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La nota del día
Esplendor y democracia


Al finalizar la época de Franco, fuerzas que por décadas languidecieron cobraron un inusitado vigor, lo que de inmediato se refleja en la economía, las artes, la renovación urbana, la enseñanza, las profesiones.

El creciente esplendor cultural de España surge a partir de la democratización, obligado epílogo del franquismo, lo que se refleja en artes, ciencias, economía, instituciones y la vida diaria. Estamos frente a una nueva edad de oro, la de Juan Carlos, que ya ejerce profundas influencias en Europa y el resto del mundo.

En España hubo dictadura, pero una variante relativamente tolerable en comparación a los espantosos despotismos de Europa del Este. En esos años de dictadura, nadie pretendió regimentar la producción artística, con excepción de lo publicado en periódicos y libros. Sin embargo los escritores encontraban formas de criticar y debatir sin provocar choques frontales con el régimen. Es de enorme significado que al producirse la transición, cuidadosamente preparada por el mismo Franco, no se juzgó a nadie por crímenes contra la población, ni siquiera a los genocidas comunistas que perpetraron grandes matanzas, como la de Paracuellos.

Al finalizar la época de Franco, fuerzas que por décadas languidecieron cobraron un inusitado vigor, lo que de inmediato se refleja en la economía, las artes, la renovación urbana, la enseñanza, las profesiones y todos los aspectos imaginables del quehacer social. Como ocurre en esos momentos luminosos de la historia, hay una fertilización cruzada entre los más diversos grupos humanos, lo que imprime mayor velocidad y profundidad a la evolución creadora.

Lo que hablamos ayer sobre la sobresaliente cocina española de la actualidad, sirve de ejemplo para ilustrar lo que sucede en el resto de manifestaciones culturales. Los grandes chefs, como es natural, parten de una muy rica, admirada y asentada tradición culinaria, que a su vez se basa en la excelente calidad de los productos de la campiña y la costa española. Los frutos del campo, del huerto y del mar son el ingrediente primario de los tradicionales platos y de lo que se ha ido desarrollando e inventando. Inclusive los vinos españoles han superado las de por sí excelentes calidades tradicionales y compiten en un plan de igualdad con lo mejor de Francia y de Italia.

El desarrollo en gastronomía tiene dos vertientes: la primera, refinar los platos de siempre, perfeccionando recetas, el tratamiento de los materiales y la presentación. La segunda, innovar, explorar nuevas formulaciones, usar viejos ingredientes de manera inusitada, buscar nuevas texturas y sabores.

La libertad es la gran innovadora

Pero eso mismo ocurre con la moda, la pintura, la gestión empresarial, la medicina. Se recorren viejos caminos en busca de posibilidades que en un momento no se desarrollaron, de la misma forma en que se da rienda suelta a la imaginación. Al final, lo que gana la carrera es una combinación de ideas, intuiciones, valor, paciencia y mucha técnica. Si la especialidad de la casa son “carnes”, no hay mucho por innovar, pero sí lo habrá cuando lo importante sea encontrar nuevos deleites. 

De vez en cuando nosotros del tercer mundo debemos examinar un aparato de uso común, como digamos un celular, y maravillarnos del extraordinario conjunto de componentes y funciones que encierra. Hay plásticos fortísimos, transmisores y receptores, microparlantes, antenas, pantallas líquidas, baterías, circuitos integrados y mil cosas más, que sólo un complejo industrial es capaz de producir. En todo se descubre a los innovadores.

 

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