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Evangelio
para domingo:
San Juan 6, 51-58
Mi sangre es verdadera bebida
Yo
soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan
vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne,
y lo daré para vida del mundo.
Los
judíos discutían entre sí: ¿Cómo
puede éste darnos a comer carne?. Jesús les
dijo: En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo
del Hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que
come mi carne y bebe mi sangre vive de vida eterna, y Yo lo resucitaré
el último día.
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El
que come mi carne y bebe mi sangre permanece en Mí y Yo en
él. Como el Padre, que es vida, me envió y Yo vivo
por el Padre, así quien me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo. Pero no como el de vuestros
antepasados, que comieron y después murieron. El que coma
este pan vivirá para siempre.
Comentario
Jesús da vitalidad a la humanidad
Yo soy el Pan vivo...
Seguimos meditando el extenso capítulo sexto del Evangelio
de San Juan: en el pasaje de hoy, Jesús retoma el tema del
pan y se presenta Él mismo como alimento que hace vivir siempre,
para la vida del mundo.
Naturalmente es vida humana, personal, totalmente encarnada,
no extraña o rara...
¿Cómo puede éste ...
La controversia con los que lo escuchan no cesa; sin embargo, eso
le sirve a Jesús para profundizar su enseñanza: quienes
quieren seguirlo y recibir el don de la vida deben unirse estrechamente
a Él. ¡No hay otra manera de ser discípulo de
Jesús y de alcanzar la salvación!
El que me coma vivirá por Mí...
Este es el pan bajado del cielo.... Jesús no
vino a dar cosas, sino a darse a sí mismo como
vida. Él es pan a compartir y repartir; es el alimento disponible
para los demás. Los seguidores de Jesús deben estar
firmemente persuadidos de esto para poder ser auténticos
testigos suyos.
En nuestra actual vida de fe...
En la vida amamos, sufrimos, padecemos hambre y sed, comemos, crecemos...
No podemos prescindir de esas acciones para darle vitalidad a nuestra
existencia.
En nuestra vida de fe también es indispensable tener esa
fuente de vitalidad: La comunión con Jesús y entre
los creyentes, que implica asimilación de su palabra, unanimidad
de sentimientos y puesta en común de los bienes para que
no haya pobres, aquellos que mueren antes de tiempo,
los amenazados injustamente por la muerte...
Comulgar, en nuestras comunidades de fe, es hacer nuestro el sentido
que Jesús quiso darle a su vida y entrega, hacer nuestro
su cometido de predicación de su Buena Noticia.
P. Sixto Alfonso Flores, Sdb
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