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La Merced lleva alegría e ilusión a penitenciarías

Mejicanos. Los reos tuvieron la oportunidad de festejar junto a sus familiares y amigos.


El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com

Cárcel de mujeres. Las reclusas la pasan bien, aún sin un caballero que las invite a bailar. Foto: EDH/Lissette Monterrosa

La regla general era unirse a la fiesta, sin importar el sector al que pertenecían, el delito o el tipo de condena. Lo que normalmente podría ser considerado un castigo, ayer se convirtió en motivo de celebración, un día para salir de la rutina y celebrar su calidad de internos.

En el penal La Esperanza, desde el más reciente hasta el más antiguo, desde el que robó una gallina hasta el delincuente más peligroso se confundieron entre la avalancha de gente. Incluso la rivalidad entre pandilleros quedó olvidada. Todo con el mismo fin: celebrar el Día de la Virgen de la Merced, patrona de los privados de libertad.

“Es una manera de fortalecer el espíritu, de levantarles el ánimo y la moral a los internos. Buscamos que la pena sea menos dura para ellos“, resumió el director de Mariona, José Antonio Guzmán.

Evy y su hija Magalli se levantaron temprano para acompañar a su esposo y padre, Edwin González, quien se encuentra recluido desde hace cinco años en Mariona.

También, en el Centro de Readaptación para Mujeres de Ilopango, aunque sin visitas, las reclusas recibieron serenata. “Se olvida un poco de los problemas que una tiene”, apuntó Yanet Marlene Ramírez, quien se encuentra en calidad de procesada (en espera de una sentencia).

“A veces me visitan mis familiares y me cuentan que mis otros dos hijos están pasando hambre y una aquí adentro sin poder ayudar”, se lamentó Ramírez, con su hija Angie de dos meses en brazos.

“Me siento bien con ella, el tiempo pasa más rápido en su compañía”, comentó Jéssica Delgado, refiriéndose a su hija de 10 meses, mientras ambas reventaban una piñata.

El ambiente en el sector materno infantil, área en que las internas pueden vivir con sus hijos hasta que éstos cumplen los 5 años, se extendió a todo el reclusorio.

“La vida aquí no es nada fácil“, admitió Ángel Rico Valencia, de 38 años, un interno de Mariona y devoto católico. “Aquí la única esperanza que tenemos es el amor de la Virgen y de nuestro Señor. Este ha sido un día sin igual”, señaló.

Mariachis, piñatas, eventos litúrgicos, e incluso una fiesta bailable con el cantante Pepe Reyes, se alternaron para ser el agrado y deleite de todos los presentes en la celebración.

 

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