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Rizos
y enredos de juventud
¡Todo perdido!
Por Keneth Menjívar
E-mail: kenethmenjivar@hotmail.com
Hace
varios años, cuando la antigua civilización china
quería protegerse de los ataques de las diversas hordas de
bárbaros, decidieron construir una gran muralla.
Sería tan alta que nadie la podría subir y tan compacta
que ningún ejercito podría derribarla. Una vez finalizada
su majestuosa obra, se sentaron a descansar y a disfrutar de tiempos
de paz.
Sin embargo, durante los primeros 100 años de la existencia
de la gran muralla, los chinos fueron invadidos y derrotados tres
veces.
Ninguna de esas veces, las hordas bárbaricas tuvieron que
escalar o derribar partes de la muralla. Simplemente sobornaron
a los guardias y éstos ¡les permitieron la entrada
a su territorio!
Un error demasiado caro
Los chinos estaban tan preocupados construyendo la gran muralla
que se olvidaron de enseñar integridad a sus hijos.
Parece ser, que aquí en nuestro país tenemos ratos
de estar metiendo la pata al igual que los chinos de la antigüedad.
Nos preocupa muchísimo cómo defendernos ante las grandes
potencias que llevan un protagonismo indiscutible en un mundo globalizado.
Nos quita el sueño saber quien será el futuro alcalde
de la ciudad y qué representatividad tendrá el partido
político de nuestra preferencia en la asamblea, pero a casi
nadie le importa cómo institucionalizar nuevos valores y
cómo construir integridad en las nuevas generaciones.
Cualquier cosa se puede perder, pero como cita Bobb Biehl en su
libro Incrementando su habilidad de liderazgo: Riqueza
perdida es nada perdido; salud perdida, es algo perdido; pero cuando
se pierde la integridad, todo esta perdido.
Tras los pasos de Daniel
Es un error muy caro invertir toda la energía, esfuerzo y
juventud en construir una imagen, en vez de construir integridad.
La Biblia narra la historia acerca de un hombre que tenía
un puesto muy alto en el gabinete de gobierno del rey Darío
de Babilonia. Su nombre era Daniel.
Muchos lo envidiaban y por eso empezaron a buscar algún
motivo para acusar a Daniel de malos manejos en los negocios del
reino... pero no encontraron de qué acusarlo porque, lejos
de ser corrupto, Daniel era íntegro (Daniel 6:4)
Todos aquellos que desearon el mal a Daniel, terminaron siendo condenados
a muerte, pero Daniel siguió prosperando durante los
reinados de Darío y de Ciro el Persa (Daniel 6:28)
Construye integridad en tu vida y tus logros estarán cimentados
sobre un fundamento sólido que nunca se derrumbará.
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