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Los huérfanos del VIH/Sida
Los cálculos del Programa Nacional de VIH/Sida indican
que existen unos mil niños que se han quedado sin padres
en El Salvador por el Sida. El Hospital Bloom atiende a casi 200
pequeño, de los que 75 están en tratamiento. Mientra
que otros 90 esperan una confirmación de su enfermedad.
| El Milagro |
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Los antirretrovirales |
| Una herencia poco deseada |
Se puede vivir con el VIH/Sida |
A
los pocos días de nacido, su madre lo regaló en
una iglesia. No fue por falta de amor, sino exceso de este sentimiento
el que llevó a una joven madre con Sida a depositar su
hijo en los brazos de una desconocida.
La mujer se dio cuenta, semanas atrás, de que padecía
la enfermedad en un avanzado estado. Lo que no sabía
era que también su hijo heredó el virus.
El embarazo sólo logró deteriorar su salud y el
parto casi la aniquiló. Por sus antecedentes de drogadicción
no fue candidata para los medicamentos antirretrovirales, pero
tampoco sabía los beneficios que le podrían ocasionar
al bebé.
Sin dudarlo, Andrea aceptó al niño, que aún
no tenía nombre; sin embargo, sentía un poco de
miedo por las repercusiónes legales que podía
implicar.
El pequeño llenó el vacío de una madre
que había perdido a su hija hace un año, cuando
fue víctima del dengue. La progenitora del bebé
le dijo que le permitiera seguir viéndolo mientras ella
pudiera, pero que no le diera su dirección.
De esta forma acordaron reunirse en esa iglesia, en el centro
de San Salvador, los viernes por la tarde.
Andrea insistió en que se pusiera en tratamiento médico
para mejorar su salud. El exceso de tos que a veces no le permitía
hablar, indicaban una posible tuberculosis. Le dije que
la acompañaría al hospital para que le dieran
medicina, pero se negó, explicó Andrea.
Al parecer estaba cansada de sufrir y encontraba en la muerte
un descanso.
Desde hace algunas semanas ya no viene, comentó
la nueva mamá del niño, que ahora se llama Carlos
y recibe el tratamiento para la enfermedad. Su mejoría
ha sido notable.
De la madre biológica no se conoce el nombre. Quienes
llegan a la iglesia le indicaron los lugares que frecuentaba.
Fue así como Andrea anduvo por parques y callejones en
busca de ella. En una comunidad marginal le dijeron que había
muerto.
El lugar donde la sepultaron ni siquiera tiene cruz. La colecta
entre lo vecinos no alcanzó para comprarla. |
A
sus diez años, Alvaro es un niño normal, aunque
tenga VIH/Sida. Las terapias antirretroviral, que recibe a desde
los tres años, han logrado que no desarrolle complicaciones.
Desafortunadamente, su familia no tuvieron tanta suerte. Sus
padres y su hermana no tuvieron esa oportunidad y fueron víctimas
de una enfermedad cruel y despiadada que no conoce la diferencia
entre niños y adultos.
Ahora vive con Esperanza, su tía materna, a quien le
llama mamá y con su hermano mayor, que es
el único de la familia que no tiene el virus. Su padre
murió en septiembre de 1996.
Su hoja de defunción explicaba que la causa de la muerte
fue un paro cardiorespiratorio. También se agregaba en
el documento que dio positivo a la prueba de Sida. Desde ese
momento, su familia fue sometida a las pruebas para detectar
el virus.
Sólo uno se salvó de la respuesta positiva. Por
los niños se podía hacer algo, pero la madre ya
presentaba un cuadro clínico muy complicado.
Se veía desmejorada, explicó su hermana,
quien cuida los tres pequeños. Al poco tiempo, ella murió.
Los niños pasaron a vivir con ella, lo cual nunca fue
una carga, pese a su enfermedad.
Por el contrario, lo consideró un regalo divino.
Esperanza había pasado 17 años junto a su esposo,
pero no logró tener hijos. Nadie pensó que a sus
59 años se convertiría en madre de tres niños.
Lamentablemente, la niña no logró sobrevivir a
las continuas diarreas y vómitos. Murió un 2 de
enero, cuando aún no se había retirado el árbol
de navidad y en su lugar se colocó el ataúd.
Tiempo después murió el esposo de Esperanza, pero
no víctima del Sida, sino de otra enfermedad.
Desde entonces, su vida se ha venido abajo debido a sus necesidades
económicas. Su esposo era quien aportaba el dinero y
ahora ella está sola y con tres niños que mantener.
Ellos son responsables y tratan de ayudarme y así
vamos saliendo, explicó la madre adoptiva. Por
fortuna, la cadena de transmisión terminó ahí.
Mi niño no morirá por esta enfermedad, que
se llevó a mi familia, recalcó.
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Otra oportunidad
Encontró
respuesta a las súplicas que cada día hacía
en la iglesia. Su nueva razón para vivir se llama Carlos
y tiene VIH/Sida, lo cual no le importa, pues considera que
Dios no le devolvió un hijo para luego quitárselo.
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Una vida normal
Desde su
perspectiva, Alvaro disfruta cada momento de su vida. El es
un alumno ejemplar y dedicado. No recuerda a su madre, pero
si a su hermana. Tampoco conoce el significado de su enfermedad,
aunque sabe que debe mejorar sus defensas.
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Álvaro
ha sobrevivido a la discriminación porque no conocen
su enfermedad.
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