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Ministerio
Espiga
Amémonos
de corazón
Es
importante amar, pero es más importante que los demás
se den cuenta de que los amamos.
He escuchado a esposos y padres decir: "Te quiero mucho; es
verdad que no lo digo a cada momento; es verdad que no te beso ni
te abrazo; es verdad que a veces te grito y me ves enojado, pero
a pesar de todo eso te quiero. Perdóname si no te expreso
mi amor, pero a mí desde pequeño nadie me enseñó
a hacerlo".
No dudo que esas palabras son realmente sinceras pero serían
mejor acompañadas por actos que lo demuestren. Ha llegado
el momento de expresar nuestro amor y enseñar a otros que
lo hagan. Si realmente amamos no escatimemos esfuerzos para manifestarlo,
digámoslo con palabras, besos, abrazos, flores, regalos,
canciones, poemas... etc. hasta que, todos los que nos miran digan
lo que dijeron los judíos al ver llorando a Jesús:
"Mirad cómo le quería" (Jn. 11, 36).
Porque Jesús da la vida por nosotros y nos muestra su amor
por la humanidad. "Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida,
para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; Yo la doy voluntariamente..."
(Jn. 10, 17-18). Jesús de la vida voluntariamente, su entrega
es generosa y sobre todo libre.
Cuántas veces hemos dicho u oído decir: "Me estás
matando, me estás quitando la vida". Jesús nos
enseña a decir: "Nadie me la quita. Yo la doy porque
he decidido darla". Sólo una entrega así puede
ayudar a las esposas y madres, esposos y padres que continuamente
necesitan renovar sus fuerzas para cumplir con su abnegada misión.
Esta cualidad de Jesús también la necesitan los maestros,
que casi nunca son bien remunerados, los sacerdotes, religiosas
y religiosos y todos los miembros de las diferentes organizaciones
de ayuda humanitaria (Bomberos, cuerpos de socorro, etc.) que muchas
veces, literalmente, ofrendan sus vidas en pro de aquellos a quienes
sirven desinteresadamente.
Gracias a Dios, aún existen en el mundo personas que al igual
que Jesús pueden decir: "Doy mi vida voluntariamente".
La Escritura dice que "había un cierto enfermo, Lázaro
de Betania... Las hermanas enviaron a decir a Jesús: "Señor,
aquel a quien tú quieres, está enfermo". Al oírlo
Jesús, dijo: "Esta enfermedad no es de muerte, es para
la gloria de Dios..." (Jn. 11, 1-4)
Jesús acude al llamado de sus amigos, para llevarles consuelo
en la hora del dolor, supresencia llena de vida y de esperanza aquel
lugar donde únicamente hay llanto y desesperación.
"Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy a despertarle"..
(Jn. 11, 11).
Jesús está consciente que su visita animará,
despertará y levantará a su amigo.
La próxima vez que nuestros amigos compartan sus penas, tendremos
la oportunidad de imitar a Jesús que acudió para compartir
el dolor con sus amigos en Betania.
Predicador Católico
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