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Soñando
despierto
Romance, ritmo, derrota y mezclas
Si
todas las décadas tuvieran nombre en materia musical, yo
le pondría las del Romance y el Ritmo a las de los 50 y 60;
las de la Esperanza y el amor a la del 70; la de la Derrota y la
Incertidumbre a los 80 y la de la mezcla de todo a los 90 y la actualidad.
Pero es mi apreciación muy personal.
Los 50 y 60 se distinguieron por las baladas, los ritmos caribeños
como el mambo y el cha cha cha, pero también por el rock
and roll, el twist, el go go y otros, que casi caricaturizaban situaciones
de la vida. El cine de entonces apelaba a los valores, al amor y
a la heroicidad.
Le llamo la década de la Esperanza a los 70 porque se caracterizó
por promover los mensajes en la música en español.
Es así como cobran realce grupos como Mocedades con El
Vendedor, Marinero de Agua Dulce o Canta,
charango, La Viajerita, o solistas como Massiel
con Rosas en el Mar y La, la, la y Nino
Bravo con América.
En esos años, el ahora famoso cantante salvadoreño
Álvaro Torres incursiona en la farándula con una composición
de gran contenido humano, Soy, yo soy, que describe
al hombre común, sin ataduras, amigo de todos y con confianza
en sí mismo.
Roberto Carlos impactó con La Montaña
y El Progreso, Antonio Marcos con El Hombre de
Nazareth y José Luis Perales con Si quieres encontrarme
o Compraré. Willkins, de Puerto Rico, lanzó
su clásica Cómo no creer en Dios. No se
quedó atrás Alberto Cortez, entonces bautizado como
La Voz de la Amistad, que golpeó las conciencias
con Si la montaña no viene a mí, Dime,
ave caída o Miguitas de ternura, No
soy de aquí ni soy de allá, El abuelo
y Manolo, Juan Golondrina y Castillos
en el aire. Juan Bau movía corazones con Fantasía,
Podré volver a ti y La Estrella de David,
al igual que Nino Bravo con La Puerta del Amor, Noelia
y Mi gran amor.
Conjuntos salvadoreños como Los Vikings y San Miguel lanzaron
también canciones como Era un muchacho triste,
El bardo y El amigo que perdí. En
los 70 surge la salsa y muchas de sus letras llevaban mensajes,
algunos de ellos de protesta, como Plástico y
Tiburón, de Willie Colón y Rubén
Blades. (Continuará)
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