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Fin de sublevación militar en Filipinas

Cerca de 300 soldados filipinos amotinados se rindieron ayer y volvieron a sus barracas sin disparar un sólo tiro.

MANILA, FILIPINAS
AP.--
Internacionales
internacional@elsalvador.com 
Cerca de 300 soldados filipinos amotinados se rindieron ayer y volvieron a sus barracas sin disparar un sólo tiro. Foto: REUTERS

Las autoridades detonaron los explosivos colocados por los rebeldes en el centro comercial y residencial en el que se habían atrincherado en el distrito financiero Makati, mientras la presidenta Gloria Macapagal Arroyo anunció que los amotinados se rindieron pacíficamente y serán sometidos a una investigación militar.

Los cabecillas de la revuelta “enfrentarán las consecuencias de lo que han hecho”, agregó la mandataria.

“La crisis en Makati ha terminado”, dijo Arroyo, visiblemente aliviada y sonriente durante un discurso televisado a nivel nacional.

Arroyo había fijado dos plazos para la solución de la crisis y había amenazado con atacar a los rebeldes, pero ambos se cumplieron sin incidentes mientras continuaban las negociaciones.

“Es un triunfo para la democracia, dijo Arroyo. Agregó que 296 soldados, incluidos 70 oficiales “se retiran y vuelven a sus barracas”.

Horas antes, Arroyo había declarado un “estado de rebelión”, lo que da a las autoridades poderes de emergencia para realizar arrestos sin órdenes previas. Demandó que los oficiales y soldados amotinados se entregaran antes de un plazo fijado para la noche del sábado.

Las quejas


“Sus acciones rayan en el terrorismo descarado”, dijo Arroyo a los soldados desertores en un discurso televisado a nivel nacional. “Ustedes ya han manchado el uniforme. No lo impregnen con deshonra”.

Los amotinados habían dicho que mantendrían sus demandas pero que estaban dispuestos a discutir sus quejas, entre ellas las de corrupción y favoritismo. En el pasado, soldados y oficiales se habían quejado de bajos e inequitativos salarios.

“Aún no sabemos qué pasará, pero por ahora, los oficiales han solicitado un foro abierto para ventilar los problemas'', había dicho el teniente de la marina Grade Antonio Trillanes, que estaba entre los soldados rebelados en el complejo Glorietta en el corazón del distrito financiero de Manila. “No estamos tratando de tomar el poder. Sólo estamos tratando de expresar nuestras quejas”, dijo a los reporteros.

A diferencia de las revueltas por el “poder popular” que derrocaron pacíficamente a dos presidentes, hubo poco apoyo público para el motín. El jefe del estado mayor militar declaró lealtad a la presidenta filipina.

País de las islas

Filipinas, país insular en el sudeste de Asia, tiene unos ochenta millones de habitantes, y un territorio de 300.000 kilómetros cuadrados distribuidos en 7.017 islas, de las cuales solamente unas 860 están habitadas. Sin embargo, la mayoría de los filipinos vive en sólo once islas.

En los últimos 15 años, dos jefes de Estado filipinos fueron derrocados por el pueblo. La actual presidenta del país, Gloria Macapagal Arroyo, llegó al poder en 2001, luego de que el entonces mandatario Joseph Estrada, envuelto en un escándalo de corrupción, fuera derrocado por un movimiento popular apoyado por los militares.

En ese momento, Arroyo ocupaba la vicepresidencia.

El anterior jefe de Estado, el dictador Ferdinand Marcos, también fue depuesto en un levantamiento popular incruento en 1986, luego de regir el destino de los filipinos por dos décadas. Marcos murió en el Estado norteamericano de Hawaii en 1989.

En el sur de Filipinas, sobre todo en la isla de Mindanao, varios grupos islamistas, entre ellos la organización terrorista Abu Sayyaf, que según Estados Unidos mantiene vínculos con Al Qaida de Osama Bin Laden, pelean por la instauración de un estado musulmán.

Respaldo internacional

Varios países, liderados por Estados Unidos, expresaron su total apoyo a la presidenta de Filipinas, Gloria Macapagal Arroyo.

“Nadie debe tener dudas acerca de nuestro total apoyo al gobierno filipino de la presidenta Arroyo”, comentó el embajador estadounidense en Manila, Francis Ricciardone. “Saludamos su determinación para resolver la situación de forma pacífica y con paciencia”, añadió.

Ricciardone criticó a los soldados y oficiales que se atrincheraron en el centro comercial Glorietta y dijo que dieron al país la peor publicidad posible.

También condenó el motín el embajador de Malaisia, Mohammed Taufik. “Esto no es bueno para Filipinas. Apoyamos al gobierno. Apoyamos a la presidenta Arroyo”, manifestó.

La embajada británica manifestó su esperanza de que la situación se resuelva y pidió a sus ciudadanos estar alerta y llamar a la legación "si tienen alguna preocupación".

Australia, cuya embajadora en Manila, Ruth Pearce, estaba entre los rehenes retenidos en un primer momento en un hotel del área tomada, también rechazó el motín y expresó que secunda a Arroyo.

“Esto se produce en un momento muy difícil, cuando Filipinas está en el primer plano de la guerra contra el terrorismo”, dijo el ministro del Exterior australiano, Alexander Downer, que se encontraba en Singapur de visita cuando los amotinados tomaron el centro comercial.

Arroyo, que llegó al poder por una rebelión popular apoyada por los militares en enero de 2001, es uno de los aliados más estrechos de Estados Unidos en Asia en su campaña contra el terrorismo y la guerra en Iraq.

 

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