundo e irreversible desgaste. El
haber seleccionado a Francisco Flores hace ya casi cuatro años
como candidato a la presidencia, la forma de gobierno que ha impulsado
y la integración de una dirección partidaria con personas
de reconocida capacidad profesional y empresarial fueron quizá
las señales más claras sobre las transformaciones
que al interior de ARENA se estaban cocinando.
Esas transformaciones lógicamente tienen que trascender el
mero cambio de jugadores en la alineación y lo de la
nueva forma de hacer política. La transformación,
pienso, debe cobrar forma en una propuesta partidaria clara y realista
de cómo llevar al país en las próximas dos
o tres décadas a los umbrales del desarrollo. Ello implica
una reducción significativa de la pobreza y la erradicación
total de la pobreza extrema.
Los populistas, marxistas y demás suscriptores de la
agenda social no se cansarán en su errática
visión de mundo al proponernos que la felicidad eterna, completa
y total, vendrá hasta meter en cintura a los capitalistas,
repartir sus ganancias y colocar en el poder a vanguardias iluminadas
o líderes mesiánicos.
Ante el fracaso de esa idea, los partidos liberales están
con una gran ventaja para impulsar el desarrollo sobre la base de
la libertad económica, el orden de derecho, la inversión
en capital humano, en plantas y equipos, el estímulo del
capital nacional y en la atracción de inversión extranjera.
Es decir, elevando la productividad y equiparando las oportunidades
para todos.
Pienso que las políticas del actual gobierno nos colocan,
como país, en ese camino. Un camino por cierto lleno de retos
y dificultades. Tocará a los sucesores mantener el rumbo.
Contrario a lo que muchos afirman, no creo que las candidaturas
de personas como Julio Rank, Rolando Alvarenga, Federico Hernández
y Evelyn Jacir de Lovo estén provocando cambios en ARENA.
Me parece que más bien los cambios en ARENA han hecho posible
esas candidaturas.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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