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Comentando
La guerra inminente
Sergio Muñoz Bata*
E-mail: sergio.munoz@latimes.com
Ignorando
a la opinión pública mundial y aprovechando la ambigüedad
de la actitud de los norteamericanos hacia Irak, el presidente Bush
parece haber decidido embarcar al país en una guerra contra
ese país
De nada sirve que las encuestas indiquen que siete de cada diez
norteamericanos piensan que el presidente George W. Bush no ha presentado
evidencias sólidas que justifiquen embarcar al país
en una guerra contra Irak, pues la movilización militar norteamericana
continúa implacable. Y esto es así porque, desde la
perspectiva de la administración de Bush, nada impide que
siga con sus planes, después de todo, que la mayoría
de los norteamericanos no apoye al Presidente no significa que se
opone a la guerra.
Sí, es cierto que el movimiento pacifista empieza a salir
de su modorra en este país con grandes manifestaciones de
protesta en Washington, D.C., San Francisco y otras ciudades norteamericanas.
Pero también es cierto que todavía dista mucho de
convertirse en una fuerza pública masiva que obligue a la
administración de Bush a cambiar el curso.
Cerca de Los Ángeles, en Santa Mónica, la semana pasada
se abrió una exposición en la galería Track
16, en la que se exhiben carteles contra la guerra. Son 120 carteles
que muestran la violencia de los bombardeos norteamericanos contra
países de Asia, Centro y Sudamérica y África
en los últimos 50 años. Quizá el más
famoso sea aquel que muestra la imagen de un girasol con un letrero
que dice: La guerra no es saludable para los niños
ni para nada con vida.
En esencia, sin embargo, la oposición a la guerra en Estados
Unidos apenas empieza a gestarse en los campus universitarios, entre
el gremio de artistas e intelectuales, en los grupos de activistas
comunitarios y, con inusitada fuerza, entre los veteranos de guerra
mayores de 70 años.
Internacionalmente, el rechazo a la guerra es mayor. Los gobiernos
de China, Rusia, Alemania, Chile y México, seis países
miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, coinciden
con el ministro de Relaciones Exteriores de Francia, Dominique De
Villepin, quien ha dicho que en este momento no hay nada que
justifique una intervención militar.
Las manifestaciones populares de protesta en capitales y ciudades
alrededor del mundo muestran el acuerdo básico entre gobernantes
y gobernados, pidiendo la solución pacífica del inminente
conflicto. El Papa Juan Pablo II también se ha unido al clamor
de paz.
Nada de esto, sin embargo, impresiona al presidente Bush y a su
grupo de asesores, quienes, ante la inminencia del informe de Blix
y quizá sintiendo que la oposición a la guerra empieza
a crecer en el país, han lanzado una campaña para
convencer a la opinión pública nacional e internacional
de que Irak ha incumplido con las resoluciones de la ONU.
El lunes de la próxima semana, el informe de los inspectores
de armas que presentará Hans Blix ante el Consejo de Seguridad
tendrá dos interpretaciones. Para los miembros del Consejo,
como ha señalado el canciller chino Tang Jiaxuan, la entrega
del reporte, más que un fin, es el comienzo de un trabajo
de inspección que tomará más tiempo.
Otra será la postura de Bush. El martes, el Presidente norteamericano
aprovechará su informe a la nación para argumentar
que el reporte de Blix documenta el incumplimiento de Hussein y
pedir el apoyo de los norteamericanos en su cruzada contra el miembro
principal del llamado Eje del mal. Ya basta de espera,
dirá Bush, ha llegado el momento de actuar.
La apuesta de Bush parece ser que la invasión y el derrocamiento
de Hussein será cuestión de días. ¿Y
después? Eso sí quién sabe. Hace más
de cinco años que terminó la guerra en Bosnia y el
país sigue sumido en la inestabilidad. Hace un año
que el Talibán fue expulsado de Afganistán y, aunque
ya funciona un gobierno infinitamente más razonable, sigue
siendo un misterio cuándo podrán abandonar el país
las fuerzas especiales norteamericanas. Pero esto, a Bush no parece
importarle mucho, lo que le importa es terminar la labor que su
padre dejó inconclusa y asegurarse de que a Estados Unidos
no le falte el petróleo de Irak.
*Miembro del consejo editorial de Los Angeles Times.
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