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Palabras
Magia
de los sueños
-Usted,
dice, está regido por El Mago en el grande y misterioso libro
de la vida. ¿Cree en la magia?
Sí, definitivamente. El Mago rige a Virgo y sí
creo en la magia.
¿La ha practicado?
He practicado varias suertes de magia. Amar la magia es amar
la vida, porque la vida es magia. Realidad e ilusión. Lo
que ocurre es que muchos ya no ven la magia cotidiana, del gran
milagro... Que de un huevo surja un ave de bellos o que de una semilla
todos los bosques del mundo...
¿Qué clase de magia ha practicado?
La magia de las palabras. (Soy escritor). En el principio
de la historia las palabras tenían un poder mágico,
como lo tienen ahora. Pero entonces las palabras eran consideradas
mágicas, porque surtían un efecto sobrenatural en
las personas: transmitían sucesos y pensamientos; persuadían,
lograban resultados deseados.
¿Qué otras magias?
La magia blanca. Es angélica. Nunca la magia negra,
pues ésta es destructiva. También practiqué
un poco la magia de salón, esa de hacer aparecer cosas del
aire o conejos de un sombrero de copa. Lo que se conoce como ilusionismo.
Sin embargo, la única magia que elegí para mi vida
fue la magia del arte. La que también hace aparecer sueños
del aire. Porque amar la magia, es amar el amor, porque el amor
es magia, es la magia de los sueños. Es la magia de volar,
la magia de anhelos y palabras.
Día a Día
Trescientas escuelas han sido vandalizadas por mareros en lo que va
del año, comprobando la terrible realidad que vive nuestra
sociedad: que buena parte de los esfuerzos para formar a la juventud
se estrellan contra la perniciosa influencia y los actos criminales
de las maras. Las bandas persiguen a los estudiantes, les obligan
a unirse a ellos, pervierten a jovencitos y jovencitas, destruyen
centros de enseñanza y siembran el terror en vecindarios.
Las pandillas juveniles no son un fenómeno salvadoreño,
sino mundial, aunque hay sociedades donde prácticamente no
existen. Hay mareros en Inglaterra, los hooligans; se
dan en Alemania con los cabezas rapadas pero son una ocurrencia menor
en España. Es en los guetos de las grandes urbes norteamericanas
donde la violencia de las pandillas (gangs) llega a extremos
espantosos. Se dice, a guisa de escalofriante ejemplo, que la primera
causa de muerte entre adolescentes negros en Detroit, son las heridas
de bala. Y allá como aquí, las disputas por territorio,
venta de droga y bandolerismo, genera las guerras entre las pandillas.
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