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Sentido
común
La
madre de las batallas
Frente
a esta estrategia que en otras partes del mundo ha tenido ya efectos
devastadores, lo peor que podemos hacer el resto de la sociedad
es caer en la trampa del silencio.
El tema de la homosexualidad toma aire y espacio en los medios
de comunicación. El asunto no es casualidad. Los homosexuales
libran la madre de sus batallas: la batalla de la opinión
pública. Esta columna intenta aportar argumentos que protejan
la institución de la familia y de ninguna manera discriminar
o atacar a los homosexuales, quienes, como personas, merecen respeto.
Lógicamente, este respeto no implica ni supone la valoración
positiva de todos sus actos.
He leído un documento escrito por Michael Medved, estadounidense,
judío, crítico de cine y televisión, en donde
muestra el abecedario de la estrategia homosexual para ganar la
batalla de la opinión pública. El asunto no es invento
de Medved. Lo que él detalla a continuación apareció
publicado en 1984, en una revista especializada para gays. Los autores
son dos dirigentes norteamericanos del movimiento homosexual en
ese país, Marshall K. Kirk y Erastes Pill. La estrategia
se centra en tres puntos básicos. Primero, insensibilizar
y normalizar sobre el tema. Segundo, insistir en victimizar a los
gays. Y tercero, satanizar a los defensores de la familia.
Por cuestiones de espacio, resumo sólo párrafos del
contenido de este documento. Escriben Kirk y Pill: Lo primero
es insensibilizar al público con respecto a los gays, para
que vean a la homosexualidad con indiferencia, y no ya con apasionamiento.
Casi cualquier comportamiento empieza a parecer normal si se satura
al público. El modo de ablandar la sensibilidad espontánea
hacia la homosexualidad es que haya mucha gente que hable mucho
sobre el tema en términos normales o favorables. Que se hable
del tema continuamente da la impresión de que la opinión
pública está dividida. Lo principal es hablar del
tema hasta que llegue a resultar tremendamente aburrido. Es
decir, hasta que la gente lo vea natural.
Luego, los estrategas homosexuales prosiguen: Dónde
hablamos tiene su importancia. Los medios audiovisuales, el cine
y la TV, son claramente los más poderosos creadores de imagen
en la civilización occidental. El hogar medio norteamericano
consume siete horas diarias de TV. Esto abre un portón en
el mundo privado de los heterosexuales, por el que se puede introducir
un caballo de Troya. Poco a poco, se han ido introduciendo personajes
y temas gays en los programas de TV y en las películas recordemos
que esto se escribió en 1984.
En lo segundo, en lo de victimizar a los homosexuales, los estrategas
comienzan diciendo: Podemos minar la autoridad moral de las
iglesias homófobas, presentándolas como retrógradas
y anticuadas, desfasadas con los tiempos y los últimos descubrimientos
de la psicología. Frente al enorme empuje de la religión
institucional, hay que oponer el poder de atracción, aún
mayor, de la ciencia y la opinión pública. Semejante
no-santa alianza ha demostrado ser buena arma contra las iglesias
en temas como el divorcio o el aborto. Después aterrizan:
En toda campaña para ganarse al público, los
gays deben aparecer como víctimas necesitadas de amparo.
Si se les presenta como un grupo fuerte y orgulloso, que promueve
un estilo de vida rígidamente inconformista y desviado, entonces
será más fácil que sean vistos como una amenaza
pública.
Y finalmente está el punto de satanizar al oponente. Dicen
textualmente: En una fase posterior de la campaña,
habrá que arremeter contra los que todavía se opongan.
Hablando claro, hay que vilipendiarlos. Hemos de procurar cambiar
su arrogancia en sentimiento de vergüenza y de culpa por ser
homófobos. Esa misma presión hace que muy pocos
escriban sobre las cosas que hoy escribimos. La andanada de insultos
por parte de estas personas es siempre segura.
Frente a esta estrategia que en otras partes del mundo ha tenido
ya efectos devastadores, lo peor que podemos hacer el resto de la
sociedad es caer en la trampa del silencio; tampoco en la de satanizar
a estas personas. Medved sugiere que más que ser anti algo,
hemos de luchar desde todas las trincheras para fomentar y fortalecer
la vida familiar, el matrimonio y la unión monógama
entre el hombre y la mujer hoy día, a quien se oprime
y se victimiza de verdad es a la familia. Esto no sólo
neutralizará conductas anormales como la homosexualidad,
sino ayudará a combatir el mayor cáncer que corroe
a la institución familiar: la infidelidad matrimonial, el
divorcio, las mujeres abandonadas, la violencia intrafamiliar, todas
conductas que provienen de una cultura hedonista y poco solidaria
como en la que hoy vivimos.
Con respecto a la homosexualidad, el autor del documento termina
diciendo: ¿Podemos ganar en esta controversia? Podemos,
más aún: debemos. Por el bien de nuestra fe, por el
bien de nuestras familias y por el bien de nuestra civilización.
Y, sobre todo, por nuestros hijos y nietos, y por su futuro.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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