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Breve análisis
Comunicar ayuda a gobernar

Carmen-María Gallardo Hernández
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

En vista de que vivimos en época de incertidumbre ante las nuevas amenazas a la paz y a la seguridad ciudadana, la comunicación puede convertirse en puente de acercamiento para los ciudadanos.

La finalidad de la comunicación consiste en acercar a hombres y mujeres, valores y culturas, lo cual sitúa a la comunicación en el centro mismo de la democracia. Nos lleva ello a afirmar que no puede existir hoy en día democracia sin comunicación.

El uso de la tecnología avanzada propicia el triunfo de la comunicación en las relaciones interpersonales. Sin embargo, lo importante es convertir la comunicación en instrumento de entendimiento, diálogo y tolerancia ante las diferencias. En tal perspectiva, los multimedia y redes de comunicación pueden contribuir a aliviar los males de nuestra época, creando diferentes formas de solidaridad humana.

El surgimiento de una nueva sociedad requiere, no obstante, algo más que alta tecnología. No olvidemos que las desigualdades de oportunidades, la dificultad de entenderse y de tolerarse, sigue distanciando a personas, sectores y gobernantes. Ello nos lleva a vivir en medio del aislamiento con relación a la clase política y con desesperanza cuando vemos que no cumplen sus promesas. Se impone diferenciar entre comunicación tecnológica y comunicación humana.

Comunicación humana es lo que esperamos por parte de nuestros dirigentes. En vista de que vivimos en época de incertidumbre ante las nuevas amenazas a la paz y a la seguridad ciudadana, la comunicación puede convertirse en puente de acercamiento y de tranquilidad para los ciudadanos. Para ello es preciso acompañarla con un proceso de entendimiento acerca de las identidades, respetando lo que nos separa y encontrando espacios para que nuestra propia evolución espiritual, psicológica y emocional se desarrolle y le otorgue plenitud a nuestro ser.

La comunicación no debe únicamente trasladar promesas —contrariamente a lo que solemos ver durantes las campañas electo- rales—. Es preciso, además, que le ayude a la población a desarrollar los conocimientos necesarios para aprender a discernir y permitirle actuar en función de la realidad.
La comunicación corresponde a determinado modelo cultural. Por tanto, cabe decir que en el modelo de sociedades occidentales con raíces judeo cristianas -como la nuestra-, donde se enaltecen los valores de libertad individual, la comunicación, a su vez, se adhiere a los valores fundamentales de libertad y de igualdad, cimentado así un orden político democrático.

Cabe recordar que está integrada por un conjunto de técnicas de alta tecnología y, en menos de un siglo, la comunicación ha pasado de la forma directa a métodos a distancia. Presenciamos hoy la comunicación entre líderes políticos y ciudadanía por vía mediatizada. Por ello no es de extrañar que, a través del sonido, imagen y datos, durante una campaña política, algunos candidatos logran despertar el interés de los votantes.
Una cosa es poseer técnicas de comunicación sofisticadas, y otra es saber comunicar a nivel societal. Se espera de un gobernante que se sepa comunicar con la sociedad en forma permanente.

La comunicación se ha convertido, además, en una necesidad para las economías interdependientes. En otros términos, el fenómeno de la comunicación moderna está presente en el manejo de las economías, así como en la forma de hacer política. No basta con comunicar, sino pensar cómo comunicar y para quién comunicar.

Queramos o no, la comunicación lo ha invadido todo. Las distintas manifestaciones de la sociedad se han adherido a la comunicación. Implica una nueva forma de conocimiento y, a su vez, buscar una nueva forma de dirigir los asuntos públicos. Los que trabajan en el mundo académico de las comunicaciones saben que se suele alzar cierta resistencia para entender más allá del momento captado.

A los dirigentes políticos se les pide que sepan comunicar para contribuir a conciliar el individualismo que caracteriza a nuestras sociedades con los vínculos de cohesión social necesarios para mantener integrados a los distintos sectores de la población. La comunicación nos acerca pero, así mismo, invade nuestro espacio vital, creando rechazo y violencia. Por lo tanto, cuanto más existe comunicación, conviene preservar las identidades de cada quien. La comunicación como fenómeno societal está omnipresente y nadie escapa a ella. Las formas de comunicar se han multiplicado, cediendo incluso parte de nuestra libertad. Nos convertimos -a veces a expensas nuestras- en consumidores de las grandes industrias “culturales” de la comunicación. Hay que reconocer, sin embargo, la gran maravilla de los tiempos modernos, ya que la comunicación ha acercado a los hombres.

No existe política sin comunicación. Y hoy en día la comunicación casi se sobrepone a la política o, en todo caso, a los hombres políticos. Triunfan en la política los que saben comunicar y demuestran que conocen y controlan la situación. Hasta hace poco, el político se situaba de cara al periodista; actualmente el político se sitúa ante la opinión pública. Cuando hay crisis es necesario montar una estrategia comunicativa diferente. Los medios suelen acentuar las dificultades, le corresponde a la clase dirigente explicar el problema y plantear soluciones.

La comunicación política surge a partir del momento en que los líderes políticos se dirigen al electorado. La comunicación política viene a ser el espacio privilegiado de una sociedad democrática, donde se intercambian los discursos contrapuestos entre los tres actores con legitimidad para expresarse públicamente: los hombres políticos, los periodistas y la opinión pública a través de sondeos. Cada uno se expresa desde su posición, creando el espacio público esencial para el funcionamiento de la democracia.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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