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Tema para meditar
Un club muy exclusivo

María Teresa de Jovel*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Uno de los deberes esenciales de todo Estado es proteger y vigilar por el más preciado don de sus ciudadanos: la vida desde su inicio, en especial la vida del más indefenso de todos. ¡El debate no tiene razón de ser y no puede reabrirse!.

Cuando se presentan diferentes estadísticas de los países del mundo, nuestro querido El Salvador aparece, casi siempre, entre la mayoría de países que tienen índices negativos en temas de importancia económica, humana, social, educativa y cultural.
A raíz de un reportaje investigativo de El Diario de Hoy sobre el aborto, se abrió de nuevo el debate sobre este tema. En el informe publicado en ese reportaje salía el listado de los países que han aprobado la despenalización del aborto.

Esa lista nos muestra la existencia de un club al que sólo pertenecen dos países. ¡ES EL CLUB DE LOS QUE NO HAN DESPENALIZADO EL ABORTO! Sólo Chile y EL Salvador no permiten el aborto bajo ninguna circunstancia. Y en todo el concierto de naciones, únicamente El Salvador “reconoce como persona humana a todo ser humano desde el momento de la concepción”. Art. 1 de la Constitución.

Sin embargo, hay quienes consideran esta situación como una vergüenza para nuestro país. No pueden concebir que no estemos del lado de los países más “desarrollados”, como algunos europeos y Estados Unidos, a pesar de que es un tema tan importante y vital para la humanidad. Parecería que optar por la vida debe ser una vergüenza. Y estar con los que optan por el homicidio es ser “desarrollado”.

Quienes quisieran ver a nuestro país en la lista de los “desarrollados” –que aquí en El Salvador, gracias a Dios, no son la mayoría– deberían estudiar un poco e informarse de los últimos adelantos de la ciencia genética que, incluso, ha llegado a develar el genoma humano.
¿Dónde se ha centrado, entonces, y se ha reabierto en nuestro país el problema y su discusión? En la pregunta: ¿Cuándo comienza la vida? Esta pregunta puede ser contestada desde el punto de vista espiritual, filosófico, biológico o legal. La confusión se ha originado en la tendencia a confundir y entremezclar estas disciplinas.

Es precisamente una ciencia, la genética, la que con sus últimos hallazgos –los cuales por desgracia se utilizan para la manipulación genética– nos da la respuesta adecuada. Las verdades biológicas del crecimiento y desarrollo humanos, desde la etapa unicelular hasta la de la muerte, están más allá de toda controversia y discusión.

Desde el momento en que el espermatozoide fertiliza al óvulo, uniéndose los 23 cromosomas de cada uno, ya en esa célula está el ser humano completo, que será desde el momento de nacer hasta su muerte natural. Cuando ese proceso de fertilización se completa, un nuevo ser humano inicia su existencia. Es una célula extraordinaria, única e irrepetible, que ya desde ese momento es masculina o femenina.

Es única, porque nunca antes en la historia de la humanidad ha existido con exactitud ese ser humano. Y es irrepetible porque nunca más, en la historia de la humanidad, volverá a existir otro ser humano exactamente igual a ese. Esta célula, además, está ya completa, lo que significa que nada más se le agregará desde este momento hasta la muerte. Nada, salvo oxígeno y elementos nutritivos.

Esta criatura tiene una programación interna, y evoluciona mediante un proceso continuo, autocontrolado, de crecimiento, desarrollo y reemplazo de sus propias células moribundas. Este ser viviente depende de su madre sólo para abrigo y nutrición, pero en todos los demás aspectos es un ser totalmente nuevo, diferente, único, irrepetible e independiente.
No es un ser humano en potencia, sino un ser humano con un vasto potencial. Quizá se podría decir que el espermatozoide y el óvulo, antes de unirse, constituyen un ser humano en potencia. Pero una vez que la unión se ha completado, se transforma en un ser humano real, desde el instante de la concepción.

Esta nueva vida tiene derecho a protección desde ese momento hasta su muerte natural. Porque la muerte, como seres humanos, se nos puede presentar en cualquier momento a lo largo de la vida. Minutos después de la fertilización, o 95 años más tarde. Quitar la vida a nuestro libre albedrío constituye y constituirá siempre un homicidio.
Uno de los deberes esenciales de todo Estado es proteger y vigilar por el más preciado don de sus ciudadanos: la vida desde su inicio, en especial la vida del más indefenso de todos. ¡El debate no tiene razón de ser y no puede reabrirse!

*Columnista de El Diario de Hoy.

 

 

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