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Meditando
Karol... ¡vas a ser Papa!

Abel Salazar Rodezno*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

La poesía de Wojtyla era “un modo de estar presente para otros en una conversación sobre la verdad de las cosas... era la perspicacia de su visión de las relaciones humanas, las luchas de la conciencia individual, la experiencia mística...” que exhibía una sorprendente capacidad de llegar al interior de la experiencia y la conciencia ajena”

(Primera parte)
Stefan Swiezawki, profesor-historiador de Filosofía de Lublin, no era un hombre impulsivo. En abril de 1974 se encontraba con Karol Wojtyla, nombrado Cardenal el 28 de junio de 1967 por Pablo VI, en la famosa abadía francesa de Fossanuova, y sin poder reprimir un sentimiento brusco que le nació en el corazón, le dijo a su amigo: “Vas a ser Papa”.

Los dos habían trabajado en el Concilio Vaticano II, convocado por Juan XXIII, y asistían a la fundación circense en Italia, establecida en 1133 por monjes franceses de Citeaux, a sesiones de un congreso internacional que marcaba el séptimo centenario de la muerte de Tomás de Aquino, pensador “enorme, labor erudita, reflejaba una vida en la encrucijada de la fe y la razón”. Wojtyla había sido ordenado sacerdote el primero de noviembre de 1946, en la capilla privada de la residencia episcopal situada en el número tres de la calle Franciskanka, en Cracovia, por Adam Stefan Sapieha, investido Cardenal por Pío XII.

Sapieha, prominente defensor de la soberanía de Polonia y de sus hé- roes nacionales del Siglo XIX, quería que sus sacerdotes de mayor talento tuvieran experiencias en Roma, y mandó a Karol a realizar estudios doctorales de Teología en el Ateneo Pontificio.
El primer destino pastoral de Karol, en 1948, fue en la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora de Niegowic, en las estribaciones de los Cárpatos; al llegar al territorio de la parroquia se arrodilló y besó el suelo, emulando al cura de Ars.

En los primeros diez años de su vida sacerdotal, Karol Wojtyla se convirtió en dramaturgo y poeta. Pero su actividad literaria no suponía un pasatiempo, sino que “era otra manera de hallarse presente en las vidas de los demás, a través del medio natural del escritor, que era el diálogo... el servicio a los pobres en la transformación de la cultura, que con el tiempo llevará a la transformación de la política”.

La poesía de Wojtyla era “un modo de estar presente para otros en una conversación sobre la verdad de las cosas... era la perspicacia de su visión de las relaciones humanas, las luchas de la conciencia individual, la experiencia mística..., que exhibía una sorprendente capacidad de llegar al interior de la experiencia y la conciencia ajena”.

El Cardenal Sapieha, el Príncipe Constante, murió el 23 de julio de 1951. Pero había labrado en piedra fina. Wojtyla estudiaba constantemente. Fortalecía sus conocimientos. Recordaría con el tiempo que luchar con el “segundo imperativo categórico de Kant había sido particularmente importante para su pensamiento posterior”. Habría dicho a unos invitados: “Kant, Mein Gott Kant”.

Así forjó la recia solidez de su espíritu, como para llegar con firmeza asombrosa a una intuición de “fenomenologista natural” para analizar con certeza a Scheller.
“El resultado global sería lo que Wojtyla llamaría, años después, un modo de hacer filosofía, que sintetizaba ambos enfoques: El realismo metafísico de Aristóteles y Santo Tomás de Aquino y la sensibilidad frente a la experiencia humana de la fenomenología de Scheller”.

El 4 de julio de 1958, Karol Wojtyla es nombrado Obispo Auxiliar de Cracovia por Pío XII. Con sus 38 años, el obispo más joven de Polonia. Iba fortaleciendo con la “relectura histórica efectuada por Etienne Gilson de Tomás de Aquino y con la moderna interpretación tomista de la ética social católica de Jacques Maritain, incluida la defensa moral de la democracia como el método de gobierno que más reflejaba la dignidad humana”.

* Dr. en Derecho

 

 

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