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Coheteros,
con poca mecha
Ciudad
Delgado. Las nuevas normativas de seguridad preocupan a los fabricadores
de cohetes. Ley les exige pago de matrícula y ubicación
fuera de las ciudades
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| Mayor control. Las coheterías, ubicadas
en zonas habitacionales, tendrían que trasladarse a lugares
apartados de la ciudad. Foto: EDH/Jorge
Reyes |
Este no es un año para lanzar cohetes. Ni tan siquiera para
los comerciantes de productos pirotécnicos, quienes desde
enero se deben someter a las nuevas regulaciones para trabajar en
sus negocios.
La notificación les cayó como baldazo de agua
fría. Entre las nuevas exigencias de la normativa están
abandonar las zonas residenciales y buscar terrenos amplios fuera
de la ciudad.
Los propietarios de talleres de productos pirotécnicos estarían
de acuerdo en salir de las zonas habitacionales, pero necesitan
el apoyo de las instituciones del gobierno.
Con el documento en sus manos, doña Sonia Elena Palacios,
propietaria de la cohetería Centauro, ve incierto el futuro
de su pequeño taller que lleva 15 años de funcionar
en Ciudad Delgado. En este municipio hay unos 160 negocios similares.
La comisión sólo hará cumplir la ley.
La ayuda tendría que ser de otras instituciones, afirmó
Palacios acerca de las nuevas disposiciones basadas en la reforma
a la Ley de Control y Regulación de Armas, Explosivos
y Artículos Similares, aprobada la Asamblea Legislativa
en octubre pasado.
Para los comerciantes, el reglamento tiene muchos vacíos
y no se adapta a la realidad del país.
Los rigurosos requisitos incluyen la matrícula de comercio
con personería jurídica, que cuesta 300 dólares,
además de los estudios de impacto ambiental.
Una comisión
Las modificaciones propiciaron la creación de la Comisión
Técnica, integrada por los ministerios de la Defensa, el
Consejo Superior de la Salud, Medio Ambiente, Cuerpo de Bomberos
y División de Armas y Explosivos de la Policía Nacional
Civil (PNC).
En efecto, el mayor José Ricardo Meda, director general del
Cuerpo de Bomberos, afirmó que el manejo de la pólvora
y artefactos explosivo está bajo el control de esta Comisión
Técnica.
Las instituciones están encargadas de evaluar y dictaminar
las nuevas solicitudes para la fabricación de los pirotécnicos.
En la actualidad trabajan en nuevas normativas, las cuales deberán
tener únicamente el visto bueno del Presidente de la República,
Francisco Flores.
Antes estaban bajo el régimen de los bomberos y algunas disposiciones
del Código de Salud, pero, según Meda, era necesario
hacer cambios.
Estos incluyen el control en la importación de materia prima,
comercialización dentro del país y verificación
de productos prohibidos.
Una de sus primeras tareas fue la realización de inspecciones
en lugares de venta y fabricación. Los resultados indicaron
que funcionan sin permisos ni condiciones de seguridad.
Son pocos los que funcionan legalmente. Es necesario que pidan
los permisos y se reubiquen a lugares más seguros o, de lo
contrario, tenemos que cerrarlos, añadió.
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| Experto. Julio Coreas, lleva 34 años
fabricando cohetes. Foto: EDH/Jorge Reyes |
No hay cifras actualizadas
- El Cuerpo de Bomberos y la División de Armas y Explosivos
(DAE) realiza inspecciones periódicas en los lugares de venta
y fabricación de pólvora.
- Antes de las visitas a los centros había unas 305 coheterías
en todo el país.
- Los resultados indican que todas las coheterías funcionan
sin los permisos adecuados.
- Por este trabajo, muchos propietarios optaron por cerrar sus negocios;
otros trabajan en la clandestinidad y algunos están con el
trámite de sus permisos.
- De ahí que no haya cifras exactas.
Aprendió a fabricar cohetes, pero nunca asistió
a una escuela
Julio Antonio Corea, un hombre delgado de tez morena, recuerda
que tenía ocho años cuando comenzó a fabricar
cohetes. A la semana ganaba 16 colones.
Desde entonces su vida ha transcurrido entre la pólvora.
Nunca tuvo la oportunidad de ir a la escuela, aunque aprendió
a leer, no así a escribir.
Hoy, a sus 42 años, es empleado de la cohetería El
Centauro, una de las 160 que se encuentran en Ciudad Delgado.
El semblante de don Julio cambia cuando recuerda que su estabilidad
laboral pende de un hilo, después de las nuevas regulaciones.
El gobierno está exigiendo una serie de requisitos,
pero los dueños no pueden cumplirlas porque la mayoría
trabaja con dinero prestado, asegura mientras acomoda en una
mesa varios rollos de morteros.
Las autoridades tienen razón cuando aseguran que las coheterías
atentan contra las personas, pero insiste en que hay que buscar
mecanismos para mantener las fuentes de empleo para miles de familias
pobres.
A mi edad y sin poder escribir, ¿cómo puedo encontrar
otro trabajo? Aquí todos somos analfabetos.
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