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Tomando la palabra
El comunismo reinventado

Julia Regina de Cardenal*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

El comunismo es un sistema totalitario, antidemocrático, que no respeta los derechos más importantes de los seres humanos: la vida, la libertad, la libre expresión.

Marvin Galeas, en su artículo del jueves 3 de julio, “La píldora dorada”, hace un análisis muy bueno sobre el neo-marxismo, hacia el que nos acercamos a pasos agigantados si no abrimos pronto los ojos y hacemos algo para detenerlo: “Por largos años, la izquierda quedó huérfana de ideología.

Desorientada. Pero hay que reconocerlo, tuvo la capacidad de REINVENTARSE. Florecieron, entonces, los movimientos feministas, los ecologistas, los defensores de los indígenas y toda la parafernalia de lo que hoy se conoce como la ‘SOCIEDAD CIVIL’. ¿Es que alguien puede creer que a Dagoberto Gutiérrez le interesa más la capa de ozono que la revolución proletaria? ¿O que las radicales feministas estén más interesadas en salvar a pobres mujeres de los puñetazos de un marido que en derrocar a la burguesía? El mundo cambió y la estrategia de lucha de la izquierda también. Lo que no ha cambiado son los objetivos de la izquierda...”.

El comunismo es un sistema totalitario, antidemocrático, que no respeta los derechos más importantes de los seres humanos: la vida, la libertad, la libre expresión, la dignidad, tener una familia, etc. Como actualmente no se puede proponer una revolución comunista debido al fracaso mundial que ésta tuvo, ahora se promueve una revolución cultural cuyo fin es el mismo.

En la reciente entrevista a Schafik, en “Generacción”, fuimos testigos de cómo éste perdió de manera total el control con dos sencillas preguntas que le hizo un joven del público y que, además, nunca contestó. “¿Es usted comunista? ¿Dentro del comunismo puede haber democracia?”. Le gritó, le dijo que no lo podía juzgar, prácticamente, lo tildó de ignorante, de vendido y propagandista. Comenzó a hacer pedazos a El Diario de Hoy y a hacer una serie de acusaciones incongruentes. El mismo que reclamó al muchacho por estarlo juzgando criticó a quien se le vino a la cabeza. El mismo que dice estar a favor de la libre expresión criticó con insultos a quienes han expresado su pensamiento opuesto al de él. Esto demuestra con claridad que los únicos derechos que valen son los de ellos.

En una reciente noticia de este matutino, Schafik habló de sus propuestas de reformas políticas: “Promover los derechos de las mujeres y de las niñas... y salud reproductiva”. Los servicios de “salud reproductiva” para mujeres y niñas son el uso de todo tipo de anticonceptivos, nocivos para su salud e incluyen el aborto. Para niñas tienen que ser “servicios confidenciales”, pues ellas tienen derecho a decidir sin que sus padres se entrometan en sus asuntos, según los que promueven esto. Las propuestas “pro derechos de la mujer” para “liberarla de la opresión en el matrimonio y la maternidad” son una estrategia no para ayudarla, sino más bien para destruirla. Si se destruye a la mujer, se destruye la familia; si se destruye la familia, se destruye la sociedad.

Muchas de las ONG feministas radicales, homo-lésbicas, de prostitutas, de izquierda, que se autodenominan “sociedad civil”, pero que en realidad sólo representan a una minoría, son financiadas por organismos internacionales, para presionar a nuestros legisladores para que ratifiquen leyes opuestas a nuestra identidad cultural, nuestra soberanía, la ley natural y nuestra Constitución.

En la actualidad, países centroamericanos son presionados por organismos internacionales que condicionan la ayuda a aceptar leyes que supuestamente ayudarán a las mujeres y a los niños, pero que en realidad son instrumentos para llevar a cabo un plan mundial de dominación. Varias naciones están en peligro de ratificar el Protocolo Facultativo del CEDAW (Convención para la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer), nuevos códigos de la niñez y la adolescencia, reformas a la salud y a la educación.

¿Quiénes manejan la ONU? Los países ricos interesados en mantener su supremacía sobre los pobres. Los que tienen las farmacéuticas más grandes que fabrican los anticonceptivos que nos venden (aun los prohibidos en sus países por los daños que causan a la salud de la mujer). Los que promueven el control de la natalidad en nuestros países, a pesar de que en algunos de ellos se les paga a las familias para que tengan más hijos debido a los problemas económicos que ha provocado la mentalidad antinatalista.

No es de extrañar, entonces, el artículo escrito por Andrés Oppenheimer: “Increíble, pero cierto: La Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, uno de los máximos logros jurídicos de la civilización moderna, se está convirtiendo rápidamente en un club de protección mutua de los regímenes más represivos del mundo. Parece una broma, pero el organismo defensor de los derechos humanos de la ONU está presidido por Libia, una dictadura que no ha permitido elecciones libres desde hace 34 años, y que practica la tortura, desapariciones forzosas y el asesinato de opositores políticos. Como si eso fuera poco, la comisión de 53 miembros, con sede en Ginebra, incluye a muchos de los peores violadores de derechos humanos en el mundo, como Argelia, Burundi, China, Cuba...”.

Nuestros legisladores tienen que informarse bien, revisar cada artículo, pedir un buen asesoramiento y no ratificar nada hasta estar totalmente seguros de no estar legalizando propuestas antiley natural, antifamilia, antivida, antimoral y antisoberanía. Nosotros, los ciudadanos, debemos tener discernimiento para escoger a gobernantes que no vendan nuestro país a intereses mezquinos y que en verdad luchen por el rescate de los valores morales y por los derechos fundamentales de todos los salvadoreños.
*Columnista de El Diario de Hoy.

 

 

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