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El Salvador en perspectiva
Crisis insólita

Mario Rosenthal*
El Diario de Hoy
e-mail: mrelsalv@navegante.com.sv

Las fiestas se pueden, y se deben celebrar, pero sin paralizar gran parte de la actividad productiva y prestación de servicios necesarios.

Creemos que los historiadores del futuro calificarán la época en que vivimos como tan significativa como el fin del feudalismo y el desarrollo de la revolución industrial, y hablarán del Siglo XXI como “los cien años de la adaptación”. Durante los 2,000 años de la Era Cristiana, que para los demógrafos occidentales comienza en 1 A.D., el crecimiento de la población humana ha sido cada vez más vertiginoso.

Los académicos reconocidos en la materia estiman que la población humana mundial en el año 1 A.D. fue de 200 millones. No hemos podido establecer cómo llegaron a esa cifra, pero tampoco hemos encontrado quien la refute y la aceptamos. Sólo 1,850 años más tarde, en 1850, se estima que la población mundial había alcanzado mil millones y sólo 80 años más tarde, o sea en 1930, la población se había doblado a dos mil millones. Apenas 66 años más tarde, o sea en 1996, la población se había triplicado a seis mil millones. En otras palabras, donde se alimentaba y vivía una sola persona, hoy hay 30, pero donde la densidad de población es mayor, puede haber muchos cientos.

Los 200 millones de seres humanos que compartían la tierra hace 2 mil años habían logrado distintos niveles de adelanto. Una parte todavía se alimentaba de lo que le proveía la naturaleza. La más adelantada cultivaba sus alimentos y no dependía de la flora y fauna para sobrevivir.
El crecimiento de la población, poco a poco, fue agotando la capacidad de la naturaleza de sostener a la mayoría y la solución fue el desarrollo agropecuario, que durante largo período fue la base de la economía doméstica y la externa mundial. Cuando el crecimiento poblacional y el agotamiento de los recursos de la naturaleza se agotaban, el remedio era la emigración en masa, generalmente por conquista.

Con los adelantos en los métodos de producción, la economía agropecuaria perdió su ascendencia. La revolución industrial y la tecnología moderna transformaron radicalmente la estructura social y las costumbres milenarias basadas en la familia. La crisis insólita que percibimos es la reconciliación de los problemas milenarios económicos, sociales y políticos de siempre con las condiciones actuales.

La fuente de la energía del comercio, que es el andamio de la economía, es la producción y el consumo, y su estabilidad depende de una reciprocidad satisfactoria. El catalizador es la mano de obra. Por un lado, es compensada por producir y, por otro, consume para compensar al productor. Encontrar un balance justo para esta ecuación ha sido motivo de discordia interminable desde que el hombre aprendió a contar.

Cuando hay exceso de producción o su costo no es competitivo, el problema se reduce a disponer de los excedentes ampliando el mercado, subsidiando el producto para poder vender a menos de costo, prohibiendo la venta de productos competitivos, o perfeccionando el sistema de producción para volverlo eficiente. ¿Pero qué se puede hacer si los adelantos en la automatización, necesarios para lograr la competitividad vuelven obsoleto un alto porcentaje de la mano de obra?

Los otros problemas que mencionamos se prestan a paliativos provisionales, pero mantener la mano de obra productiva y autosostenible es el gran reto del futuro. Involucra cambios en lo social, lo político y en la economía. Hay que agregar que se han inventado armas tan poderosas que son capaces de exterminar todo ser viviente terrenal. La historia enseña que, si los hombres tienen armas, es inevitable que las usen, aunque corren el riesgo de morir. Por eso el Siglo XXI se llamará “Los cien años de adaptación”, porque no adaptamos, no habrá historiadores ni nada.
ACLARACIÓN. La Dirección General de Migración nos aclara que sus servicios no fueron cerrados, como otras oficinas del gobierno, del 1 al 6 de agosto, como se menciona en nuestro artículo “El costo de las fiestas”, del 10 de agosto, de acuerdo con su boletín del 31 de julio. Explicamos que nuestros artículos se entregan con anticipación, por tal motivo no vimos el mencionado boletín. De todos modos, les felicitamos por el buen servicio que brindan, según nos informan.

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.

 

 

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