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La nota del día
Muy prudente este señor Lula
La
sensatez, los números y las realidades, deben ser los factores
decisivos en los plasnes de gobierno, versus teorías trasnochadas,
promesas locas o simple odio de clases.
El gobierno de Lula en Brasil logró una muy importante victoria
política con la aprobación en la Cámara Baja
de las reformas al sistema de pensiones. Las edades para jubilarse
se han incrementado y hay reglas estrictas para evitar que se abuse
del sistema. Simultáneamente, con la reforma a las pensiones
se ha presentado una propuesta para volver más eficiente
el sistema tributario.
El suceso nos deja dos lecciones: la primera, que es fundamental
actualizar y reformar esquemas que son una carga para los países,
como muchos programas benefactoristas ahora en bancarrota; lo segundo,
que la sensatez, los números y las realidades deben ser los
factores decisivos en los planes de gobierno, versus teorías
trasnochadas, promesas locas o simple odio de clases.
Lo probable es que Lula se mantenga en su nuevo curso, abandonando
las estridencias y barbaridades que marcaron su previa plataforma.
Lula ha ido aprendiendo que una cosa es ofrecer paraísos
cuando se está en la oposición, y otra manejar realidades
y verse muy limitado por presupuestos, por la economía internacional
y por las dificultades que aquejan a toda nación en crecimiento.
Con gracia se dice que Brasil siempre ha caminado al borde del precipicio,
pero que el país es tan grande que no cabe en él.
Brasil tiene una economía tan gigantesca, diversificada y
entrelazada, que manosearla sería ruinoso para quien lo intente,
como lo demostró el caso de Collor de Melho: fue electo presidente
por una sustancial mayoría, pero al conocerse la corrupción
en que había caído sin mayor ceremonia lo tiraron
por la ventana. Lula correría parecida suerte si intentara
de montar una dictadura al estilo de Chávez.
Cordura versus atolondramientos
El caso de Lula y del presidente socialista de Chile, Ricardo Lagos,
contrasta con las posturas de los presidentes populistas, o francamente
comunistas, en América del Sur: Kirchner de Argentina, Gutiérrez
de Ecuador, el paraguayo Nicanor Duarte y, al tope de la pila, Hugo
Chávez de Venezuela. Por un lado se contemplan gestiones
de gobierno básicamente enmarcadas en el sentido común,
mientras por el otro manoseos surgidos de la tontería, los
resentimientos sociales, las agendas propias y las alianzas con
Fidel Castro y la Internacional del Terror. El Ecuador ha comenzado
a mostrar los efectos de la sustancial inepcia de Gutiérrez,
mientras en Argentina se espera más del desastre previo.
En apariencia al menos, Lula rápidamente aprendió
la lección de su predecesor Cardoso: se puede ser muy socialista,
pero a la hora de batallar con la inflación, con el desempleo,
con las inversiones extranjeras y con los niveles de vida de los
brasileños o para el caso de los chilenos hay
que ir con mucho tiento y actuar con lógica y con base en
otras experiencias. Los números mandan y es preferible hacer
correcciones y ajustes de inmediato y sobre la marcha, a sostener
una teoría para que a la vuelta de la esquina las realidades
económicas les estallen en la cara. Muy socialista y muy
adversario de Pinochet era Lagos antes de ser presidente, pero ha
tenido la cordura de respetar un esquema económico que es
el más exitoso de América y que prácticamente
ha colocado a Chile a las puertas del primer mundo.
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