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Mil
noches en una
Una
verdadera noche mágica llena de misticismo, gitanos y cuentos
se presentó en el Teatro Presidente.
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Foto
EDH / Jorge Reyes
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Si alguno de ustedes tiene una camisa playera ¿me
haría el favor de prestármela? Es que se nos ha quedado
el vestuario y las luces, y nos ha tocado que prestar todo.
De esta confesión salieron las primeras palabras que se escucharon
la noche del martes al iniciar el espectáculo Musical Flamenco:
Las Mil y Una Noches, en el Teatro Presidente.
Antonio Canales, de La Compañía Los Losada, pidió
las disculpas del caso por el pequeño percance, pero al final
el detalle no pasó a más.
Ahora sí lo que nos interesa. Hace muchos años vivió
el rey Zahriyar, uno de los más justos que haya existido.
Un mal día fue engañado por su esposa, y éste
enfurecido la mandó a decapitar, y prometió que el
resto de sus noches las pasaría junto a una virgen que al
día siguiente decapitaría, para no surfrir otra decepción.
Sin embargo, Sherezhade una bella doncella gitana se encarga de
contar, durante mil largas noches, una maravillosa historia que
duraría hasta el amanecer.
Es así como da inicio el clásico Las Mil y Una Noches,
pero con un toque diferente: el flamenco.
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| Antonio Abellán, de Telefónica,
entre otras personalidades. Foto EDH |
Los cuentos
Cuatro columnas blancas y estilizadas se imponían en los
laterales del escenario para crear la atmósfera a los doce
gitanos que a la velocidad de los zapatazos, el tap y una impecable
limpieza de movimiento, nos introducían en un ambiente místico
pero acogedor, lleno de fantasía, música y cuentos.
La pircadía de una mujer que engaña a sus marido;
la suerte de Aladino, un holgazán quien encuentra una lámpara
maravillosa para hacer realidad sus deseos; la avaricia de un joven
al encontrar una cueva secreta con riquezas que pertenecía
a unos bandidos y que se abría con las palabras mágicas
Ábrete Sésamo; y el poder del amor para
derribar las barreras sociales, fueron las historias que cobraron
vida en la mente de aquel rey (y ante el público presente).
Al final el rey termina celebrando un nuevo amor, las luces se apagan
y... Aplausos.
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