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ARENA
o el caos
El
comunismo en El Salvador, ahora
Se
construyó una red de carreteras pavimentadas de punta a punta,
levantando, con fondos propios del erario nacional, el famoso puente
colgante en el río Lempa.
(Segunda parte)
Sólo es de imaginar lo que puede suceder cuando se
rompan las relaciones entre nuestro país y los Estados Unidos.
Presidente Flores. (11/06/03 L.P.G. PÁG. 90).
En 1932, el 22 de enero, durante la presidencia del Gral. Maximiliano
Martínez, y los comunistas, bajo el liderazgo de Agustín
Farabundo Martí, Mario Zapata y Alfonso Luna, dirigieron
y apoyaron la fracasada y sangrienta insurrección armada
campesina en la zona occidental del país, aprovechando la
dura crisis económica mundial de los años 29 y 30
del siglo pasado y, por ende, de los bajos precios del café,
a ocho colones el quintal oro, que era el caldo de cultivo para
promover la revolución marxista-leninista que se aproximaba.
La insurrección duró pocos días, con trágicos
resultados de muerte y destrucción, convirtiendo a El Salvador
en el primer intento de toma de poder por la fuerza en el continente
americano. Los tres líderes marxistas fueron ejecutados por
un consejo de guerra militar.
Después de esa hecatombe social, El Salvador entró
en una era de paz y progreso con el Presidente Martínez,
muy pocas veces igualada en nuestra historia, sin otros recursos
o entradas que los del café, sin préstamos ni remesas
familiares, hubo un buen gobierno de honestidad, orden y trabajo,
se estabilizó de inmediato nuestra moneda, el colón,
a ¢2.50 por un dólar, y se dio una justa Ley Moratoria,
que podría servir de ejemplo entre acreedores y deudores.
Se crearon nuevas instituciones financieras: Bancos Central de Reserva
e Hipotecario, Federación de Cajas de Crédito, Instituto
de Mejoramiento Social, se promovió la vivienda urbana barata
y lotificación campesina en gran escala, respetando la propiedad
privada sin la demagogia de una función social,
comprando sin bonos de la reforma agraria grandes propiedades,
como la hacienda de Zapotitán, que ha producido muchos beneficios,
etc.
Hubo respeto a la banca privada, llegando a un excelente acuerdo
de pasar el oro físico de esa banca al Central de Reserva,
para estabilizar el colón con el dólar.
Disciplinó la enseñanza, construyendo el moderno edificio
del Instituto Nacional Gral. Francisco Menéndez, que ahora
es la Alcaldía Municipal de San Salvador, sacando buenos
bachilleres, que después fueron excelentes profesionales.
Se construyó una red de carreteras pavimentadas de punta
a punta, levantando, con fondos propios del erario nacional, el
famoso puente colgante en el río Lempa, orgullo nacional,
y después destruido ignominiosamente por el castro-comunismo-farabundista,
una a-frenta o total desprecio a nuestra nacionalidad o nacionalismo.
Pero por encima de ese duro golpe que sufrió El Salvador
en lo físico y moral, tenemos el simbólico gesto que
tuvo el Presidente Martínez al colocar en la Asamblea Legislativa
una placa conmemorativa, llamando la atención al pueblo salvadoreño,
para no contratar nuevos empréstitos y dejar solvente la
nación, gesto de un puro nacionalismo que luego, al poco
tiempo, fue borrado por los mismos representantes del pueblo...
así se escribe la historia, es nuestra indio... singracia.
Desgraciadamente, el excelente gobierno del Presidente Martínez
se desplomó, cometiendo gravísimos errores, al pretender
perpetuarse en el poder en períodos sucesivos, irrespetando
la alternabilidad en el mismo poder y al haber fusilado en una rebelión,
el 2 de abril de 1944, a sus compañeros de armas, lo que
vino a provocar, primero, una huelga universitaria y, luego, una
huelga nacional de brazos caídos, que hizo renunciar
al Presidente el memorable 9 de mayo de 1944.
Martínez es reconocido como el mejor Presidente que ha tenido
El Salvador.
* Dr. en Derecho
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