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Una familia de muchas esperanzas

“Los pobres son el signo de la presencia de Dios entre nosotros, ya que en cada uno de ellos es Cristo quien se hace presente. Por eso, Él no nos preguntará cuántas cosas hicimos, sino cuánto amor pusimos en ellas”. (Madre Teresa de Calcuta)

José Osmín Monge
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com

Foto EDH / Maritza Santos

Centenares de casas de adobes, viejos portales y muchas calles empedradas posee el pueblo de San Ildefonso, San Vicente.

Una de las calles conduce al barrio San Antonio, donde reside la familia Rivas Rosa, conformada por don Ramón, de 82 años; doña Isabel, de 74, y José Manuel, de 34 años.

A diferencia de muchos hogares, éste se halla sumergido en un mar de necesidades, y día a día debe afrontar a la miseria y a las diferentes enfermedades.

Su morada no es más que un oscuro y pequeño cuarto hecho de bajareque; en él no hay más que tres rústicos asientos de madera, dos hamacas, algunos cachivaches y muchas esperanzas.

La madre

Doña Isabel es de piel morena y baja estatura, en cuyo rostro poblado de arrugas sobresalen sus ojos tristes y enfermos. Esos ojos que otrora brillaron y fueron de color café, ahora lucen opacados y amenazados por unas manchas blancas. “Los ojos me arden y a veces veo bastante borroso. También sufro de fuertes dolores de piernas, pues tengo artritis”, expresa doña Isabel, con su suave y entrecortada voz.

Pero ese no es el único problema de salud de la anciana; también le agobia una hernia inguinal. A un costado de su abdomen sobresale la protuberancia que le produce grandes malestares.

En la búsqueda de solución al problema de la hernia, hace algunos meses acudió a la clínica de salud de la población, donde fue examinada y remitida a un hospital público; sin embargo, el miedo a dejar solos a su hijo y a su compañero de vida le ha impedido continuar con el tratamiento.

El padre

Don Ramón es la cabeza de la familia. Este hombre de cabello cano y de piel tostada por el sol ha recibido un sinnúmero de reveses a lo largo de su vida. Algunos de esos golpes le han dañado el cuerpo y otros hasta el alma.

Uno de los golpes físicos lo recibió hace un par de años. Un día mientras trabajaba cayó contra unas piedras, golpeándose e hiriéndose de gravedad la cabeza. “Después de esa caída quedé padeciendo de desmayos. De repente miraba todo oscuro y caía al suelo”, manifiesta el señor Rivas.

A pesar de su senilidad, don Moncho se preocupa por aportar un poco de dinero a su familia. Sufriendo dolores en las piernas, mirando con su único ojo (pues uno lo perdió en un accidente) y sintiendo los síntomas de su debilidad, él va al campo a cortar la maleza.

“Estoy muy enfermo, pero tengo que trabajar para darle de comer a mi familia”, expresa don Moncho.

El hijo

Todo el esfuerzo del señor Rivas y doña Isabel está orientado al bienestar de su hijo José Manuel, quien desde los dos años de edad sufre de parálisis cerebral.

Aunque Manuel tiene el cuerpo de un hombre, su mentalidad y su alma son de niño. Él no habla ni camina; sin embargo, su amor hacia sus padres y su entendimiento los pone de manifiesto en pequeños detalles. Sonrisas, tiernas miradas, ademanes y caricias son ejemplos de ellos.

La mayor parte del tiempo permanece en una hamaca o sentado afuera de su casa, viendo pasar a la gente del pueblo y recibiendo las muestras de amor de sus padres.

Hace más de tres décadas que está familia vive en unidad sobrellevando las penas y aceptando los designios de Dios. Ellos viven alimentados de esperanzas y recibiendo día a día la ayuda de personas generosas y de buen corazón.

¿Desea ayudarles?
Aunque la familia Rivera Rosa tiene muchas necesidades, en su hogar nunca hacen falta las esperanzas y el amor de Dios. Ese amor divino se manifiesta en la ayuda que brindan vecinos y personas bondadosas, entre ellas doña Guadalupe de Anaya, quien a menudo proporciona alimentación y ayuda a los ancianos y al joven.
“Doña Lupita es una madre para nosotros. No sé qué haríamos sin ella”, manifiesta doña Isabel.
Si usted desea ayuda a José Manuel, a don Moncho y a su esposa, ya sea con víveres o dinero comuníquese al teléfono 231-7772.


 

 

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