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Bajo el sustento de la Providencia

Desde hace cinco años funciona en la parroquia El Tránsito de María, en Jiquilisco, Usulután, el comedor “Divina Providencia”, en el que se alimento y apoyo espiritual a los desamparados.

Ricardo Guevara
El Diario de Hoy
Fotos EDH/Maritza Santos
vida@elsalvador.com

Una de las características de estos ancianos es que la mayoría no posee familias ni un hogar donde pasar las noches, o en el mejor de los casos sí tienen un pariente, pero éstos no quieren o no tienen los recursos económicos para mantenerlos.
Algunos ancianos recorren grandes distancias para llegar a tiempo a la hora de la comida, la cual es servida a las doce del mediodía en a un costado del portal de la iglesia El Tránsito de María.

Bajo los fuertes rayos del sol y apoyados por un bastón o muletas, señores y señoras caminan muy despacio sobre la superficie áspera y caliente del pavimento llevando entre sus manos una pequeña bolsa o un morral donde portan sus escasas pertenencias.

Una de las características de estos ancianos es que la mayoría no posee familias ni un hogar donde pasar las noches, o en el mejor de los casos sí tienen un pariente, pero éstos no quieren o no tienen los recursos económicos para mantenerlos.

En sus cuerpos se nota el paso inevitable del tiempo, la piel la tienen arrugada, ya no caminan erguidos y los pocos cabellos que les quedan han perdido su color y se han vuelto blancos.

En sus ojos se nota una mirada cansada y triste, y en su voz temblorosa se percibe la tristeza y la soledad en la que viven, en busca de una mano amiga que les brinde un poco de comida para hacer menos dura su jornada.

En el patio de la iglesia existen dos mesas de cemento deterioradas, en las que apenas se pueden sentar unas ocho personas (el número de usuarios es de unos 30). Algunos deben acomodarse en el suelo.

Una mano amiga

El comedor Divina Providencia funciona desde 1998, gracias al apoyo y a la colaboración desinteresada de los feligreses que asisten a la parroquia.

En sus inicios el comedor brindaba sus servicios una vez por semana; sin embargo, poco a poco se fue extendiendo la prestación hasta llegar a establecerlo de lunes a viernes.

A pesar de los pocos recursos, las comunidades de la parroquia trabaja en las labores del comedor brindando su esfuerzo físico y económico para sostener esta obra de amor que se niega a morir.
Si desea colaborar con estos ancianos puede comunicarse al teléfono 663-8064.
Los fondos se obtienen a través de colectas que realizan en las misas, pero ha habido algunas ocasiones en las que han estado a punto de cerrar el comedor debido a que no tienen fondos para comprar los alimentos para los comensales.

“Gracias a Dios, Él nunca nos ha desamparado y a pesar de tener momentos muy difíciles, siempre nos ha multiplicado lo poco que tenemos”, afirma el párroco José David Torres Portillo.

En el comedor existen muchas necesidades, desde falta de tenedores, cucharas, platos y víveres, hasta mesas y sillas para sentarse. De vez en cuando, algunos niños de la calle también visitan el comedor, aunque de manera más esporádica.

El comedor funciona de lunes a viernes, y ofrece solo el almuerzo. Algunos de los señores que lo frecuentan solo hacen un tiempo de comida al día, el que proporciona la parroquia.

A pesar de los pocos recursos, las comunidades de la parroquia trabaja en las labores del comedor brindando su esfuerzo físico y económico para sostener esta obra de amor que se niega a morir.
Si desea colaborar con estos ancianos puede comunicarse al teléfono 663-8064.

Voz de los comensales

María Reyes, 70 años
“Tengo que caminar bastante para poder venir a alimentarme al comedor de la iglesia. Gracias a Dios que siempre nos dan un plato de comida para poder sobrevivir”.

Jerónimo Mejía, 73 años
“Desde hace un año vengo a pedir comida al comedor y gracias a Dios nunca me la han negado. Si no fuera por la labor de estas personas no tuviera nada que comer”.

Miguel Ángel Fernández, 80 años
“Las hermanas de la iglesia y el padre nos regalan la comida todos los días. Gracias a Dios que nos bendice siquiera con un tiempo de comida”.
 

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