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Dos años después

Sergio Muñoz Bata*
El Diario de Hoy
sergio.munoz@latimes.com

La conmemoración del 11 de septiembre en Estados Unidos ha disminuido en su intensidad, mientras que, en el extranjero, la solidaridad inicial hacia EE.UU. sigue erosionándose.

A tan sólo dos años de distancia, el urgente tono patriótico de la conmemoración de los trágicos sucesos del 11 de septiembre ha disminuido en todo el territorio nacional. Y aunque subsiste el temor de que tarde o temprano sucederá otro atentado, la mayoría de los estadounidenses no sólo siente que la seguridad del país se ha incrementado, sino que aprueba el desempeño del Presidente George W. Bush en su campaña contra el terrorismo.

Fuera de Estados Unidos, la visión es otra. El interés por esta fecha histórica, que debería permanecer por siempre en la memoria colectiva mundial como un crimen de lesa humanidad, ha decrecido considerablemente.

“Parecería como si todo el sentimiento de solidaridad que de forma espontánea e instantánea sintiera casi todo el resto del mundo hacia Estados Unidos se hubiera evaporado. Y la responsabilidad por este deterioro cae —dice José Miguel Vivanco, de la organización Human Rights International— en la administración de Bush por la arrogancia con la que se ha conducido, por su desprecio a la opinión del resto del mundo y al derecho internacional. Bush olvidó que hasta la superpotencia hegemónica necesita amigos”.

En más de un sentido, el discurso de Bush, el domingo pasado, valida las palabras de Vivanco. El Presidente parece seguir pensando que lo que necesita son súbditos, no aliados. De su discurso también se desprende que Bush no comparte la visión optimista de sus conciudadanos respecto a su conducción de la guerra. Sus palabras fueron casi un mea culpa en el que Bush admitió, de manera tácita, que fallaron los planes de su administración para la posguerra en Iraq. Sin decirlo abiertamente, hizo una relación de los errores y fracasos de su estrategia de combate al terrorismo.

Atrás quedó el discurso teatral y triunfalista con el que Bush, disfrazado de piloto de guerra aterrizando en un portaaviones anclado en San Diego, proclamaba el fin de las hostilidades en Iraq. Este domingo, el Presidente apeló públicamente al Congreso para que le autorice el gasto de 87 mil millones de dólares más para la ocupación de Iraq y Afganistán. Si el Congreso aprueba el gasto, la guerra habrá consumido hasta el momento 166 mil millones. Un costo altísimo para una guerra que pudo haberse evitado.

Otra admisión hecha por el mandatario en su discurso del domingo es que no basta con los 140,000 soldados estadounidenses que en la actualidad prestan servicio en Iraq. Hoy, ni en la Casa Blanca ni en el Pentágono se habla más de la autosuficiencia americana. Hoy, sin una disculpa de por medio, Bush pide ayuda a los franceses y alemanes, a quienes no hace mucho sus ayudantes describían irónicamente como “fabricantes de chocolates”. Hoy, Bush manda a sus enviados de regreso al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a pedirle a la “vieja Europa” que “no deje que las diferencias del pasado interfieran con los deberes del presente”.

En los dos años transcurridos desde el atentado terrorista, el país ha sufrido un retroceso notorio en el campo de los derechos civiles. Y aunque en términos generales la mayoría de la población estadounidense acepta las nuevas restricciones a los derechos civiles y humanos, convencida de que la lucha contra el terrorismo demanda ciertos sacrificios, otra es la opinión en ciertas comunidades de inmigrantes y entre ciudadanos de otros países.

En nombre del combate al terrorismo, el debido proceso y el derecho a la defensa han sido eliminados para ciertas personas. Hoy, en Estados Unidos, es posible detener arbitrariamente a un individuo y retenerlo en prisión por tiempo indefinido.

Los augurios de quienes anunciaban la proliferación de ataques terroristas similares a los que viven Israel o Colombia no se han materializado. Pero hoy, el país sigue viviendo en un clima de incertidumbre. Hay quienes todavía siguen rehusándose a tomar un avión o a viajar al extranjero. También hay quien dice que la conmemoración cabal de los sucesos exige una finalidad que todavía no se alcanza en esta guerra. Todos sabemos que la guerra empezó hace dos años, pero que nadie sabe cuándo irá a concluir.
*Miembro del consejo editorial de Los Angeles Times.

 

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