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Andamios
Los ataques de la tepelcua y la casampulga

Estos animales son tan temibles como los remedios que se deben emplear para combatir el efecto de sus venenos o de sus furtivos ataques. Las historias que se escuchan son sorprenden e inquietan a cualquiera.

Por oscar tenorio
El Diario de Hoy
escenarios@ el salvador.com

La tepelcua es una culebra que abunda en las zonas rurales del país. Su proceder es extraño: se introduce por el ano de las víctimas, justo cuando estas defecan, acurrucadas, en medio de los cafetales. Luego, se aloja en los intestinos.

Los afectados apenas pueden dar paso alguno, pues, la sensación de tener un animal entre sus entrañas los enloquece.

Semejante monstruo debe expulsarse lo más pronto posible, tanto por la incomodidad como por las consecuencias mortales.

La única forma de sacarle es la siguiente: el paciente debe sentarse sobre una olla con leche caliente, ya que a la tepelcua le gusta mucho la nutritiva bebida.

Al sentir el olor, de acuerdo a la creencia popular, la culebra sale y bebe tanta lecha puede. Inmediatamente, la matan por el daño causado.

Sólo cuando concluye esta especie de exorcismo, los afectados sienten que el alma les vuelve a su puesto.
De allí, el famoso consejo, cuando alguien se introduce entre los matorrales a defecar: “tené cuidado, no te vaya a salir una tepelcua”.

En tanto, la casampulga es una araña y, aunque muy pequeña, es más mortal, debido al veneno que tienen.
Para muchos, esta araña no es más que la viuda negra. Camina sigilosa y ataca en el menor descuido.

Su picada provoca un leve dolor. Inmediatamente, en tan sólo unos segundo, el cuerpo se comienza a dormir , mientras el veneno se esparce por el torrente sanguíneo. Luego, viene la fiebre y los delirios, los fantasmas que acechan y los animales que hablan.

El paciente debe de ser atendido en ese momento, sino muere atribulado.

Debido a la lejanía de los hospitales o de los centros de salud, la gente se inventó un remedio infalible hace mucho tiempo: el afectado debía tomar un brebaje hecho con heces humanas. En el campo, le llaman “horchata de caca”.

Esta era la única opción. El queno ingería tan asquerosa bebida, padecía una muerte dolorosa, devastadora.
Aunque lo anterior se ha escuchado con insistencia (cada quien cuenta una anécdota distinta), aún no se ha logrado encontrar a alguien que haya vivido tan doloroso proceso.

Para dicha de cualquier desafortunado, los tiempos han cambiado y puede recurrir a un hospital, en donde le suministrarán un antídoto contra una picadura de ese tipo. De lo contrario...

 

 

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