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Barrancones:
Dudas y esperanzas

Los habitantes del último caserío salvadoreño en La Unión aún tienen dudas acerca de cómo se resolverá el tema del ex bolsón. Otros, sin embargo, están optimistas.

Enrique Miranda
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Santos Aguilar es un salvadoreño que se dedica a transportar personas a través del río Goascorán hasta La Unión. Foto Oscar Payés

“Siempre que hay problemas vienen los periodistas”, dice nuestro guía, quien maneja un pequeño bote con motor fuera de borda.

El hombre, que nos conduce por el cauce del río Goascorán, en el límite entre El Salvador y Honduras, se refiere a la disputa que han mantenido ambos países por las tierras que dan forma al Golfo de Fonseca.

Y es que más allá de ser heraldos de los problemas, muchas veces quienes llegan desde fuera hacia el humilde caserío de Barrancones, en La Unión, son los portadores de noticias sobre la situación de los ex bolsones.

No es para menos: este lugar, donde viven unas 166 familias, queda incomunicado en invierno, pues las calles de acceso las anega el Goascorán.

Quienes tienen televisores se enteran un poco más del asunto. “Sí, la otra vez dijo la canciller que iba a entregar definido todo eso, que tenía pruebas”, dice resuelto Miguel Leiva, mientras se baña a orillas del río.

Aún así, no todos lo tienen muy claro. Muchos, sobre todo los jóvenes, prefieren callar y remitir a los mayores del pueblo, quienes tienen más recuerdos. “No, de ese juicio no sé nada”, dice una mujer cuando se le preguntó sobre la revisión del fallo de La Haya, en 1992, que está en proceso.

No obstante, mientras termina de lavar su ropa lanza una mirada a la orilla de enfrente y dice: “Desde el año pasado andan con eso; ¿cómo van a regresar esas tierras?”, se pregunta.
Otros prefieren callar. “Yo no entiendo de eso, quien sabe (del diferendo limítrofe) es don Jorge, él tiene bastante de vivir aquí”, dice un joven que pidió el anonimato.

En efecto, los mayores de este pueblo son los que saben hasta la saciedad que El Salvador no termina en la siguiente orilla del río Goascorán, como alegaron los hondureños en 1992. “Antes, la bocana del río salía frente al cerro Amapala (lado hondureño)”, asegura don Pedro Castro, quien tiene 68 años de vivir en esa zona, rica en manglares.

Sólo queda esperar

Hay quienes se emocionan al pensar en la posibilidad de que el ex bolsón del Goascorán pueda ser declarado como tierra salvadoreña, en caso que el tribunal de La Haya acceda a la petición de la revisión propuesta por el Presidente Flores.

“Ojalá, primero Dios hagan algo. Lo que deseo es que no vaya a haber conflicto”, razona Miguel Leiva, habitante de la zona desde hace 20 años.

Leiva no olvida las veces que las autoridades hondureñas lo han conminado a abandonar las aguas por donde debe pasar para dirigirse en su lancha hacia La Unión.

Otros, quienes prefieren no identificarse por seguridad, explican que de pasar a manos salvadoreñas ese ex bolsón, la extracción de madera y otros productos sería más sencilla de como es hoy.

Don Pedro Castro, un veterano de las aguas, espera que, por lo menos, los hondureños no quieran seguir ganando terreno. “No es bueno que hayan dejado el río como límite. El río deja y quita”, concluye.

Y es que, básicamente, este ex bolsón no tiene las características del de Nahuaterique, en Morazán. Ahí, muchos salvadoreños quedaron junto con sus tierras en el lado hondureño tras el fallo del tribunal internacional.

En Barrancones el problema es por las tierras y las aguas, por donde los connacionales llevan muchos años de permanecer a la sombra de las autoridades hondureñas. Desde hoy, la historia podría cambiar.

Problemas con los vecinos

Los habitantes de este ex bolsón comentaron sobre algunas contrariedades que han tenido con autoridades hondureñas.

Una de ellas está relacionada con la zona donde pueden pescar. Un pescador nos contó que lo metieron preso por esa falta.


El río Goascorán sirve para la pesca y para realizar algunos oficios caseros. Foto Oscar Payés
Entre las dos tierras

Quienes viven al lado del Goascorán se beneficiarían si el tribunal internacional decidiera revisar el fallo de 1992, el cual otorgó tierras y aguas a Honduras.

Enrique Miranda
El Diario de Hoy


Son salvadoreños. En sus televisores pueden ver los noticiarios nacionales mientras cenan; también los canales que transmiten desde Tegucigalpa, Honduras. Sus documentos de identificación dicen que son  salvadoreños, pero casi toda su vida han tenido problemas con sus vecinos: las autoridades hondureñas, ubicadas al otro lado del río.

Desde que tiene recuerdos, don Luciano Salvador, de 67 años, sabe que siempre han habido problemas con las autoridades hondureñas, quienes los amonestan por pescar y pasar por aguas de su propiedad, tras el fallo de La Haya: “Uno tiene que dar vuelta (con la lancha) por donde le dicen. A mí me han metido preso tres veces”.

Luciano Salvador es uno de los que ha tenido problemas con autoridades hondureñas. Foto Oscar Payés

Sin embargo, quienes viven en el ex bolsón son en su mayoría hondureños y amigos de los salvadoreños. Aquí hay una comunidad entre todos, porque al fin de cuentas siempre han estado en duda sobre la posesión de los terrenos.

Los del otro lado

Del lado hondureño puede encontrarse a varios salvadoreños. Sin embargo muchos están “mezclados”, como lo dice don Pedro Castro. Incluso él tiene familiares en Alianza, la primera localidad catracha.

Allí, en una colonia de Olimpia, encontramos a Deysi Reyes, salvadoreña y casada con un hondureño. Ella parece no complicarse sobre la tierra que tiene bajo sus pies. “Con tal que no haya guerra, no importa si vivo aquí o allá”, opinó.

Ella explicó que el 5 de septiembre tuvieron una reunión con autoridades hondureñas, quienes les informaron sobre la posibilidad de que se decida reabrir el caso de la posesión de esos terrenos. Otros hondureños consultados prefirieron no hablar mucho del tema: “hay que vea cada quien (país)”, se limitó a decir Pablo Reyes.

En Piedras Blancas, el camino que conduce a Barrancones se inunda en la época lluviosa. Foto Oscar Payés

Avances

Las condiciones de vida han tenido mejorías.

- En Barrancones, jurisdicción de Pasaquina, hay energía eléctrica.

- Hace dos meses, con apoyo internacional y ahorro de la comunidad se instalaron cantareras y se abrieron pozos.

- El problema es que las tuberías son muy delgadas y se rompen.

- Pidieron apoyo gubernamental para comprar tuberías de metal.

- El sitio está comunicado con La Unión por agua y tierra, pero en invierno sólo se puede pasar por lancha.

 

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