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Centinela
de muchos recuerdos
Don
Rafael Osegueda, de 52 años, es el fiel centinela de la antigua
y deteriorada casona de la hacienda Santa Bárbara, municipio
de El Paraíso, en Chalatenango.
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Hasta 1980, la hacienda
Santa Bárbara era uno de los lugares más prósperos
y atractivos del municipio de El Paraíso.
Fotos EDH/AEvelyn Ungo
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Hasta 1980, la hacienda Santa Bárbara era uno de los lugares
más prósperos y atractivos del municipio de El Paraíso.
Decenas de hombres, mujeres y niños trabajaban a diario en
los vastos terrenos del lugar cultivando caña, maíz,
arroz, frijol y maicillo; también se dedicaban a la elaboración
de azúcar de pilón, queso y cuajada. Sus propietarios
eran los Bustamante Urbina, una de las familias más connotadas
de aquellos tiempos.
En esa época, el centro de operaciones de la hacienda era
una lujosa residencia de estilo colonial, conocida por los lugareños
como La Casona. Sus bellos jardines, los estilados arcos, las puertas
y las ventanas de fina madera, los bellos candelabros y el piso
pulido eran los detalles que hacían resaltar a la vivienda.
Pero todo ese brillo y belleza se fue apagando con el pasar del
tiempo. Y es que con la reforma agraria, los dueños de la
propiedad tuvieron que abandonar la hacienda (incluyendo La Casona)
y entregarla a la cooperativa de trabajadores del lugar.
Hoy en día, la casa luce deteriorada, con paredes, cielo
falso y piso de madera en pésimas condiciones. Las habitaciones
que antes eran utilizadas por hacendados para descansar o para pagarle
a los trabajadores hoy son ocupadas por decenas de murciélagos
e insectos.
Atrapado en el tiempo
Aunque La Casona luce deteriorada, no está abandonada del
todo. Siempre es cuidada con recelo por don Rafael Osegueda, uno
de los nativos del lugar. Él ha sido contratado por la cooperativa.
Desde tempranas horas de la mañana el señor Osegueda
se dispone a comenzar su cotidiana tarea. Armado con paciencia y
en ocasiones de un machete se aposta contiguo al arco de entrada
de la vieja vivienda. Ahí permanece mucho tiempo cuidando
que los intrusos no se introduzcan a dañar más el
inmueble.
Cuando se cansa o se aburre de estar en ese punto de la casa, camina
por los corredores.
Antes aquí era muy bonito. Los dueños de la
casa la tenían bien cuidada. Lo que más llamaba la
atención eran los jardines y la fuente, expresa don
Rafael.
El centinela añora los tiempos de bonanza y las algarabías
hechas por los trabajadores de la hacienda. Pero ahora no queda
nada de eso: toda la prosperidad y el bullicio parecen haber quedado
atrapados en las gruesas paredes de adobe.
El silencioso trabajo de este hombre parece ser contemplado día
y noche por Santa Bárbara (patrona del lugar), cuya imagen
está pintada en una de las paredes de la propiedad.
Los antiguos dueños eras devotos de esta santa,
dice el señor Osegueda.
Recinto tenebroso
La Casona tiene un aspecto tenebroso: sus habitaciones son oscuras
y están impregnadas con el fétido olor del excremento
de los murciélagos, los viejos candelabros están vestidos
de telarañas y las vigas que sostienen el piso de madera
de la planta alta están carcomidas. La gradas de madera rechinan
fuertemente cuando alguien las utiliza.
Los únicos que permanecen en excelentes condiciones son las
puertas y los pisos de ladrillo rojo.
Según el señor Osegueda, la apariencia sombría
que posee la vivienda no está relacionada con seres fantasmales.
Muchos piensan que en este lugar espantan, pero no es así.
Yo me quedo en las noches y nunca veo fantasmas. Los únicos
que sacan sustos son los murciélagos que a cada rato pasan
volando, expresa don Rafael.
Pese a las inclemencias del tiempo, La Casona sigue en pie, esperando
su pronta restauración. Mientras llega ese momento, don Rafael
Osegueda continúa cuidándola y remembrando los agradables
momentos que en ella vivió.
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Cerca del río
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Los terrenos de la hacienda
eran propiedad de la familia Parker Delgado, luego ellos se
la vendieron a la familia Bustamante Urbina.
Esta familia construyó en 1918 La Casona. Su
diseñador fue el arquitecto Armando Sol.
En la hacienda también funcionó el ingenio
San Esteban.
La Hacienda Santa Bárbara y La Casona están
ubicadas en las riberas del río Lempa. El casco linda
con el embalse del Cerrón Grande.
El inmueble está en venta.
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