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La
nota del día
Crimen y fanatismo no son ideologías
Debe separarse el sentimiento religioso y la fe, de los fanatismos:
nadie habla de los terroristas chechenios como musulmanes devotos
Los acuerdos de paz y el discurso político han
popularizado la expresión diferencias ideológicas,
con lo que en ocasiones se pretende justificar las más extremas
conductas y posturas. Nadie menciona diferencias ideológicas
al tomar distancia de mareros, referirse a contrabandistas
o hablar del crimen organizado, pero que un sujeto proponga darle
fuego a San Salvador o propine palos a un enfermo, se considera
por muchos como una muy válida diferencia ideológica.
Bien sabemos, empero, que no son ideologías las
que mueven a sectas satánicas, grupos que organizan secuestros
o bandas que dinamitan maquinaria de construcción. Una ideología
es algo radicalmente distinto de actos delincuenciales, pues de
lo contrario habría que referirse a la ideología de
los violadores, o a las tendencias intelectuales de los pandilleros
deportados de Estados Unidos.
En las sociedades civilizadas existen enormes diferencias de opinión
sobre los más dispares temas. La gente se divide o se complementa
al hablar sobre modas, estrategias económicas, leyes, movimientos
políticos y deportes. Lo ideológico surge
cuando de los hechos puntuales se pasa a consideraciones generales;
uno puede hablar sobre equipos escolares y encontrarse luego discutiendo
respecto al deporte como un esquema para formar jóvenes.
Lo ideológico surge cuando se examinan y organizan ideas.
Las ideas tienen por fuerza que articularse en un esquema de pensamiento
y enmarcarse en lo lógico y lo moral para valer como ideología,
versus ser conducta estrafalaria, locura, fanatismo o el actuar
de criminales. Tal cosa separa el sentimiento religioso y la fe,
de los fanatismos: nadie habla de los terroristas chechenios como
musulmanes devotos.
A la humanidad le tomó millones de años construir
sociedades fundamentadas en la razón, la moral y lo que es
su fruto, el Orden de Derecho y la democracia política. Han
transcurrido dos milenios y medio desde el descubrimiento del logos
por los griegos clásicos, hasta el surgimiento de naciones
basadas en sistemas de justicia que dan protección a las
libertades individuales y colectivas. La ley del más fuerte
ha cedido ante los tribunales y los parlamentos.
Razón y moral contra violencia organizada
No es posible descubrir una nueva moral o inventar justicias distintas
de lo que es la gloria de las sociedades democráticas contemporáneas.
El derecho se ha ido perfeccionando desde los esquemas que rigieron
las tribus y que luego se transformaron en los sistemas de justicia
de las primeras ciudades y civilizaciones. Hay mucho que separa
las nociones de justicia de los babilonios de hace cuatro mil años,
de la legislación actual, pero también en ambas se
encuentra la misma fuente moral, de no querer para otros lo que
no se quiere para uno.
Es evidente que sólo es admisible como ideología lo
que encaja con la razón, los principios morales y las normas
jurídicas. Instintivamente el hombre civilizado rechaza lo
que cae en lo aberrante, lo criminal y lo perverso. Sin hacer el
menor análisis cualquier transeúnte sabe que el actuar
de maras en las calles de una ciudad, la venta de droga,
la violencia contra personas indefensas y los actos de fuerza, son
conductas contrarias al orden civilizado, que además lo ponen
en grave peligro.
Lo que debemos comprender es que bajo el disfraz de diferencias
ideológicas se está dando cabida en nuestras
sociedades a lo inmoral, a la delincuencia organizada y a la locura,
como sucedió con los nacional socialistas de Hitler.
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