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Méliès recién había comprado una cámara tomavistas con la idea de rodar escenas rutinarias en la Plaza de la Opera (al estilo de los hermanos Lumière: salidas de fábricas, llegadas de trenes, bebés llorando...). cuando la cámara se atascó. Al ver el resultado, lo que la cinta proyecta es que el autobús Madeleine-Bastilla se convierte en una carroza fúnebre; donde paseaban unos caballeros, de repente, aparecen unas mujeres. ¡Maravilla! El cine es la puerta hacia la fantasía. Por eso es que la última obra de la asociación comercial Pixar-Disney llamada Buscando a Nemo me provoca esa sucesión de emociones pues la animación por ordenador rompe las barreras de lo posible. ¿No la han ido a ver porque es para sus sobrinos? Disculpen, pero están perdidos. Si te gusta el cine, es de rigor ir tres veces. La maravilla del coral australiano fundiéndose con los haces de luz submarina es fascinante, por ejemplo, y lograr el mundo microscópico en celuloide no sería fácil. John Lasseter, el creador de Pixar, que no has maravillado desde la memorable Toy Story (1995) tiene claro una cosa: el discurso es un complemento esencial en las historias que produce. Lasseter cambió el rumbo de la fórmula Disney, que llegó a su máxima expresión con El rey león. ¿Cuál fue el aporte de Lasseter? La humanización de sus personajes en cuanto a sujetos presas de complejos, temores, conflictos y emociones encontradas. Es decir, aquella fórmula aterciopelada de un mundo ideal ya no es tal. Si no lo captan, repasen en los recovecos de su memoria el argumento de Bichos (1998), Toy Story 2 (1999) y Monstruos Inc. (2001). A Walt Disney quizá no le gustaría el cambio, pero -sin duda- le fascinaría el éxito: los estudios Pixar han recaudado más de 1.456 millones de dólares. Pero la pregunta de rigor y que empieza a flotar en el mundillo de la industria cinematográfica es si John Lasseter renovará el contrato de colaboración con el estudio de Mickey Mouse, una vez ruedé los cinco largometrajes que prometió tras el éxito de Toy Story. Pixar tiene identidad propia y -si no lo creen- vean el corto Knick Knack, que se proyecta antes de Nemo, ese pececillo atormentado por un padre sobreprotector. Mas si Pixar va en solitario, el cine infantil tendrá sorpresas. |
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