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Tema para meditar
Un club muy exclusivo
Uno
de los deberes esenciales de todo Estado es proteger y vigilar por
el más preciado don de sus ciudadanos: la vida desde su inicio,
en especial la vida del más indefenso de todos. ¡El
debate no tiene razón de ser y no puede reabrirse!.
Cuando se presentan diferentes estadísticas de los países
del mundo, nuestro querido El Salvador aparece, casi siempre, entre
la mayoría de países que tienen índices negativos
en temas de importancia económica, humana, social, educativa
y cultural.
A raíz de un reportaje investigativo de El Diario de Hoy
sobre el aborto, se abrió de nuevo el debate sobre este tema.
En el informe publicado en ese reportaje salía el listado
de los países que han aprobado la despenalización
del aborto.
Esa lista nos muestra la existencia de un club al que sólo
pertenecen dos países. ¡ES EL CLUB DE LOS QUE NO HAN
DESPENALIZADO EL ABORTO! Sólo Chile y EL Salvador no permiten
el aborto bajo ninguna circunstancia. Y en todo el concierto de
naciones, únicamente El Salvador reconoce como persona
humana a todo ser humano desde el momento de la concepción.
Art. 1 de la Constitución.
Sin embargo, hay quienes consideran esta situación como una
vergüenza para nuestro país. No pueden concebir que
no estemos del lado de los países más desarrollados,
como algunos europeos y Estados Unidos, a pesar de que es un tema
tan importante y vital para la humanidad. Parecería que optar
por la vida debe ser una vergüenza. Y estar con los que optan
por el homicidio es ser desarrollado.
Quienes quisieran ver a nuestro país en la lista de los desarrollados
que aquí en El Salvador, gracias a Dios, no son la
mayoría deberían estudiar un poco e informarse
de los últimos adelantos de la ciencia genética que,
incluso, ha llegado a develar el genoma humano.
¿Dónde se ha centrado, entonces, y se ha reabierto
en nuestro país el problema y su discusión? En la
pregunta: ¿Cuándo comienza la vida? Esta pregunta
puede ser contestada desde el punto de vista espiritual, filosófico,
biológico o legal. La confusión se ha originado en
la tendencia a confundir y entremezclar estas disciplinas.
Es precisamente una ciencia, la genética, la que con sus
últimos hallazgos los cuales por desgracia se utilizan
para la manipulación genética nos da la respuesta
adecuada. Las verdades biológicas del crecimiento y desarrollo
humanos, desde la etapa unicelular hasta la de la muerte, están
más allá de toda controversia y discusión.
Desde el momento en que el espermatozoide fertiliza al óvulo,
uniéndose los 23 cromosomas de cada uno, ya en esa célula
está el ser humano completo, que será desde el momento
de nacer hasta su muerte natural. Cuando ese proceso de fertilización
se completa, un nuevo ser humano inicia su existencia. Es una célula
extraordinaria, única e irrepetible, que ya desde ese momento
es masculina o femenina.
Es única, porque nunca antes en la historia de la humanidad
ha existido con exactitud ese ser humano. Y es irrepetible porque
nunca más, en la historia de la humanidad, volverá
a existir otro ser humano exactamente igual a ese. Esta célula,
además, está ya completa, lo que significa que nada
más se le agregará desde este momento hasta la muerte.
Nada, salvo oxígeno y elementos nutritivos.
Esta criatura tiene una programación interna, y evoluciona
mediante un proceso continuo, autocontrolado, de crecimiento, desarrollo
y reemplazo de sus propias células moribundas. Este ser viviente
depende de su madre sólo para abrigo y nutrición,
pero en todos los demás aspectos es un ser totalmente nuevo,
diferente, único, irrepetible e independiente.
No es un ser humano en potencia, sino un ser humano con un vasto
potencial. Quizá se podría decir que el espermatozoide
y el óvulo, antes de unirse, constituyen un ser humano en
potencia. Pero una vez que la unión se ha completado, se
transforma en un ser humano real, desde el instante de la concepción.
Esta nueva vida tiene derecho a protección desde ese momento
hasta su muerte natural. Porque la muerte, como seres humanos, se
nos puede presentar en cualquier momento a lo largo de la vida.
Minutos después de la fertilización, o 95 años
más tarde. Quitar la vida a nuestro libre albedrío
constituye y constituirá siempre un homicidio.
Uno de los deberes esenciales de todo Estado es proteger y vigilar
por el más preciado don de sus ciudadanos: la vida desde
su inicio, en especial la vida del más indefenso de todos.
¡El debate no tiene razón de ser y no puede reabrirse!
*Columnista de El Diario de Hoy.
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