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Palabras
El
hombre de barro
Él
mismo, siendo de barro, hizo de barro a sus pueblos, sus templos,
casas y ciudades.
También hizo de barro sus vasijas, sus flautas, sus muros,
sus dioses...
Se alimentaba de frutos y legumbres que eran tierra transformada.
Porque la materia no se destruye, según la ley natural, sino
sólo se transforma. Si bebía leche, ésta era
tierra transmutada porque la vaca comió yerba para producir
la leche, y la yerba era tierra transformada. Si comía al
ciervo, éste era tierra trastocada, porque se alimentaba
del verdor del monte que era tierra misma.
El profeta del Génesis intenta decir en lenguaje simbólico
con significado oculto que el hombre fue hecho de polvo por
el divino alfarero y que por tal razón habría de regresar
al polvo al final de sus días.
Tierra eres y a ella volverás. De hecho, cuando
la carne y los huesos se disipan en el suelo, se convierten en polvo.
Aunque polvo enamorado, como dijo el poeta.
Polvo glorioso, donde quedan los pasos fugaces de esa extraña
y sublime esculturilla de barro llamada hombre que a veces ríe,
otras sueña, llora o al final regresa al suelo.
Las vasijas regresan a la tierra porque tierra son. Los muros de
barro también caen en el anchuroso estrépito de los
años. La virtud, la juventud se vuelven polvo. También
la rosa de la vida. Y los dioses de barro también se desploman
de sus pedestales y vuelven a ser lodo o polvo enamorado como el
corazón del poeta que hizo sus sueños y sus versos
del mismo barro de la tierra.
Día a día
El distanciamiento y con frecuencia la hostilidad entre la
academia y los sectores de trabajo perjudica a ambas partes,
pero primordialmente a los estudiantes, egresados y docentes de
las universidades.
Las actitudes y falsas nociones que tienen tantos estudiantes y
graduados de las universidades sobre lo que es el capitalismo contemporáneo
son producto de lavados de cerebro a los que les someten sus mentores.
Una consecuencia es que muchos egresados sólo con dificultad
logran conseguir empleos de calidad, pues las universidades de donde
salen no conocen ni los requerimientos ni la clase de saber que
se aplica en el mundo de la producción.
De unas cuantas universidades egresan jóvenes con empleo.
De las universidades indoctrinadoras salen impreparados que con
dificultad encuentran trabajo.
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