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Breve
análisis
Comunicar
ayuda a gobernar
En
vista de que vivimos en época de incertidumbre ante las nuevas
amenazas a la paz y a la seguridad ciudadana, la comunicación
puede convertirse en puente de acercamiento para los ciudadanos.
La finalidad de la comunicación consiste en acercar a hombres
y mujeres, valores y culturas, lo cual sitúa a la comunicación
en el centro mismo de la democracia. Nos lleva ello a afirmar que
no puede existir hoy en día democracia sin comunicación.
El uso de la tecnología avanzada propicia el triunfo de la
comunicación en las relaciones interpersonales. Sin embargo,
lo importante es convertir la comunicación en instrumento
de entendimiento, diálogo y tolerancia ante las diferencias.
En tal perspectiva, los multimedia y redes de comunicación
pueden contribuir a aliviar los males de nuestra época, creando
diferentes formas de solidaridad humana.
El surgimiento de una nueva sociedad requiere, no obstante, algo
más que alta tecnología. No olvidemos que las desigualdades
de oportunidades, la dificultad de entenderse y de tolerarse, sigue
distanciando a personas, sectores y gobernantes. Ello nos lleva
a vivir en medio del aislamiento con relación a la clase
política y con desesperanza cuando vemos que no cumplen sus
promesas. Se impone diferenciar entre comunicación tecnológica
y comunicación humana.
Comunicación humana es lo que esperamos por parte de nuestros
dirigentes. En vista de que vivimos en época de incertidumbre
ante las nuevas amenazas a la paz y a la seguridad ciudadana, la
comunicación puede convertirse en puente de acercamiento
y de tranquilidad para los ciudadanos. Para ello es preciso acompañarla
con un proceso de entendimiento acerca de las identidades, respetando
lo que nos separa y encontrando espacios para que nuestra propia
evolución espiritual, psicológica y emocional se desarrolle
y le otorgue plenitud a nuestro ser.
La comunicación no debe únicamente trasladar promesas
contrariamente a lo que solemos ver durantes las campañas
electo- rales. Es preciso, además, que le ayude a la
población a desarrollar los conocimientos necesarios para
aprender a discernir y permitirle actuar en función de la
realidad.
La comunicación corresponde a determinado modelo cultural.
Por tanto, cabe decir que en el modelo de sociedades occidentales
con raíces judeo cristianas -como la nuestra-, donde se enaltecen
los valores de libertad individual, la comunicación, a su
vez, se adhiere a los valores fundamentales de libertad y de igualdad,
cimentado así un orden político democrático.
Cabe recordar que está integrada por un conjunto de técnicas
de alta tecnología y, en menos de un siglo, la comunicación
ha pasado de la forma directa a métodos a distancia. Presenciamos
hoy la comunicación entre líderes políticos
y ciudadanía por vía mediatizada. Por ello no es de
extrañar que, a través del sonido, imagen y datos,
durante una campaña política, algunos candidatos logran
despertar el interés de los votantes.
Una cosa es poseer técnicas de comunicación sofisticadas,
y otra es saber comunicar a nivel societal. Se espera de un gobernante
que se sepa comunicar con la sociedad en forma permanente.
La comunicación se ha convertido, además, en una necesidad
para las economías interdependientes. En otros términos,
el fenómeno de la comunicación moderna está
presente en el manejo de las economías, así como en
la forma de hacer política. No basta con comunicar, sino
pensar cómo comunicar y para quién comunicar.
Queramos o no, la comunicación lo ha invadido todo. Las distintas
manifestaciones de la sociedad se han adherido a la comunicación.
Implica una nueva forma de conocimiento y, a su vez, buscar una
nueva forma de dirigir los asuntos públicos. Los que trabajan
en el mundo académico de las comunicaciones saben que se
suele alzar cierta resistencia para entender más allá
del momento captado.
A los dirigentes políticos se les pide que sepan comunicar
para contribuir a conciliar el individualismo que caracteriza a
nuestras sociedades con los vínculos de cohesión social
necesarios para mantener integrados a los distintos sectores de
la población. La comunicación nos acerca pero, así
mismo, invade nuestro espacio vital, creando rechazo y violencia.
Por lo tanto, cuanto más existe comunicación, conviene
preservar las identidades de cada quien. La comunicación
como fenómeno societal está omnipresente y nadie escapa
a ella. Las formas de comunicar se han multiplicado, cediendo incluso
parte de nuestra libertad. Nos convertimos -a veces a expensas nuestras-
en consumidores de las grandes industrias culturales
de la comunicación. Hay que reconocer, sin embargo, la gran
maravilla de los tiempos modernos, ya que la comunicación
ha acercado a los hombres.
No existe política sin comunicación. Y hoy en día
la comunicación casi se sobrepone a la política o,
en todo caso, a los hombres políticos. Triunfan en la política
los que saben comunicar y demuestran que conocen y controlan la
situación. Hasta hace poco, el político se situaba
de cara al periodista; actualmente el político se sitúa
ante la opinión pública. Cuando hay crisis es necesario
montar una estrategia comunicativa diferente. Los medios suelen
acentuar las dificultades, le corresponde a la clase dirigente explicar
el problema y plantear soluciones.
La comunicación política surge a partir del momento
en que los líderes políticos se dirigen al electorado.
La comunicación política viene a ser el espacio privilegiado
de una sociedad democrática, donde se intercambian los discursos
contrapuestos entre los tres actores con legitimidad para expresarse
públicamente: los hombres políticos, los periodistas
y la opinión pública a través de sondeos. Cada
uno se expresa desde su posición, creando el espacio público
esencial para el funcionamiento de la democracia.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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