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Sugerencia
Prevenir para no lamentar

Teresa Guevara de López*
El Diario de Hoy
editorial@elsalvador.com

Ha comenzado a operar en el país una pequeña empresa de reciclaje denominada AURORA, que, basada en experiencias chilenas, desarrolla un programa educativo de concientización ciudadana que presenta al reciclaje como la mejor alternativa para un país más limpio.

Dicen las estadísticas que entre dos procesos electorales en El Salvador, aproximadamente 400 mil jóvenes cumplen 18 años, lo que los capacita para ejercer el sufragio. Qué bueno sería que los partidos políticos y sus candidatos, actualmente “quedando bien” con la población, prometiendo cosas que ellos saben no se pueden cumplir, iniciaran una labor de formación de jóvenes, enseñándoles a trabajar de forma sistemática y organizada, en proyectos a favor de los necesitados, y dando una muestra (por aquello de que el ejemplo vale más que las palabras) de lo que será su futura forma de gobierno.

Preparar brigadas de jóvenes que, practicando la solidaridad y la responsabilidad social, enseñaran a las diferentes comunidades el manejo adecuado de la basura, para crear pequeñas empresas a partir del reciclaje de plásticos, papel, aluminio y tantos otros objetos que, pudiendo ser fuente de riqueza, se convierten en peligro mortal y amenaza.

Un elemento que distingue a las sociedades y personas con altos niveles de educación es su capacidad de prepararse para el futuro, para enfrentar lo que venga, contando siempre con lo imprevisto. La improvisación demuestra falta de cultura, pues es más fácil ir haciendo lo que pidan las circunstancias, poniendo parches y apagando fuegos, lo que genera enormes riesgos con fatales consecuencias. Y no prepararse para lo que llega todos los años —y con un poco de esfuerzo y gran dosis de disciplina podría evitarse y salvar vidas humanas y pérdidas económicas—, es una actitud temeraria e irresponsable.

En el país hay viviendas ubicadas en lomas y barrancos, a orillas de los ríos, consideradas como zonas de alto riesgo y cuyos moradores tiran la basura al río en forma sistemática: desechos orgánicos que en la estación seca se pudren y engusanan, atraen moscas, ratas y perros; plásticos de todo tipo que jamás se deshacen; restos de llantas, sillas, colchones, inodoros quebrados que cuando llueve son arrastrados por la correntada y se convierten en fuerza demoledora y temible que destroza bóvedas y hace subir el nivel de las aguas hasta poner en peligro las mismas viviendas que la generaron.

Situación que se repite en muchas colonias de niveles socioeconómicos más altos, con mejor calidad de vida, cuyas calles, luego de una fuerte tormenta, se inundan, entra el agua a las casas y daña vehículos, muebles y ropa, porque los tragantes estaban tapados por la basura que a veces barren uniformadas domésticas, por considerarlo como el más fácil canal de evacuación.

Posteriormente vienen la reacción indignada y unánime contra la alcaldía y el Comité de Emergencia y la búsqueda de culpables por no haber limpiado los tragantes ni tomado las precauciones necesarias para defender a la población del desastre, cuando de lo único que se podría culpar al Estado es de no haber cumplido con su labor de formar y educar, exigiendo a los ciudadanos el adecuado manejo de la basura, separando los desechos orgánicos del material reciclable. Porque es más fácil hacer el trabajo de 20, y limpiar cada año un gran número de tragantes, que la labor gigantesca de hacer trabajar a 20 haciéndoles modificar su conducta.

Ha comenzado a operar en el país una pequeña empresa de reciclaje denominada AURORA, que, basada en experiencias chilenas, desarrolla un programa educativo de concientización ciudadana que presenta al reciclaje como la mejor alternativa para un país más limpio. El problema de desperdicios sólidos que tiene El Salvador es gravísimo y estamos llegando a un punto cuyas consecuencias son todavía imposibles de calibrar: las fotografías de calles, parques, mercados, hospitales y predios baldíos convertidos en auténticos basureros producen asco y temor por las consecuencias que de allí se derivan.

Y para remediarlo, el gobierno necesita del decidido apoyo de la empresa privada, en especial de las empresas que producen platos y vasos plásticos y agua en bolsas. La salud de todos, en especial de los niños, está en juego, y ya es hora de que comencemos a prevenir, pues llevamos muchas generaciones de lamentar.

*Columnista de El Diario de Hoy.


 

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