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La sobreimpresión y el paso de manivela de Méliès

La vida de Georges Méliès, apodado como el “Mago de Montreuil”, ha sido mi fascinación desde que empecé a leer sobre cine.

Erick Lémus
El Diario de Hoy
escenarios@ el salvador.com
De hecho, en mi primera columna -bajo esta nueva modalidad- (por cierto, se han percatado ¿verdad?) hice mención de este personaje porque es el padre del “trucaje” cinematográfico.

Méliès descubrió “el paso de manivela”, que es la base del cine de animación y que años después utilizó un fulano llamado Walt Disney.

El “paso de manivela” permite rodar imagen por imagen y, entre ellas, producir la sustitución de escenas.

Donde venía un coche -de repente- aparecía humo o bien una calabaza. Es decir, lo que Méliès acuñó fue los efectos de desaparición y transformación. La historia de cine cita efectos como “Fausto y Margarita”, donde ella se transforma -de un cuadro a otro- en el mismo diablo.

Otra muestra de desaparición es “El escamoteo de una dama” (L’escamotage d’une dame chez Robert Houdin) en 1896 cuando Méliès graba a una joven frente a un telón de fondo que ¡zas! se esfuma. El público parisino abrió la boca sin comprender lo que veía.

Él, sin mover la cámara, detuvo la manivela para que la joven abandonara el encuadre, y luego vuelva a rodar. El proceso es sencillo, pero el resultado es increíble. De hecho, ahora es más fácil hacerlo con una cámara de video y la simulación de un trípode que garantice el cuadro.

Méliès edificó el primer estudio de Europa en el jardín de su finca. Dentro de esa nave de 17 metros de largo y siete de ancho, construyó una casa de vidrio con el objeto de aprovechar la luz del sol y se desarrolló su ingenio como director, operador, actor, decorador, maquillador, electricista y carpintero. Como ven, mucho antes que Harrison Ford dejara de clavar tachuelas, otro sujeto la hizo de carpintero para hacer cine.

Pero, a diferencia de Ford, que sigue seduciendo con su mueca-sonrisa, Méliès murió en la miseria.
El inicio de su decadencia empezó cuando el poder de sociedades como Pathé, Gaumont, Edison y otras lo arrinconaron.

En 1911, Charles Pathé lo absorbió y, tras la Primera Guerra Mundial, desapareció del mapa hasta que un periodista y director del semanario Ciné-Journal, identificó a un anciano que vendía golosinas y juguetes en la Gare de Montparnasse. Era 1928.

Ahí estaba el célebre Mago de Montreuil trabajando quince horas diarias para sobrevivir. El 21 de enero de 1938 murió en el hospital parisino Léopold-Bellan víctima de un cáncer estomacal. Solo dos cineastas reconocidos, René Clair y Alberto Calvancanti, acudieron al funeral.
 

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