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Tema
de actualidad
Vargas
Llosa contra la Iglesia
Tanto
Kennedy como Vargas Llosa pretenden que la Iglesia traicione su
mandato divino de difundir su doctrina.
El artículo El pecado nefando, del novelista
Mario Vargas Llosa, publicado en este mismo periódico el
domingo 24 de agosto, merece una respuesta serena, no en el tono
exaltado y panfletario que utiliza el célebre escritor, sino
con la mesura y objetividad que requiere tratar un tema importante
y delicado que Vargas Llosa se encarga de tergiversar y oscurecer.
He demorado la respuesta hasta poder leer el documento que tanto
le enfurece a ese escritor.
Se trata de un reciente documento del Vaticano, donde se advierte
que las presentes consideraciones no contienen nuevos elementos
doctrinales, sino que pretenden recordar los puntos esenciales inherentes
al problema y presentar algunas argumentaciones (
) para
proteger y promover la dignidad del matrimonio, fundamento de la
familia, y la solidez de la sociedad, de la cual esta institución
es parte constitutiva.
El problema, según el documento, es la homosexualidad, fenómeno
moral y social inquietante, y el hecho de que se le esté
dando en varios países una equiparación legal con
el matrimonio y, en algunos casos, incluso el derecho legal de adoptar
hijos. El documento tiene también la finalidad de iluminar
la actividad de los políticos católicos, a quienes
se indican las líneas de conducta coherentes con la conciencia
cristiana. El documento lo ofrecen no solamente a los
creyentes, sino también a todas las personas comprometidas
en la promoción y la defensa del bien común de la
sociedad. ¿Por qué esto último? Sencillamente,
porque el matrimonio, sus deberes y derechos, son también
un asunto de ley moral natural que no necesita de la
fe católica, sino, simplemente, de una mente honesta, abierta
a los argumentos morales inherentes a la naturaleza humana y al
sentido jurídico más elemental.
Vargas Llosa dice que lo que más le sorprende no es la doctrina
católica en este documento, sino la vehemencia con
la que en él se exhorta a los parlamentarios y funcionarios
católicos a actuar. Vehemencia, según el diccionario,
es algo que supone ímpetu y violencia.
Nada de eso hay en el documento denostado. No puede decirse lo mismo
del libelo panfletario de Vargas Llosa, donde se emplean contra
la Iglesia Católica, su doctrina de siempre y su documento
actual, las siguientes lindezas: feroces diatribas,
doctrina rígida y cavernícola, empecinamiento
dogmático, filípica anti-homosexual,
doctrina homofóbica anacrónica, viril
brutalidad y donde se usa y abusa del verbo fulminar.
Dado que el verbo fulminar siempre, según el diccionario,
significa, en general, aniquilar, deshacer por
completo, pulverizar o, más en concreto,
aniquilar mediante rayos o corriente eléctrica,
no se ve nada de eso en el documento vaticano. En cambio, sí
se observa un tono un tanto fulminante en los insultos del escritor.
En el documento papal se dice que: los hombres y mujeres con
tendencias homosexuales deben ser acogidos con respeto, compasión
y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de
discriminación injusta. Tales personas están
llamadas, como los demás cristianos, a vivir la castidad.
Pero la inclinación homosexual es objetivamente desordenada,
y las prácticas homosexuales son pecados gravemente
contrarios a la castidad.
Cuando la Iglesia se opone a que a una pareja de homosexuales se
les equipare legalmente con un matrimonio, tiene toda la razón
y no hacen falta argumentos de fe religiosa, sino simplemente de
sentido común y de sentido jurídico. Con esa equiparación,
la injusticia no es para las parejas homosexuales, sino para el
matrimonio, sus derechos y su importante rol en la sociedad, ya
que matrimonio es la unión de un hombre y una mujer que,
por la mutua donación, propia y exclusiva de ellos, se complementan
y se perfeccionan y, normalmente, procrean, crían y educan
a los hijos nacidos de su unión conyugal, contribuyendo con
eso a ser base insustituible de la sociedad, de su estabilidad y
bondad y de su prolongación a través de los tiempos.
Nada de eso puede decirse de la convivencia de dos homosexuales.
Como comentaba a este respecto un abogado y profesor universitario
español, a nadie se ofende si se trata de modo jurídicamente
desigual lo que es distinto; al contrario, se ofendería a
la justicia tratando igual lo desigual. Pero el sentido común
percibe a simple vista que una unión entre dos personas del
mismo sexo no es matrimonio, como no lo es una unión de cinco
personas, o de una persona sola (recientemente se publicó
un suelto sobre una artista que celebró su boda consigo misma,
prometiéndose perpetua e indisoluble fidelidad).
Vargas Llosa pretende apoyarse para sus ataques en la autoridad
de Sigmund Freud, ignorando tal vez que el creador del psicoanálisis
calificaba de perversa toda actividad sexual que, habiendo
renunciado a la procreación, busca el placer como un fin
independiente de ella. Después suscribe la declaración
del senador Edward Kennedy, diciendo que la Iglesia Católica
debe ocuparse de religión y no de tomas de posición
políticas. Es decir, que tanto Kennedy como Vargas
Llosa pretenden que la Iglesia traicione su mandato divino de difundir
su doctrina por toda la sociedad, que reniegue de la autoridad que
Jesucristo le dio sobre fe y costumbres, y que se recluya en el
interior de las conciencias y de los templos: típica mentalidad
del oscurantismo anticristiano del Siglo XVIII.
Vivimos unos tiempos en donde, con la complicidad de algunos periodistas
ayunos de verdaderas noticias, personajes que tienen prestigio por
su competencia en algún campo cultural (la canción,
el fútbol, la escena o la literatura) se atreven a opinar
con gran desparpajo y solemnidad sobre asuntos sobre los que no
tienen suficientemente conocimiento intelectual y/o poca o nula
autoridad moral. Vargas Llosa es un ejemplo.
Que escribe bien, es indudable. Que entiende de literatura, también.
Pero en este artículo y en otros anteriores, demuestra un
conocimiento muy sectario y erróneo de la historia universal,
y una verdadera fobia, difícil de explicar, contra el cristianismo
en general y contra la Iglesia Católica en particular. Trataré
de mostrárselo a los lectores en mi próximo artículo.
*Dr. en Medicina y columnista de
El Diario de Hoy.
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