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Sentido
común
No
hay pollo por cinco
Algunas
de las cosas que he aprendido sobre ciertos pro-ductos supuestamente
naturales, han puesto de punta los diecisiete pelos
que aún pueblan la faz de mi cabeza.
Todos tenemos vela en este entierro. Este debate público
que tanto echamos de menos resultaría improductivo en un
ambiente de sesgos, medias verdades, manipulaciones.
Una familia amiga se ha pasado las vacaciones de agosto en los parques
de la Florida. Al marido, dos cosas le han impresionado de este
viaje: uno, la capacidad de la mujer y de la hija para conjugar
el verbo comprar, y dos, la cantidad de gente obesa que atiborraba
las atracciones. De cada tres me ha dicho mi observador,
uno era hermosón (a).
En Estados Unidos no hay miseria ni para la gordura. Dice Alfonso
Armada, corresponsal del español ABC en Nueva York, que la
bandeja de golosinas con la que entran algunos estadounidenses a
los cines es una bandeja semejante a la de los aviones, para
que el espectador/comensal pueda acomodar todo lo que va a deglutir,
mientras ingiere su dosis de Terminator 3 o Los Angeles de Charlie
2, o lo que se tercie.
La gordura en Estados Unidos no tiene igual. De 280 millones de
habitantes, 44 millones son obesos. La frecuencia de obesidad se
ha incrementado en más del 75% desde 1980, y el sobrepeso
en niños en más del doble desde 1976. Éstas,
que son cifras oficiales, explican por qué mueren en ese
país 300,000 personas al año de enfermedades relacionadas
con el exceso de peso. Aquí, que somos amantes de la fritura,
tampoco hemos de andar tan bien en esto del sobrepeso. Lo peor del
caso es que, en países como el nuestro, no siempre tenemos
la mejor información sobre lo que comemos o tomamos para
dejar de comer.
Las viñetas, muchas veces, engañan. Un buen marquesote
o unos deliciosos cacahuates endulzados, procesados con grasas vegetales,
no siempre deberían ser sinónimos de tranquilidad
para nuestras conciencias que en esto y después de
cierta edad, nuestras conciencias se vuelven ligeramente quisquillositas.
En más ocasiones de las que pensamos, esos aceites o grasas
vegetales de coco, palma, etc. con los que procesan
algunas galletas, reposterías y golosinas, son tan o igualmente
peligrosos que la mismísima manteca o la mantequilla.
Luego está lo otro, lo de la dieta y/o las cosas que tomamos
para adelgazar. Hoy está de moda lo natural para bajar de
peso, pero, ojo, que con esto de lo natural podríamos
estar frente a una natural media verdad que nos podría meter
en un natural medio aprieto. Para escribir sobre esto, he consultado
con dos especialistas en obesidad y he leído el reporte que,
sobre este tema, ha publicado recientemente el New England Journal
of Medicine. Algunas de las cosas que he aprendido sobre ciertos
productos supuestamente naturales han puesto de punta
los diecisiete pelos 100% naturales que aún pueblan
la faz de mi cabeza.
Paso la información al costo. Sobre el tema, ambas expertas
han coincidido en señalarme que algunos de estos suplementos
de dieta o preparaciones herbáceas, que se venden como
inofensivos por su misma composición, contienen ingredientes
a los que hay que tenerles mucho cuidado. Por ejemplo, me han hablado
de algunas sustancias aceleradoras del metabolismo basal, que si
bien ciertamente ayudan a bajar de peso, pueden, si el paciente
no toma las precauciones médicas del caso, terminar afectando
seriamente su salud (desde tembladera, taquicardia hasta depresión,
sicosis y apoplejías). Éste es sólo un caso,
pero hay más.
Sobre este tipo de productos, la prestigiosa publicación
New England Journal of Medicine (www.nejm.org, vol. 346, No. 8.
21 de febrero de 2002), es clara en afirmar: Debido a las
impredecibles cantidades de ingredientes activos y al potencial
para efectos dañinos, los lineamientos de los Institutos
de Salud (de los Estados Unidos), indican que las preparaciones
herbáceas no son recomendadas como parte de un programa de
pérdida de peso. Obviamente, se necesitarán
más estudios y de más largo plazo en el futuro.
Lo anterior nos hace concluir que si bien el problema de la obesidad
es un desorden serio y frecuente cuyo control es importantísimo,
no debemos caer en el error de pensar que cualquier producto enviñetado
como natural es totalmente seguro. El Consejo Salvadoreño
de Salud Pública con su Junta de Vigilancia correspondiente,
la DPC si es que todavía existe los medios de
comunicación y la comunidad médica del país
podrían investigar y orientarnos un poco más sobre
estos asuntos.
La gente tiene derecho a estar informada. Uno también tiene
que poner de su parte. Debe abrir bien los ojos y comprender que
en esto de la gordura u obesidad, no hay pollo por cinco. La fórmula
segura y más saludable sigue siendo la misma: dieta balanceada
y adecuada, y ejercicio moderado. Esta receta, además de
segura, es gratis.
*Columnista de El Diario de Hoy.
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