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Un
microempresario exitoso en San Vicente
El microcrédito fue el cimiento de Mendoza
La
constancia y el apoyo financiero de una cooperativa le permitieron
crear una panadería y crecer poco a poco en su negocio.
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| Una empleada de la Panadería Mendoza
elabora pan dulce en horno artesanal. Foto:
EDH |
A José Ricardo Mendoza le da mucha nostalgia recordar cómo
inició su negocio y cómo con el pasar de los años
se ha convertido en el empresario que es.
Mendoza es el propietario de una empresa que ha logrado consolidarse
en la ciudad de San Vicente.
Se trata de la Panadería Mendoza, la cual cuenta en total
con cinco trabajadoras que hacen el pan y diez vendedores ambulantes.
Atiende por lo menos a 50 clientes fijos. A estos se suman los que
la visitan por primera vez y que van de paso.
En la panadería Mendoza se hacen tortas de yema, semitas,
pasteles de leche y de piña, alemanas, africanas rellenas
de chocolate y quesadilla de cordón.
También se producen otras variedades de pan, como las santanecas
y repostería.
El futuro
En cuanto a nuevos productos, tiene previsto comenzar a elaborar
pasteles para celebraciones, un segmento de alta demanda en el mercado.
Pero, también planea extender su cobertura y abrir otros
puntos de venta en el país, afirmó el propietario
del negocio.
Algunos de los lugares que se tienen en la mira son Ilobasco, Cabañas;
y Cojutepeque, Cuscatlán.
En la medida que la oferta y demanda me lo vayan exigiendo
así iremos contratando más gente para hacer el pan
y más vendedores para dar un mejor servicio, sostuvo
el microempresario.
Mendoza considera que además de su fe y perseverancia, los
diversos cursos y programas de asesoramiento en asuntos de negocios
le ha permitido el éxito de su pequeña empresa.
Mendoza cuenta que en 1987 un amigo suyo le enseñó
las técnicas para elaborar el pan dulce. Es hasta 1996 que
decide colocar su propio negocio.
Mendoza recuerda que en un inicio no tenía los suficientes
recursos para comprar los materiales para elaborar el producto.
No obstante, acudió a sus amistades en el mercado de la localidad
para que le fiaran harina, manteca, huevos, azúcar y otros
insumos.
La situación económica del vicentino era tan difícil
que no tenía dinero para comprar un canasto donde colocar
el pan, por lo que lo comenzó vendiéndolo en una caja
de cartón.
Transformación
Empleos
15
trabajadores
entre panificadores y vendedores, son los que tiene actualmente
la empresa
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Ventas
¢30
mil
son las ventas mensuales. Al inicio las ventas diarias eran
de ¢100.
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Con lo que lograba de las ventas, cancelaba lo que le fiaban en
el mercado y recuerda que las ventas por aquella época eran
de alrededor de cien colones diarios.
El proceso
Las primeras producciones las hizo en la casa de una tía
suya, quien tenía un horno para hacer pan.
Entre 1997 y 1998, Mendoza decidió especializarse en la panadería,
por lo que comenzó a recibir cursos sobre esa industria en
el Instituto Tecnológico Centroamericano (ITCA).
Por ese tiempo una prestamista del mercado de San Vicente le ofreció
un crédito por ¢1,000. Con esos fondos compró
una batea para amasar las harinas y contrató a una empleada.
Las ventas comenzaron a crecer hasta unos ¢300 diarios y, en
vista de eso contrató otra empleada.
En el año 2000, la Asociación Cooperativas de Ahorro
y Crédito Vicentina de R.L. (Accovi) invita a Mendoza a hacerse
socio, quien acepta sin mayores obstáculos.
Siendo socio de Accovi, Mendoza solicitó un crédito
por ¢10 mil con el cual construyó un horno y colocó
la panadería en su propia casa. Ese mismo año legalizó
su empresa.
Luego hizo un nuevo crédito a Accovi por ¢70 mil ($8
mil), con el cual compró un vehículo y una batidora
industrial. Además, contrató otras dos empleadas y
más vendedores.
Este es un testimonio que nos motiva, que muestra como una
empresa puede salir adelante con el apoyo de las microfinanzas.
Es un ejemplo de desarrollo económico, señaló
Alex Alfredo Zaldivar, presidente de Accovi.
El gobierno, entidades bancarias, organizaciones no gubernamentales
y cooperativas están cada vez más convencidas de que
es necesario fortalecer aún más la industria del microcrédito.
Y es que en el país existen alrededor de 512 mil micro y
pequeñas empresas, de las cuales dependen alrededor de 2
millones de salvadoreños.
Tal cantidad de empresas genera 949.400 empleos lo cual representa
el 38.8% de la Población Económicamente Activa (PEA).
De acuerdo con la encuesta de hogares de propósitos múltiples
de 1999, del Ministerio de Economía, el 91% de las microempresas
del país tuvieron ventas mensuales menores de $1,714.28 (¢15,000)
por lo que se clasifican como de subsistencia.
Es a partir de esta situación que las autoridades hacen esfuerzos
por prestar más atención a estos sectores económicos.
Según el Ministerio de Economía hasta diciembre de
2002, se concedieron 180 mil créditos a las MYPES, en 1999
se entregaron 120 mil.
El monto promedio de los créditos desembolsados es de $388.25
Los préstamos son facilitados mediante 116 intermediarios
financieros del país.
Haydée de Trigueros, directora ejecutiva de la Comisión
Nacional de la Micro y Pequeña Empresa (Conamype) sostiene
que es necesario reorientar las políticas crediticias hacia
el sector rural, el cual ha permanecido descuidado.
Los avances son importantes pero nos parece que todavía
existe una brecha entre empresarios que solicitan crédito
y la oferta del mismo. Se trabaja en ampliar la cobertura en el
área rural, afirma la funcionaria.
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