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La nota del día
La gran matanza entre dos sectas
Más de noventa personas murieron y ciento cincuenta resultaron
lesionadas por el estallido de un cochebomba en Nayaf, Iraq, frente
a un santuario chiíta.
Entre los muertos se encuentra el ayatolá Mohammed Baqr al
Hakim, quien fuera el principal dirigente de esa secta, lo que puede
desatar una guerra entre sunitas y chiítas, las dos sectas
predominantes en Iraq.
Las matanzas entre chiítas y sunitas, o sunitas y chiítas,
son parte del macabro folclor iraquí, reflejo a su vez de
las rivalidades y odios entre tendencias, facciones, sectas y movimientos
musulmanes. Hasta en la Revolución Francesa, hace dos siglos,
eran usuales las mortandades, exterminios y carnicerías entre
las diversas sectas cristianas. Se dice que en los primeros cincuenta
años de establecido el cristianismo como la religión
oficial del Imperio Romano, muchísimos más cristianos
murieron a manos de otros cristianos rivales, que durante las persecuciones
de los emperadores paganos, desde Nerón hasta Diocleciano.
Hay que recordar la matanza de huguenotes en la noche de San Bartolomé,
una de las espantosas tragedias de Francia.
¿Cuándo cesaron las carnicerías de cristianos
por cristianos? Primordialmente al establecerse la separación
entre el Estado y la Iglesia, lo que puso fin a la Inquisición,
a las persecuciones por asuntos de fe y a los odios a muerte entre
las sectas e iglesias cristianas. Nadie concibe que evangélicos
estallen coches-bomba frente a una iglesia anglicana, o los bautistas
se líen a golpes con un grupo de luteranos. Cada confesión
convive con el resto y unos y otros se alientan en sus tribulaciones,
aun cuando el consuelo sea para hijos de un dios menor,
como con tanta gracia dicen los sajones.
El comunismo como religión de Estado
La unión de lo terrenal y lo religioso conduce a la intolerancia,
a la censura y a la persecución de quienes profesan variantes
de la fe, o son rivales políticos. En los estados islámicos
y los talibanes afganos fueron la expresión más
perversa los asuntos religiosos se convierten en la preocupación
principal de los gobernantes. Usan la religión para adelantar
sus propias finalidades, pero asimismo son esclavos de las corrientes
más extremas del islamismo.
Y como sucedió durante la Edad Media en Europa, el progreso
científico y cultural se asfixia por las posturas intransigentes
de los ayatolás y predicadores. Es por esa razón que
las naciones islámicas han terminado buscando la verdad en
las tradiciones, las interpretaciones y los escritos religiosos,
en lugar de ver hacia fuera. Es terriblemente sintomático
que en Arabia Saudita más del cincuenta por ciento de los
universitarios está matriculado en estudios islámicos,
versus ciencias, tecnología y artes. Eso explica el creciente
retraso de dichas sociedades y su escasa contribución a la
ciencia y la cultura.
Una parecida situación se da bajo los regímenes comunistas:
la ideología se convierte en un artículo de fe y defenderla
se convierte en la principal misión del Estado. De allí
los comités de defensa de la revolución y las implacables
purgas, exterminios y persecuciones a los disidentes y heréticos.
El Estado no tolera variaciones de pensamiento, o desafíos
a la doctrina oficial. El suceso más horrendo al respecto
fueron las grandes purgas estalinistas de los años treinta
del siglo pasado, que le costaron la vida a centenares de miles
de miembros del partido comunista soviético.
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