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Opinando
El beso de las divas o la rentabilidad
del escándalo

Marvin Galeas*
El Diario de Hoy
marvin@yahoo.com.mx

Imponerle a una sociedad que lea un solo periódico, el del partido, es tan oprobioso como imponerle una religión.

Y de pronto el mundo se alborotó por el beso que Mado- nna le estampó en la boca a Britney Spears, la llamada princesa del rock. ¿Habrá sido que Madonna le quiso besar la mejilla y en un movimiento errado el beso dio en la boca? ¿Será que estas tipas salieron, como se dice hoy, del closet e hicieron del dominio público sus tendencias lésbicas? Con lo primero, dicen los redactores de las revistas del corazón, no hay duda alguna. Mucho tiempo se estuvieron así de pegaditas, con lengua y todo. Con lo segundo, qué va, si Britney es de lo más femenina, hasta novio tiene.

Quién sabe. Ese beso será como dice Geovanni, mi hermano, tema para poetas. O material para defender o atacar a los gays. Será caldo de cultivo para encender la imaginación de tirios y troyanos, polinesios y hondureños. Quién sabe. De lo que estoy seguro es de que Madonna, desde aquella canción “Material Girl”, la de los pujiditos sensuales, ha ganado una colosal fortuna explotando fantasías ajenas. Cada escándalo de la peliteñida aumenta notoriamente su capital.

Lo cierto es que la protagonista de los más calientes ví- deos, del álbum de fotografías llamado Sex; a la hora de acompañarse y tener hijos, no buscó la inseminación artificial, ni vive con otra mujer. Todo parece indicar que Madonna es tan heterosexual como Francisco Pizarro, el conquistador español. Pero ella sabe que hay que montar un espectáculo, crear el personaje, vender ilusiones, hacer reír, hacer soñar. Cantinflas lo hizo en clave cómica; ella, en clave erótica.

Ambos encontraron mercado. Existe esa oferta, porque hay demanda. ¡Y vaya qué demanda!
Me quedo con que el beso de las divas es una operación de mercadeo. Una calculada puesta en escena. Las tendencias sexuales salen sobrando. Britney en la intimidad, luego de las luces, las marquesinas, los chorros de humos de colores en los conciertos, las escenografías pletóricas de bailarines asexuados, quizá sueñe con tener un esposo, hijos y envejecer cuidando nietos. O quizá no. Pero que importa. Ese beso la puso en titulares de doble página, las imágenes dieron ya la vuelta al mundo y provocaron la aprobación de algunos y la condena de otros.

Al final, millones de jóvenes y viejos acudieron a las tiendas y agotaron discos, afiches y vídeos de esos íconos fatuos y banales de nuestro tiempo. Los productores y esos avezados tipos de mercadeo y relaciones públicas se las saben de todas, todas. Convirtieron al viejo maricón de Rock Hudson en un macho... un macho de utilería, claro. Los productores y guionistas, muertos de la risa, nos arrancaron lágrimas, al transformar, en “Ghost”, a una lujuriosa Demi Moore en casi un ángel de ternura. Luego la niña se aparece casi desnuda en “Streap tease”, una de las más mediocres películas y, a la vez, una de las más taquilleras.

Lo sorprendente no es que lo productores, especialistas en mercadeo y relaciones públicas hagan su agosto con la escala de Maslow. Lo sorprendente es la polvareda que levantan, a pesar de que el truco es más viejo que el mítico y siempre citado Matusalén. No deja de ser una gran paradoja que siendo la sexualidad un don de Dios, una parte sustancial de la naturaleza de los seres vivos, un deseo de todas y todos (para estar a tono con el lenguaje de género), sea siempre un tema de escándalo y de encendidas polémicas entre castos y libertinos.

A mi juicio, donde se equivocan los defensores del libertinaje es en creer que el desparpajo en el sexo, como en cualquiera otra actividad humana, no tiene sus consecuencias. Y con esto del sida, consecuencias mortales. Y donde se equivocan, creo yo, los castos es confundir el acto sexual con el robo de un banco. Dios colocó en la naturaleza humana el deseo, el placer y la fantasía. El deseo de asaltar bancos no está en la naturaleza humana. La comparación es totalmente desafortunada.

En lo personal creo en la familia, con esposa e hijos. Deseo que mis hijas se casen con muchachos, que lleguen vírgenes al matrimonio y que luego sean fieles a sus parejas y que sus parejas les correspondan con la misma moneda. Pero no pretendo imponerle a nadie, menos a garrotazos y amenazas, mis puntos de vista. Tampoco me gusta que los que piensan de otra manera traten de imponerme los suyos.

Creo en la libertad del individuo y, sobre todo, en la libertad de elegir. Esta es la piedra angular donde se fundamenta un sistema de libertades. ¿Qué gracia tiene la libertad si no tengo opciones? Imponerle a una sociedad que lea un solo periódico, el del partido, es tan oprobioso como imponerle una religión, sea cual sea. El límite de nuestra libertad es el derecho de los demás. Por lo tanto, lo que dos adultos hagan en la intimidad, cito a Carlos Alberto Montaner, es muy cosa de ellos.

En todo caso, opinar sobre el tema de la sexualidad es siempre pisar un terreno muy escabroso. Entre más escabrosa y más encendida la polémica, el escándalo será el más rentable de los negocios, como bien lo saben los agentes de Britney y Madonna.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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