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Un siglo entre bendiciones

El viernes 31 de enero cumplió un siglo de existencia don Pedro Méndez, residente de la histórica ciudad de Chalchuapa, departamento de Santa Ana.

José Osmín Monge
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com

En la ya obsoleta cédula de identidad personal de don Pedro Méndez se puede leer con claridad la supuesta fecha de su nacimiento: seis de febrero de 1903. Sin embargo, él asegura que su llegada a este mundo ocurrió el último día de enero de ese año.

No importa cuál es la verdadera fecha del natalicio, lo importante es que este salvadoreño ya cumplió cien años de existencia y que aún guarda en su ser el deseo de seguir adelante. Un hecho poco usual en estos días.

La larga vida de don Pedro ha estado plagada de felicidad, de alegría y de bendiciones, pero también de tristezas y sinsabores. Pero todas las vicisitudes que otrora agobiaron a este chalchuapaneco han quedado en el olvido; ahora vive su senectud en un ambiente lleno de tranquilidad y de armonía, recibiendo las atenciones de algunos de sus descendientes.

Viviendo en los recuerdos

Aunque el señor Méndez ya cumplió un siglo de vida, su cuerpo y su rostro aún siguen denotando su serenidad y su vitalidad. Y es que don Pedro es un hombre lleno de energía, de hablar ameno, de mente lúcida y que tiene la capacidad de recordar muchos de los pasajes de su prolongada vida.

Con facilidad recuerda los momentos vividos en su niñez, entre ellos cuando vio por primera vez los dos primeros automóviles que recorrieron las calles de Chalchuapa, pueblo que lo acogió desde sus primeros años de vida.

“Me acuerdo que las calles de aquel entonces eran empedradas. La gente quedaba admirada al ver los carros. Nunca antes se había visto algo igual. También recuerdo las guerras”, expresa don Pedro con una tímida sonrisa.

En la centenaria mente de don Pedro también se entretejen los recuerdos de su juventud, así como también los momentos más felices de su vida, entre los que sobresalen el día que decidió unir su vida a la de doña María Luisa Tobar (quien ya murió) y cuando recibió en sus brazos a cada uno de sus hijos.

Un buen padre


Sin lugar a dudas, dos de las cualidades que han marcado la vida de don Pedro han sido su tolerancia y su tranquilidad. Estas virtudes las ha manifestado a lo largo de su existencia, sobre todo al desempeñar el papel de padre y esposo. Sus hijos dan testimonio de ello.

“A mi papá nunca lo vi enojado. Cuando llegaba a la casa después de trabajar nos abrazaba. Jamás nos castigó”, expresa doña Cándida Rosa Méndez, la hija mayor del señor Méndez.

Por su parte, doña Cristina Méndez, otra de las hijas, manifiesta que don Pedro ha sido un padre ejemplar, que trabajó mucho para sacar adelante a la familia.

“Siempre estuvo al lado de mi madre. Ellos estuvieron juntos hasta que la muerte los separó. Éramos una familia ejemplar”, comenta doña Cristina, quien reside en los Estados Unidos.

Don Pedro atribuye su longevidad al ritmo de vida que ha llevado, alejado del desvelo y de los vicios.
Al parecer la vitalidad de don Pedro va para largo. A sus cien años él se siente optimista y con muchos deseos de seguir viviendo. En la actualidad dos de sus mayores deseos son casarse una vez más y seguir viviendo con las bendiciones de sus amigos y su de prole.

Cumpleaños feliz
Aunque el cumpleaños de don Pedro fue el 31 de enero, su familia se lo celebró el sábado uno de febrero.
Ese día, el hogar de la familia Méndez se convirtió en un templo donde se realizó un emotivo acto religioso y una alegre fiesta. En ambas actividades afloraron los recuerdos y se dejaron escuchar muchas bendiciones.
A la celebración se hicieron presentes la mayoría de descendientes de don Pedro. Hijos, nietos, biznietos y hasta tataranietos acompañaron al anciano en su cumpleaños número cien.
Fueron ellos que a una sola voz entonaron alabanzas a Dios, como muestras de agradecimiento.



 

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