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Andamios
Los ataques de la tepelcua y la casampulga
Estos
animales son tan temibles como los remedios que se deben emplear
para combatir el efecto de sus venenos o de sus furtivos ataques.
Las historias que se escuchan son sorprenden e inquietan a cualquiera.
La tepelcua es una culebra que abunda en las zonas rurales del
país. Su proceder es extraño: se introduce por el
ano de las víctimas, justo cuando estas defecan, acurrucadas,
en medio de los cafetales. Luego, se aloja en los intestinos.
Los afectados apenas pueden dar paso alguno, pues, la sensación
de tener un animal entre sus entrañas los enloquece.
Semejante monstruo debe expulsarse lo más pronto posible,
tanto por la incomodidad como por las consecuencias mortales.
La única forma de sacarle es la siguiente: el paciente debe
sentarse sobre una olla con leche caliente, ya que a la tepelcua
le gusta mucho la nutritiva bebida.
Al sentir el olor, de acuerdo a la creencia popular, la culebra
sale y bebe tanta lecha puede. Inmediatamente, la matan por el daño
causado.
Sólo cuando concluye esta especie de exorcismo, los afectados
sienten que el alma les vuelve a su puesto.
De allí, el famoso consejo, cuando alguien se introduce entre
los matorrales a defecar: tené cuidado, no te vaya
a salir una tepelcua.
En tanto, la casampulga es una araña y, aunque muy pequeña,
es más mortal, debido al veneno que tienen.
Para muchos, esta araña no es más que la viuda negra.
Camina sigilosa y ataca en el menor descuido.
Su picada provoca un leve dolor. Inmediatamente, en tan sólo
unos segundo, el cuerpo se comienza a dormir , mientras el veneno
se esparce por el torrente sanguíneo. Luego, viene la fiebre
y los delirios, los fantasmas que acechan y los animales que hablan.
El paciente debe de ser atendido en ese momento, sino muere atribulado.
Debido a la lejanía de los hospitales o de los centros de
salud, la gente se inventó un remedio infalible hace mucho
tiempo: el afectado debía tomar un brebaje hecho con heces
humanas. En el campo, le llaman horchata de caca.
Esta era la única opción. El queno ingería
tan asquerosa bebida, padecía una muerte dolorosa, devastadora.
Aunque lo anterior se ha escuchado con insistencia (cada quien cuenta
una anécdota distinta), aún no se ha logrado encontrar
a alguien que haya vivido tan doloroso proceso.
Para dicha de cualquier desafortunado, los tiempos han cambiado
y puede recurrir a un hospital, en donde le suministrarán
un antídoto contra una picadura de ese tipo. De lo contrario...
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