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Palabras
Los
escuchas del mar
Estos
hombres llamados escuchas del mar, según las
leyendas druidas, se iban a la orilla del mar para escuchar
el futuro. Estos adivinos lograban entender los rumores del océano
y predecir las tormentas o días de bonanza que vendrían.
Los modernos escuchas del universo son en la actualidad
los astrónomos, encargados de detectar, mediante sofisticadas
antenas y radares, toda señal que provenga del éter
infinito, ya sea en onda de radio o en pulsaciones de estrellas
lejanas. Aseguran escuchar cosas desconcertantes, o recibir extraños
alfabetos de incomprensible significado, como lo fueron los códices
mayas.
En fin, siempre la humanidad ha querido escuchar y predecir el
futuro como los distantes druidas, magos del mar, de las tormentas...
Pero en vez de escuchar lejanas estrellas, los hombres debieran
escucharse a sí mismos, para llegar a un entendimiento de
evolución, de amor inteligente.
Tratando el hombre moderno de escuchar las estrellas, deja de escuchar
su propio corazón.
Un pueblo no sólo habla con la voz, porque ésta puede
no ser escuchada y, en el peor de los casos, amordazada. La gente
habla con su trabajo, con su dolor, con su alegría, con su
dieta y costumbres y, especialmente, con su fe en el porvenir.
Día a Día
Los que ahora se rasgan las vestiduras en favor de los delincuentes
juveniles, no vacilaron durante la guerra, en reclutar niños
de hasta diez años para mandarlos a combatir. Las pobres
criaturas, secuestradas en cantones y caseríos, eran las
avanzadas de las bandas; los niños servían de blancos
móviles para que los guerrilleros descubrieran las posiciones
del Ejército. La mayoría de esos niños quedó
allí, mientras los que sobrevivieron son ahora fervientes
militantes comunistas.
Perverso favor se hace a niños y jóvenes en este país,
al cubrirlos de un manto de cuasi impunidad.
Comencemos con una tremenda realidad: que las principales víctimas
de los delincuentes juveniles, son niños y jóvenes
que estudian y llevan vidas encajadas en la decencia. Ningún
vecino de barriada ignora que los jovencitos son aterrorizados por
los menores delincuentes, que los presionan, amenazan y llegan a
matar cuando no se unen a sus bandas. Conocemos sobrados casos de
familiares que han tenido que mandar hijos e hijas a vivir a otras
partes para salvarlos.
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