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La
columna nacional
El
plan Mano Dura es sólo una batalla de la guerra a librar
La
improvisación aniquila buenas ideas. La prepotencia de ciertos
profesionales que no consultan es otra causal .
Más que una defensa al plan Mano Dura, al que desconozco
en su conceptuación legal, quiero recalcar la absoluta bondad,
necesidad y pertinencia del concepto.
Todos entendemos que por mano dura estamos significando
un estado mental que está diciendo: ¡Hasta aquí
llegamos!. Es trazar una raya y decir: el que se pase de ella
se atendrá a tales consecuencias. Es poner un alto, es un
detener, es una justa cólera ante tanta criminalidad.
Pero, además de una voluntad resuelta, implica un entender
que para detener la amenaza es necesario utilizar recursos diferentes
a los que hasta ahora se han usado. Es:
* Endurecer las penas. Que el asocial sepa que le va a costar mucho
más caro.
* Favorecer los medios de investigación y captura. Que sepan
que no tendrán impunidad, pues la capacidad técnica
y la legislación misma están contra ellos.
* Realización de operativos disuasivos y preventivos. Con
apoyo de la Fuerza Armada.
* Reformas de tipo procesal, para impedir que por tecnicismos vayan
a salir liberados.
* Estar alerta con relación al aparato judicial, fiscal y
defensores, para que obren bien.
Estos y otros más, obviamente con un desarrollo, pero sin
perder de vista esencial que es el otro elemento del concepto y
es la dureza aplicativa con que deben realizarse. Digamos un par
de cosas relativas a esto, pues, si se malentiende, se nos vuelve
negativo:
1. Ya se trate de leyes nuevas, reforma de las existentes o procedimientos
normativos de tipo administrativo, deben todos ellos realizarse
con cuidado, guardando coherencia, claridad, falta de vacíos
y no ir contra el Derecho Natural, puesto que de nada sirve un buen
concepto con una mala ley.
2. La improvisación aniquila buenas ideas. La prepotencia
de ciertos profesionales que no consultan es otra causal. La infiltración,
que a propósito crea procedimientos inaceptables, es otra
causa. Y la estupidez también.
Así, pues, el concepto bienvenido de mano dura conlleva una
voluntad resuelta de aplicar duramente una legislación que
proteja a la ciudadanía honrada de los criminales.
Con todo, aunque grande e importante, es sólo una batalla.
Incluso contemplando sólo el cuadro de operaciones específicos
en el combate contra las pandillas, debe entenderse el Mano Dura
como una punta de lanza, como una operación de emergencia
y necesidad, como una cabeza de playa. Lo cual es una parte de lo
que sería un teatro de operaciones completo. Es un subteatro.
¿Qué es lo interesante de realizar estas distinciones?
Sencillamente, patentizar que estamos conscientes de la necesidad
de una batería completa de medidas a plazo medio y largo,
que pasan por medidas preventivas de educación desde la niñez,
aspectos culturales, deportivos y sociales, hasta llegar a otro
tipo de medidas, reeducativas, cautelares y de auténtica
rehabilitación (más difícil aún con
otro tipo de delincuentes).
Que se acepte y busquen las anteriores no desmerita un ápice
a las líneas conceptuales del Mano Dura, del que nos enorgullecemos
de haber colaborado con otros a pedir, a través
de los periódicos, haciéndonos voceros de una opinión
pública que lo ha solicitado y lo está agradeciendo
a gritos. Hay todavía un punto a ser advertido a los lectores.
Lo que sería una verdadera guerra.
No es un guión de ciencia ficción ni de horror el
afirmar que, en caso de que este plan no diera los resultados esperados,
en un transcurso mediano de tiempo, la sociedad se vería
obligada a tomar la más extrema, triste y cruel de las medidas:
la guerra. Entendámonos.
En este momento, la PNC y la FF.AA. nos están ahorrando a
los ciudadanos el flagelo supremo del combate directo. Nuestros
valientes uniformados están en las trincheras,
hay una retaguardia de servidores civiles de varias instituciones,
PERO el grueso de la población no está más
que llamado a apoyar, colaborar y sostener, que es bastante, que
es utilísimo y que creemos que pueda ser suficiente en estos
momentos. Ahora bien...
Si la mente y el corazón de los diputados opositores fuera
prisionera de la diabólica ceguera que propicia el deseo
de poder y destrucción e impidieran la eficaz realización
del salvador plan... no quedaría después y a
responsabilidad completa de la oposición que lanzar
los horrores de una macabra guerra en la que, para no morir toda,
tendrían que ser involucradas grandes porciones de población.
Evitémoslo apoyando el plan Mano Dura.
* Lic. en Ciencias Políticas.
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