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Sentido común
No hay pollo por cinco

Ricardo Rivas*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Algunas de las cosas que he aprendido sobre ciertos pro-ductos supuestamente “naturales”, han puesto de punta los diecisiete pelos que aún pueblan la faz de mi cabeza.

Todos tenemos vela en este entierro. Este debate público que tanto echamos de menos resultaría improductivo en un ambiente de sesgos, medias verdades, manipulaciones.

Una familia amiga se ha pasado las vacaciones de agosto en los parques de la Florida. Al marido, dos cosas le han impresionado de este viaje: uno, la capacidad de la mujer y de la hija para conjugar el verbo comprar, y dos, la cantidad de gente obesa que atiborraba las atracciones. De cada tres —me ha dicho mi observador—, uno era hermosón (a).

En Estados Unidos no hay miseria ni para la gordura. Dice Alfonso Armada, corresponsal del español ABC en Nueva York, que la bandeja de golosinas con la que entran algunos estadounidenses a los cines “es una bandeja semejante a la de los aviones, para que el espectador/comensal pueda acomodar todo lo que va a deglutir, mientras ingiere su dosis de Terminator 3 o Los Angeles de Charlie 2, o lo que se tercie”.

La gordura en Estados Unidos no tiene igual. De 280 millones de habitantes, 44 millones son obesos. La frecuencia de obesidad se ha incrementado en más del 75% desde 1980, y el sobrepeso en niños en más del doble desde 1976. Éstas, que son cifras oficiales, explican por qué mueren en ese país 300,000 personas al año de enfermedades relacionadas con el exceso de peso. Aquí, que somos amantes de la fritura, tampoco hemos de andar tan bien en esto del sobrepeso. Lo peor del caso es que, en países como el nuestro, no siempre tenemos la mejor información sobre lo que comemos o tomamos para dejar de comer.

Las viñetas, muchas veces, engañan. Un buen marquesote o unos deliciosos cacahuates endulzados, procesados con grasas vegetales, no siempre deberían ser sinónimos de tranquilidad para nuestras conciencias —que en esto y después de cierta edad, nuestras conciencias se vuelven ligeramente quisquillositas—. En más ocasiones de las que pensamos, esos aceites o grasas vegetales —de coco, palma, etc.— con los que procesan algunas galletas, reposterías y golosinas, son tan o igualmente peligrosos que la mismísima manteca o la mantequilla.

Luego está lo otro, lo de la dieta y/o las cosas que tomamos para adelgazar. Hoy está de moda lo natural para bajar de peso, pero, ojo, que con esto de lo “natural” podríamos estar frente a una natural media verdad que nos podría meter en un natural medio aprieto. Para escribir sobre esto, he consultado con dos especialistas en obesidad y he leído el reporte que, sobre este tema, ha publicado recientemente el New England Journal of Medicine. Algunas de las cosas que he aprendido sobre ciertos productos supuestamente “naturales” han puesto de punta los diecisiete pelos —100% naturales— que aún pueblan la faz de mi cabeza.

Paso la información al costo. Sobre el tema, ambas expertas han coincidido en señalarme que algunos de estos “suplementos de dieta o preparaciones herbáceas”, que se venden como inofensivos por su misma composición, contienen ingredientes a los que hay que tenerles mucho cuidado. Por ejemplo, me han hablado de algunas sustancias aceleradoras del metabolismo basal, que si bien ciertamente ayudan a bajar de peso, pueden, si el paciente no toma las precauciones médicas del caso, terminar afectando seriamente su salud (desde tembladera, taquicardia hasta depresión, sicosis y apoplejías). Éste es sólo un caso, pero hay más.

Sobre este tipo de productos, la prestigiosa publicación New England Journal of Medicine (www.nejm.org, vol. 346, No. 8. 21 de febrero de 2002), es clara en afirmar: “Debido a las impredecibles cantidades de ingredientes activos y al potencial para efectos dañinos, los lineamientos de los Institutos de Salud (de los Estados Unidos), indican que las preparaciones herbáceas no son recomendadas como parte de un programa de pérdida de peso”. Obviamente, se necesitarán más estudios y de más largo plazo en el futuro.

Lo anterior nos hace concluir que si bien el problema de la obesidad es un desorden serio y frecuente cuyo control es importantísimo, no debemos caer en el error de pensar que cualquier producto enviñetado como “natural” es totalmente seguro. El Consejo Salvadoreño de Salud Pública con su Junta de Vigilancia correspondiente, la DPC —si es que todavía existe— los medios de comunicación y la comunidad médica del país podrían investigar y orientarnos un poco más sobre estos asuntos.

La gente tiene derecho a estar informada. Uno también tiene que poner de su parte. Debe abrir bien los ojos y comprender que en esto de la gordura u obesidad, no hay pollo por cinco. La fórmula segura y más saludable sigue siendo la misma: dieta balanceada y adecuada, y ejercicio moderado. Esta receta, además de segura, es gratis.

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

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